República del Perú 2010

25 de junio, Lima 4 de julio, Pucará, Raqchi, Andahuaylillas, Cusco
26 de junio, Lima5 de julio, Cusco, Sacsayhuamán, Tambomachay
27 de junio, Trujillo, huacas Sol y Luna, Chan Chan, Huanchaco6 de julio, Pisac, Ollantaytambo, Urubamba
28 de junio, Huaca El Brujo, Chiclayo7 de julio, Machupicchu
29 de junio, tumbas del Señor de Sipán8 de julio, Machupicchu, Cusco
30 de junio, Arequipa9 de julio, Puerto Maldonado, Inkaterra
1 de julio, Chivay10 de julio, Inkaterra, lago Sandoval
2 de julio, Cruz del Cóndor, Puno11 de julio, Inkaterra, Lima
3 de julio, lago Titicaca, uros, isla Taquile12 de julio, Lima
Datos económicos

4 de julio, domingo

   Salimos a las siete y media de Puno en el autobús Turismo Mer, 'seguro y placentero', con destino a Cusco. El autobús cuenta con un estupendo guía que nos irá instruyendo durante las nueve horas y media que dura el viaje: seis horas de autobús y tres y media de visitas.
    A ciento seis kilómetros de Puno hacemos la primera parada en Pucará (3900 msnm), pueblo famoso por sus cerámicas y por su pequeño Museo Lítico, que contiene algunos monolitos preincaicos de la cultura tiahuanaco. ¿Y esas curiosas parejas de toritos de cerámica en el caballete de los tejados? ¿Por qué tienen los ojos como desorbitados? Espantan los males espíritus y traen felicidad al hogar. Los ojos saltones quieren representar lo locos que se ponían cuando, antiguamente, durante una fiesta de origen español, se les colocaba un picante en la nariz y se les soltaba. El escozor los enloquecía y los paisanos lo pasaban en grande.
Cholito con alpaca huacaya en La Raya
    Paramos diez minutos en La Raya (4335 msnm), el punto más alto del viaje. Aquí terminan los grandes espacios abiertos del altiplano y entramos en una zona más angosta de valles y montañas. A lo lejos vemos el nevado Chimboya, donde nacen dos ríos, uno que va al lago Titicaca y otro a Cusco y que se unirá el río Amazonas. Los tejados de las casas pasan del ichu o paja brava a la calamina (chapa plegada). En el altiplano, la bosta de las vacas es utilizada como combustible para cocinar. La economía está basada en la ganadería. A partir de La Raya predominan los eucaliptos, árbol introducido en 1860 que se ha adaptado muy bien a los suelos rocosos y ligeramente ácidos de los Andes.
    Cruzamos Kanchaco, célebre por sus sabrosos corderos al horno; que se lo pregunten a los perros que aguardan pacientemente en los márgenes de la carretera esperando las sobras que arrojan por las ventanas de las guaguas.
    A las doce y media paramos a comer en el restaurante de carretera Feliphon, un autoservicio con algunos platos peruanos e internacionales.
    En el pueblo de San Pedro nos detenemos para pasear una hora por las ruinas de Raqchi (3400 msnm), conocido también como el templo del dios Wiracocha, que fue la suprema deidad inka. Se construyó en 1400 y como los españoles no aceptaban otro dios que el suyo, lo destruyeron, aunque todavía quedan muchas paredes en pie. Para minimizar los efectos sísmicos, los incas construían las paredes de los templos hasta los tres metros de altura en piedra y más arriba en adobe; en los techos se empleaba el ichu o paja brava.
    Nos detenemos también en la plaza de Andahuaylillas (3122 msnm) para ojear la pequeña iglesia jesuita del apóstol San Pedro, de decoración muy recargada. El guía nos hace ver que la estrella de ocho puntas del techo es de origen musulmán, no judío (seis puntas). ¿Y por qué se construyó? Los colonos españoles de esta zona sacaban mucho dinero con la explotación de las minas, así que juntaron dinero para que los jesuitas construyeran esta iglesia. El noventa por ciento de ella está realizado por artistas indígenas de la escuela cusqueña. Los lugareños hacen turnos para guardar los tesoros de oro y plata que, se dice, encierra la iglesia.
    ¿Y esos dos árboles majestuosos de hojas rojas de la plaza?, ¿es el tulipán africano? No, es el pisonay, su flor es la flor nacional de Argentina.
    Llegamos a las cuatro y media a Cusco (3400 msnm), antigua capital del Imperio Inca. Ya nos espera una combi para trasladarnos al hotel Libertador Palacio del Inka, donde vivió Pizarro en el siglo XVI. Dejamos las maletas en la recepción y, sin perder tiempo, nos marchamos andando hasta el MAP o Museo de Arte Precolombino, que no cierra hasta las diez de la noche y es de lo mejorcito. Aquí se pueden ver piezas únicas de ceramios de una exquisita elaboración en las formas y en los dibujos. Algunas muestran una gran sensibilidad artística. Las piezas se muestran en vitrinas bien iluminadas y con explicaciones. Fantástico museo.
    El restaurante de la entrada al MAP es de postín, pero esta vez escogemos uno más sencillo: el Paititi de la Plaza de Armas, donde cenamos una pasable pasta con aromas asiáticos.

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