Los viajes de Mariano

Nueva Zelanda 2010

8 de noviembre, Auckland 24 de noviembre, Jackson Bay 3 de diciembre, Turoa, Tokaanu
9 de noviembre, Auckland 25 de noviembre, Glaciar Fox 4 de diciembre, Turangi, Taupo
17 de noviembre, Christchurch 26 de noviembre, Glaciar Franz Josef5 de diciembre, Rotorua, Reporoa
18 de noviembre, Christchurch 27 de noviembre, Kaikoura 6 de diciembre, Te Wairoa, Whakatane
19 de noviembre, Moeraki 28 de noviembre, Kaikoura 7 de diciembre, Kiwi360
20 de noviembre, Dunedin, Otago 29 de noviembre, Nelson 8 de diciembre, Thames, Auckland
21 de noviembre, Clinton, Te Anau 30 de noviembre, Abel Tasman, Havelock 9 de diciembre, Auckland
22 de noviembre, Milford Sound 1 de diciembre, Picton, Wellington 10 de diciembre, Auckland
23 de noviembre, Queenstown 2 de diciembre, Wellington, Bulls Datos económicos del viaje

8 de noviembre, lunes

    Cuando nos acercamos al mostrador de Quantas en Heathrow nos informan que aún es pronto para despachar las tarjetas de embarque pero que las podemos sacar en las máquinas de facturación automática. Lo intentamos, pero la máquina dice que no puede asignar asiento. Volvemos al mostrador y el asistente investiga. ¿Qué pasará? Al parecer, asociado a nuestro código de reserva figura un tal Juan Santamaría, y que si le conocemos. Pues no. Le desligan de nuestra reserva y ahora el mandria nos pregunta por nuestro visado para Australia. ¿Pero este chico es nuevo o qué? No se aclara, así que nos envía a otro mostrador aledaño donde por fin nos dan las tarjetas de embarque hasta Sydney, aunque las maletas las facturan hasta Auckland. ¡Vaya lío!
    Todo el aeropuerto está lleno de árabes en chancletas envueltos en una ridícula toallita blanca. Al cruzarme con ellos, bajo la mirada y hago esfuerzos para no reírme; talmente parece que salieran de la ducha. Si yo me paseo por el aeropuerto con esas pintas llaman al loquero, pero claro, como han sido inoculados con el virus musulmán, se permiten estas tonterías. Tengo curiosidad por saber a dónde van. Les sigo y... ¡claro!, su puerta de embarque indica Jeddah, la ciudad donde aseguran está enterrada Eva. Sí, la mujer de Adán, la misma. Ahora está claro: se dirigen a La Meca para dar siete vueltas alrededor de una piedra construida por Adán —la paz de Alá esté con él—. Si una persona dice que habla con un amigo imaginario, le llaman loco; si son millones, le llaman religión.
    El viaje se las trae: veintiocho horas desde Londres a Auckland, incluyendo las paradas en Singapur —una hora— y en Sydney —tres horas—. Sin embargo, no ha sido tan duro como imaginaba; me he visto El discurso del rey y El escritor, luego me distraigo con las comiditas del avión, estiramos las piernas en Singapur —hay sillones de masaje gratuitos que se agradecen— y después me he quedado traspuesto el resto del viaje hasta Sydney. Y lo más difícil ya ha pasado.
    Antes de llegar a Auckland rellenamos un impreso donde básicamente quieren saber si introducimos algún alimento, animal o cualquier cosa que ponga en peligro su biodiversidad. Lo mejor es decir la verdad ya que si te pillan con algo que no has declarado la multa es de 400 $NZ, o kiwis, como ellos llaman al dólar neozelandés. Yo, por si acaso, declaro que llevo una caña, carrete, cucharillas y peces artificiales. El control de bioseguridad se realiza justo antes de pasar por inmigración. Al ver que voy a pescar en su país me dan un folleto que lista los cuidados que debo tener con los útiles de pesca para no propagar enfermedades. Están muy preocupados con el dydymo, un alga indeseable que se encontró en 2004 en la parte baja del río Waiau, en la isla del sur, que amenaza con extenderse por el resto si no se toman medidas. Su introducción intencionada está penada con un máximo de cinco años en prisión.
    Atención a las botas de los senderistas: si no las ven limpias, te harán cepillarlas antes de pasar por inmigración.
    Cambiamos cuatrocientos euros para afrontar gastos menudos ya que casi todos los pagos los efectuaremos con tarjeta de crédito, que ofrece un cambio más ventajoso que el papel moneda.
    El traslado a nuestro alojamiento en Auckland lo resolvemos tomando el Super Shuttle, una buseta colectiva que nos deja en la puerta de The Quadrant Hotel & Suites, un apartotel muy céntrico.

Vista de Auckland desde The Quadrant Hotel & Suites

    Son las cinco y media de la tarde. Salimos a patear la ciudad y nos encontramos una ciudad muerta, sin apenas gente por la calle y con casi todas las tiendas cerradas. ¿La razón? En Nueva Zelanda, los comercios cierran a las cinco y a partir de esa hora sólo quedan abiertos algunos restaurantes.
    Cenamos en el restaurante chino Crystal Harbour: un dim sum —rebozado de vegetales, gambas y sepia—, un plato de ternera con brócoli y pollo al limón crujiente. De postre: un pastel de calabaza con leche de coco.
    Regresamos por el muelle donde se nota un poco más de animación. Allí, activistas de Greenpeace sostienen una pancarta en contra de Fonterra: Stop milking our planet! Según Greenpeace, Fonterra es el mayor emisor de gases de efecto invernadero de Nueva Zelanda.

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