Otros viajes

Martinica 2009

28 de noviembre, L’Anse à l’Âne7 de diciembre, Museo de la Banana, Sainte-Marie
29 de noviembre, L’Anse à l’Âne, Rivière Salèe8 de diciembre, Grand Rivière
30 de noviembre, Fort-de-France 9 de diciembre, Saint-Pierre
1 de diciembre, La Maison de la Canne 10 de diciembre, Saint-Pierre
2 de diciembre, Sainte-Anne, Les Salines 11 de diciembre, Habitation Anse-Latouche
3 de diciembre, Anse Michel 12 de diciembre, Jardín de Balata, Sainte-Anne
4 de diciembre, Le François 13 de diciembre, Sainte-Anne, Les Salines
5 de diciembre, Habitation Clément14 de diciembre, Les Salines, Lamentin
6 de diciembre, La Caravelle Datos económicos del viaje


12 de diciembre, sábado

    A las nueve decimos adiós a Le Carbet y salimos hacia el Jardín de Balata por la carretera del interior, pasando por Deux-Choux.
Carretera derrumbada por las lluvias
Cae una fina lluvia que lo empapa todo y refresca el ambiente. A pesar de la lluvia, no hay que preocuparse por la temperatura; nunca baja de los veintidós grados en diciembre, ni sube de veintiocho. En un punto de nuestro recorrido nos topamos con un tramo de carretera, bien señalizado, que se ha hundido. Seguramente la lluvia acumulada a lo largo de la estación húmeda (junio-noviembre) ha lavado el subsuelo y el pavimento ha cedido.
    Cuando llegamos ya encontramos varios grupos de lugareños y turistas visitando el jardín.
    Este jardín es obra de Jean-Philippe Thoze, horticultor y paisajista, quien redescubre una casa abandonada de su abuela. Tras cuatro años de duro trabajo, finalmente, inaugura el Jardín de Balata en 1986.
    Después de fotografiar a los colibríes que revolotean alrededor de la casa criolla de la entrada y retirar en taquilla un listado con todas las especies y su ubicación, comenzamos a explorar el jardín, que está lejos de alcanzar un orden estricto, es más la obra de un artista que la de un botánico, con delicadas pinceladas en forma de agrupaciones de la misma especie. La lluvia hace acto de presencia y nos resguardamos bajo uno de los refugios con techo de paja repartidos por el jardín. Mientras esperamos a que escampe, descubrimos en una charca decenas de sapos, grandes como puños, asomar entre los nenúfares y unas ranas diminutas en los bordes del estanque.
Rosa de porcelana en el jardín de balata
    El recorrido comienza con las muy venenosas cycas o falsa palmera; muchos animales mueren al ingerirlas ya que les resultan sabrosas. Sigue una colección de bromelias de Améríca Central y del Sur. No te pierdas el baniano o higuera estranguladora que ha asfixiado a un cocotero con sus raíces y ya apenas se le ve. El camino desciende hacia unos estanques donde crecen jacintos de agua, repollitos, flor de loto y papiros. Luego nos cruzamos con una mata de Dandrocalamus traída de la Guayana, el bambú más grande del mundo, espectacular por su grosor.
    En la salida, una pareja de novios, tan esbeltos, delgados y maquillados que muy bien podrían pasar por modelos, utilizan el jardín como fondo para su reportaje de boda.
    Y como ya hemos visto lo principal de la isla, hemos decidido pasar el resto de las vacaciones tomando el sol en la espléndida playa de Les Salines, así que cruzamos Fort de France en nuestro camino hacia el sur y en el Champion de Rivière Salée nos detenemos para aprovisionarnos con algunos caprichos inconfesables. En Sainte-Anne escogemos un hotel diferente, un apartamento del hotel Hameau de Beauregard. Las tumbonas de la piscina están en lamentable estado, no hay una decente. Nos acomodamos como podemos y pasamos unas horas leyendo en la piscina con la única compañía de otra pareja. Es temporada baja.
    Cenamos en el italiano Al Casanova, donde comprobamos la simpatía de Giani y su hermano. A la pasta que nos sirven, sólo le doy un aprobado. Al regresar al hotel, los focos del coche iluminan un manicou, como una rata gigante y alargada. Muchos mueren arrollados por los coches.

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