Otros viajes

República de Mauricio 2008

30 de noviembre, Mahébourg, Blue Baie8 de diciembre, La Aventura del Azúcar
1 de diciembre, Isla de las Garcetas, Curepipe9 de diciembre, Pamplemousses
2 de diciembre, La Vanille, Flic en Flac 10 de diciembre, Trou d'Eau Douce
3 de diciembre, Flic en Flac 11 de diciembre, Trou d'Eau Douce
4 de diciembre, Chamarel, Valle de los Colores, Gris Gris12 de diciembre, Port Louis, Moka, Floréal
5 de diciembre, Casela Bird Park, Pereybére 13 de diciembre, Mahébourg, Blue Baie
6 de diciembre, Port Louis 14 de diciembre, Mahébourg
7 de diciembre, Maheswarnath, Aquarium, Mont ChoisyDatos económicos del viaje

13 de diciembre, sábado

    Otro magnífico día aunque en el cielo se observan unas pocas nubes aisladas de un blanco resplandeciente que cuando cubren el Sol, hasta se agradecen. Dejamos Trou d'Eau Douce y conducimos suavemente hacia nuestro destino final en Mahébourg. Los mauricianos al volante son bastante prudentes y pacientes, salvo los taxistas, y en general la conducción es muy relajada, de hecho, mi velocidad de crucero habitual, fuera de las autovías, suele ser de cincuenta kilómetros por hora, y no es debido a las condiciones del pavimento, que es bueno, sino a que las carreteras son estrechas, sin arcén, y como los obstáculos son frecuentes, mejor viajar despacio pero seguro.
   A las afueras de Trou d'Eau Douce hay un magnífico resort World Class Sanctuary bien custodiado: el Anahita, un exceso de lujo y exclusividad.
Lugareños pescando pececillos
Nos acercamos hasta su entrada para intentar visitarlo pero es en vano, solo permiten el paso a los propietarios o a quienes hayan concertado una cita interesándose por la compra o el alquiler de alguna casa. El hotel Four Seasons Golf se encuentra en el interior.
   Como no tenemos prisa y además casi no hay tráfico, nos detenemos en cuanto algo nos llama la atención. En un pequeño pueblo, conversamos con unos chavales que pescan sobre un murete. Ahora disfrutan de las vacaciones de verano y hasta el dos de enero no retoman las clases. El pueblo está muy arreglado y limpio y dispone de un paseo junto al mar con unos jardines muy aparentes.
    Buscando una destilería de esencias pasamos junto a un río de aguas cristalinas donde desde el puente distinguimos pececillos y una anguila escondiéndose entre la hojarasca del lecho.
    Seguimos avanzando sin prisas, extasiados por la belleza del paisaje, verde y lujurioso.
    A la entrada de otro pueblo nos topamos con un accidente reciente: un camión cargado de caña de azúcar ha volcado en el arcén y ha derribado un poste eléctrico y los cables cuelgan a poca distancia del asfalto. Para que pasemos, un operario levanta los cables con un palo improvisado.
    Al llegar a Mahébourg nos parece una ciudad en toda regla, con tiendas, gasolineras, el mercado, restaurantes, la estación de autobuses, el paseo marítimo, en fin, una señora ciudad. En el mercado nos aborda un pescador de langostas que quiere vendernos unos collares de coral. Para pescar las langostas introduce erizos troceados en jaulas que hace descender unos diez metros. Las jaulas se sumergen al atardecer y se retiran por la mañana. De collares de coral no queremos saber nada, mejor que lo dejen tranquilo y no le exploten tanto.
Puestos de lichis en Mahébourg
    Por fin, compramos un paquete de treinta vainas de vainilla al precio de doscientas cincuenta rupias (6,25 €); según el vendedor, la mejor manera de conservar la vainilla durante meses es introducir las vainas en un bote lleno de azúcar.
    Comemos un cocido de salchichas, elaboradas por el propio chef de Les Copains d'Abord.
    Después nos instalamos en el Aubergue Aquarella y de allí nos acercamos hasta el césped sombreado de Blue Baie a pasar la tarde. El lugar es fantástico porque hay abundante sombra y una zona protegida para el baño donde chapotean infinidad de chavales. Como todos los fines de semana, hay bastante gente, mayormente de origen indio con toda la familia a cuestas.
    Desde la playa del hotel Blue Lagoon se ven manchas oscuras que delatan el coral y encima, a medio metro de la orilla veo un pez cofre de buen tamaño, así que agarro las aletas y la máscara y me dispongo a disfrutar por última vez de los arrecifes coralinos. Los corales empiezan a diez metros de la orilla y mayormente son del tipo “asta de ciervo” y “setas superpuestas”. En el coral de "asta de ciervo" hay un pez territorial que amaga ataques, totalmente inofensivo pero es gracioso cuando miras al coral y ves decenas de ellos mirándote fijamente. En esta zona, los peces son más grandes que en otros sitios, seguramente porque la profundidad es algo mayor que en otros lugares donde me he sumergido. Se ven muchos salmonetes y peces, el más grande visto hasta ahora, de unos dos kilos. Consciente de que se trata de mi última visita a los corales, apuro el tiempo hasta que veo a lo lejos a mi mujer en la playa haciendo gestos que claramente indican que ¡ya está bien, me tienes abandonada!
    A los que os gusta el buceo superficial os gustará saber que es muy raro que un tiburón entre en la laguna, pero no imposible, de hecho se han producido varios avistamientos en Albion (tres tiburones) y Belle Mare (uno de metro y medio). Estáis avisados.
    Esta noche cae una fina lluvia en Mehébourg, igual que cuando llegamos. Cenamos en Les Copains d'Abord. Como siempre, los intentos de conseguir un pescado y una carne poco hechos han sido vanos.

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