Otros viajes

República de Mauricio 2008

30 de noviembre, Mahébourg, Blue Baie8 de diciembre, La Aventura del Azúcar
1 de diciembre, Isla de las Garcetas, Curepipe9 de diciembre, Pamplemousses
2 de diciembre, La Vanille, Flic en Flac 10 de diciembre, Trou d'Eau Douce
3 de diciembre, Flic en Flac 11 de diciembre, Trou d'Eau Douce
4 de diciembre, Chamarel, Valle de los Colores, Gris Gris12 de diciembre, Port Louis, Moka, Floréal
5 de diciembre, Casela Bird Park, Pereybére 13 de diciembre, Mahébourg, Blue Baie
6 de diciembre, Port Louis 14 de diciembre, Mahébourg
7 de diciembre, Maheswarnath, Aquarium, Mont ChoisyDatos económicos del viaje

8 de diciembre, lunes

    Nos levantamos tarde. Hoy vamos a visitar la antigua azucarera Beau Plan, cerrada en 1999 y reconvertida en el museo La Aventura del Azúcar, justo al lado del jardín botánico de Pamplemousses.
    El termómetro del coche marca treinta y dos grados a las once de la mañana. Este museo cuenta la historia de la introducción de la caña de azúcar en Mauricio y su proceso de fabricación a través de videos y otras instalaciones. Aproximadamente el sesenta por ciento del azúcar natural que se consume en el mundo viene de la caña de azúcar y el resto de la remolacha azucarera (sobre todo en Europa). Se aprende algunas cosas, como que el color blanco del azúcar refinado no es natural sino que se consigue oxidándolo con dióxido de azufre, S02. A ver que dicen los carteles: "Durante la Edad Media el azúcar era muy raro en Occidente mientras que los árabes ya lo fabricaban y lo empleaban en sus postres. En la corte veneciana, durante el siglo XVI, el azúcar era parte esencial de la pompa y se empleaba en adornos efímeros, por ejemplo, en julio de 1574, en el Palacio de las Dogues, para agasajar a Enrique III, el orfebre Sansovino talló en azúcar todos los elementos de una mesa: manteles, servilletas, platos, cuchillos, tenedores, pan..."
Pescados y mariscos del día en la playa de Grand Baie
    Al regresar a Perybere, nos detenemos en el puesto de pescado de la playa de Grand Baie y compramos dos langostas vivas de ochocientos gramos a veinticinco euros el kilo. Son tan baratas que se nos olvida regatear. Hervidas en infusión van a estar de chuparse los dedos. Fíjate en el colorido de los pescados, ¿no son alucinantes? Los santiaguiños también nos llaman, pero no tenemos experiencia en su preparación y no sé si seríamos capaces de romper semejante blindaje sin las herramientas adecuadas. Luego pasamos por el U-super, similar a cualquier hipermercado europeo, donde compramos algunas provisiones para nuestro apartamento, principalmente fruta.

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