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Reino de Marruecos 2012

31 de marzo, Tánger9 de abril, Todra, Mequinez
1 de abril, Tánger10 de abril, Mequinez
2 de abril, Lixus, Larache, Moulay Bouselham11 de abril, Fez
3 de abril, Merdja Zerga, Oulja, Rabat12 de abril, Fez
4 de abril, Casablanca13 de abril, Chefchauen
5 de abril, Casablanca, Marrakech14 de abril, Ceuta
6 de abril, Marrakech15 de abril,
7 de abril, Marrakech, OuarzazateDatos económicos del viaje
8 de abril, Ourarzazate, Dadrés, Tinerhir

8 de abril, domingo

    Es una delicia desayunar en una de las pequeñas terrazas privadas de este intrincado alojamiento, bajo un cielo azul y con los gorriones escudriñando nuestra mesa desde el barandal. Luego nos reunimos con Jean-Pierre, el propietario del Dar Daïf, quien nos recomienda un recorrido por el Valle de las Rosas. Antes nos acercamos hasta al boulevard Mohammed para visitar la fortaleza de Ouarzazate, la llamada casba de Taourirt, restaurada en los noventa con materiales originales: barro y paja. Esta casba fue uno de los centros de poder de la familia El Glaoui durante la primera mitad del siglo XX.
Vista del Museo del Cine desde la casba Taourirt, en Ouarzazate
    Justo enfrente de la casba se encuentra el Museo del Cine. Y es que Ouarzazate está muy vinculada al séptimo arte; a cinco minutos del centro se sitúan los estudios de cine Atlas, los más grandes del mundo. Aquí se han rodado escenas de Lawrence de Arabia, La última tentación de Cristo de Martin Scorcesse, Edipo Rey de Pasolini, La momia, Babel, El reino de los cielos, Gladiator, Alejandro Magno, El cielo protector, Asterix, Obelix y Cleopatra o La pesca del salmón en Yemen. ¿Y qué tiene Marruecos que no tengan otros lugares? Sobre todo, dos cosas: un paisaje ideal para las películas de tema histórico, hazañas bélicas o de corte religioso y que sale barato; no se exige ningún porcentaje del presupuesto para la industria nacional, ni tasas de producción, ni cuotas de contratación de técnicos y la mano de obra de carpinteros, costureros, armeros, electricistas y peluqueros es barata; los extras salen a diez euros diarios. Y si es necesario, el ejército marroquí pone a disposición de los directores su infantería y caballería, tanto para trabajar como extras como para garantizar la seguridad del rodaje. Como ves, todo son facilidades.
    Continuamos hacia el este por una magnífica carretera que transcurre por un impactante paisaje desolado compuesto de piedras, terrones de tierra rojiza y unos pocos matojos que ramonean aislados grupos de dromedarios. Tras doblar una curva nos topamos con un inmenso palmeral encorsetado entre montañas. Es el palmeral de Skoura, creado en el siglo XII por Yacoub Almanzor. Además de palmeras datileras, también crecen granados, almendros e higueras. Siguiendo las recomendaciones de Jean-Pierre nos adentramos unos quince kilómetros en la garganta del Dadrés, justo hasta pasar un pequeño túnel. A partir de mayo se recogen unas rosas, muy pequeñas que son apreciadas para perfumes. No es fácil verlas, ya que son muy pequeñas y florecen abajo, cerca del río. Al regresar hacia la carretera general observamos en el fondo del valle tiendas de campaña y una partida de mochileros de caminata siguiendo el curso del río.

Mujeres bereberes lavando en el río

    Llegamos al atardecer a Tinerhir y nos alojamos en el riad Agraw, bien señalizado. El hotel es bastante cutre pero el empleado de recepción, Omar, no podía ser más simpático y hablador. En cuanto dejamos nuestras maletas en la habitación, salimos al patio con nuestro ipad para reservar el siguiente hotel y al requerirle que nos encienda el wifi nos liamos a hablar. Omar dice que los marroquíes se están occidentalizando en el sentido de que se están volviendo más materialistas, se está perdiendo generosidad, se olvidan de los demás y empiezan a pensar por sí mismos. Después de vivir varios meses en España cree que marroquíes y españoles no somos tan distintos, son las condiciones de vida las que marcan las diferencias.
   — ¿Y qué es lo que más te gusta de tu país?
   — Uf, la comida, sin duda. He leído en una revista francesa que nuestra gastronomía está considerada la tercera mejor del mundo. Me gusta, sobre todo, por lo variada que es. Y el sentimiento familiar tan arraigado que tenemos: aquí es inconcebible meter a los ancianos en una residencia, para que les limpien la cara con la misma esponga que les limpian el culo. Si tus padres lo dieron todo por ti de jóvenes, es de ley que no les abandones cuando no se puedan valer. A los europeos, sin embargo, no os tiembla el pulso a la hora de arrinconarlos en una residencia. Eso aquí no se comprende.
   — ¿Todos los marroquíes creéis en Alá?
   — La mayor parte sí, pero cada vez hay más que comen, fuman y beben a escondidas durante el Ramadán. Algunos hasta se toman vacaciones y salen del país porque no soportan el ayuno. ¿Ves?, una prueba de la poca libertad que hay en Marruecos es, por ejemplo, que no puedes ir en contra de la religión abiertamente, si te pones a comer en la calle durante el Ramadán, terminas en la cárcel. Comer públicamente durante el Ramadán se considera una ofensa contra los musulmanes, no una expresión de libertad. La gente no acepta que pienses diferente, aunque, por otra parte, es normal; en mi país la mitad de la población no sabe ni leer ni escribir y bastante trabajo tenemos con sobrevivir. La gente no está para pensar.
    La fiesta que más me gusta es la fiesta del cordero o del sacrificio: festejamos el amor que Abraham expresó por Dios al acceder a matar a su propio hijo en ofrenda a Dios. Después de rezar toda la familia junta en la mezquita vamos a casa y el padre de familia mata el cordero y lo comemos.
   — ¿Y la endogamia, os casáis entre primos como en otros países árabes?
   — Sí, sobre todo en los pueblos, pero cada vez menos. El matrimonio entre primos u otros familiares es mucho más bajo en Marruecos que en el resto del mundo árabe. Ya te digo, en las zonas rurales sigue siendo lo habitual.
    Cenamos en Chez Michéle, a las afueras de Tinerhir, un restaurante muy espacioso de dos pisos donde nos sentimos tratados como reyes, natural, ¡somos los únicos clientes en toda la noche! Tomamos un filete de carne, no tienen otra cosa.

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