Otros viajes

Reino de Marruecos 2012

31 de marzo, Tánger9 de abril, Todra, Mequinez
1 de abril, Tánger10 de abril, Mequinez
2 de abril, Lixus, Larache, Moulay Bouselham11 de abril, Fez
3 de abril, Merdja Zerga, Oulja, Rabat12 de abril, Fez
4 de abril, Casablanca13 de abril, Chefchauen
5 de abril, Casablanca, Marrakech14 de abril, Ceuta
6 de abril, Marrakech15 de abril,
7 de abril, Marrakech, OuarzazateDatos económicos del viaje
8 de abril, Ouarzazate, Dadrés, Tinerhir

4 de abril, miércoles

    Ha llovido fuerte esta noche. El patio del Riad Sidi Fatah está cubierto por un toldo y la lluvia suena sobre él como un incesante tamborileo. Cuando salimos del hotel sigue lloviendo. El firme de la autovía de Rabat a Casablanca es muy bueno. Cruzamos campos verdes de trigo y vemos muchos rebaños de vacas de leche. Pasamos Bouznika, dejando a la izquierda la fábrica de harinas TRIA. Antes de llegar a Casablanca cae una tromba de agua tremenda. Muchos vehículos conducen con las luces encendidas, todo un símbolo de preocupación por la seguridad. Los rebaños de ovejas siguen pastando al mismísimo borde de la autopista. Hay que prestar atención a los perros que las cuidan; en cualquier momento nos pueden dar un susto si cruzan la calzada.
    En las afueras de Casablanca entramos en un híper Marjane para abastecernos de agua. Al hacer fotos a algunas mercancías que me llaman la atención, como los enormes alcauciles, un empleado corre directo hacia mí para decirme que está prohibido hacer fotos dentro del híper.
    En Casablanca nos alojamos en el Hôtel Al Mamoun, muy céntrico aunque algo antiguo y sombrío. Al menos tiene aparcamiento —a la puerta del hotel, en la calle— e internet inalámbrico en el vestíbulo, imprescindible para reservar nuestro siguiente hotel en Marrakech.
    ¿Y qué es lo más interesante de Casablanca? Sin duda, sus edificios art decó, neomoriscos, neoclásicos, neobarrocos y la Gran Mezquita Hassan II, que veremos mañana. El amplio bulevar Mohammed V es peatonal y tampoco se libra de las obras para el nuevo tranvía. Media ciudad está afectada por las obras. Este bulevar comercial cuenta con unas fachadas impresionantes, de detalles exquisitos y sorprendentes: arcángeles, cestas de frutas, gavillas florales, cabezas de león... Luego pasamos frente al Cinema Rialto, los hoteles Lincoln, Volubilis, Transatlantique y Guynemer, y ya llegamos a la plaza Mohammed V donde se halla el Palacio de Justicia, el gran edificio de correos, el consulado de Francia y la wilaya (ayuntamiento). Terminamos el recorrido en la catedral del Sagrado Corazón, en el parque de la Liga Árabe.

Plaza Mohammed V con el Palacio de Justicia al fondo

    Para comer nos acercamos hasta La Taverne du Dauphin, un sitio muy recomendable para comer marisco —bueyes, centollos, langostinos— y pescado, aunque nadie lo diría al ver el aspecto de su puerta principal y las calles sin asfaltar.
    Después nos introducimos por las calles de la medina, que ya son ganas, porque es un laberinto de calles estrechas donde el GPS no funciona y además, están abarrotadas, casi no se puede ni andar. Casablanca tiene más de seis millones de habitantes, así que, imagínate, hay gente por todas partes. La terraza del café La Chope es un buen sitio para descansar mientras vemos pasar la marea de gente que transita por la peatonal Prince Moulay Abdallah. La heladería artesanal de enfrente oferta tres bolas por el precio de dos y no dan abasto a vender helados. Pero la atracción principal es un tipo vestido de militar que se da un aire al sargento Arensivia del cómic Historias de la puta mili. El fulano, con barba, un traje en perfecto estado de revista y botas relucientes, imparte su arenga a los transeúntes. Da la sensación que fuéramos sus reclutas y él, el sargento chusquero que nos reconviene por algún motivo. A pesar del aspecto cómico del señor, pocos son los que se ríen, seguramente porque sufre algún trastorno mental.
    Nos acercamos hasta el Rick's Café, una recreación del mítico restaurante-piano bar de la película Casablanca, propiedad desde 2004, de una americana enamorada de Marruecos. Detrás de la barra, el camarero no deja de agitar la coctelera preparando sofisticados brebajes de colores eléctricos. Nosotros pedimos dos sencillos jugos de naranja, que no estamos puestos en semejantes sofisticaciones. La decoración es distinguida y elegante, no se te ocurra venir a cenar en bermudas. El lugar realmente se parece al de la película, aunque yo diría que el espacio está aquí más comprimido y tiene más categoría. Ideal para una cena romántica.

Copyright © 2012 - MRB

La propiedad intelectual de los textos y de las fotos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.