Otros viajes

Reino de Marruecos 2012

31 de marzo, Tánger9 de abril, Todra, Mequinez
1 de abril, Tánger10 de abril, Mequinez
2 de abril, Lixus, Larache, Moulay Bouselham11 de abril, Fez
3 de abril, Merdja Zerga, oulja, Rabat12 de abril, Fez
4 de abril, Casablanca13 de abril, Chefchauen
5 de abril, Casablanca, Marrakech14 de abril, Ceuta
6 de abril, Marrakech15 de abril,
7 de abril, Marrakech, OuarzazateDatos económicos del viaje
8 de abril, Ouarzazate, Dadrés, Tinerhir

3 de abril, martes

    Hassán llega a nuestro hotel con media hora de retraso. Le llevamos hasta el embarcadero en nuestro coche y después le acompañamos hasta la caseta donde guarda sus aperos. Allí recoge el motor Parsun de la barca, se lo echa al hombro y le ayudamos con el bidón de gasolina y una bolsa con un par de prismáticos y ropa vieja que servirá para que nuestros traseros no se ensucien al sentarnos en la barca. Salimos del embarcadero, justo al lado del camping. Al pasar cerca de un edificio, dos personas le increpan malamente; el que va vestido de verde parece una autoridad. La conversación sube tanto de tono que he pensado que se iban a cascar. ¿Y qué se decían? Le echaban en cara que no había pagado el seguro de la barca y Hassan asegura que estaba a punto de caducar pero que aún lo tenía vigente. ¿No será que le tienen envidia? Hassan sale en algunos libros de viaje como el guía de referencia en esta laguna y claro, ya sabes cómo son en los pueblos; seguro que piensan que está millonario con esto de los pájaros y los turistas.
Hassán Dalil, guía en Merdja Zerga
    Hassan se defiende bien en español aunque intercala algunas palabras en francés. No para de hablar durante las dos horas del paseo, con energía y siempre con los ojos puestos en la laguna para anticiparnos las aves con una señal de su dedo. Lo primero que nos cuenta Hassan mientras vira la barca y enfila hacia el parque nacional Merdja Zerga es que moulay significa señor, lo mismo que sidi. El nombre del pueblo, Moulay Buselham, viene de un egipcio sufí llamado Abû Silham, literalmente, “Mi Señor de la túnica”, que se estableció en esta zona en el siglo X. En la orilla izquierda, sobre las dunas de arena, se halla el santuario Sidi Abd el-Jalil: "Antiguamente acudían aquí las mujeres que no podían tener hijos y rezaban al santo en un intento de forzar el milagro. Ahora todas prefieren acudir al médico".
    "En esta marisma se dan tres tipos de aves migratorias: las que vienen huyendo del frío europeo, las que escapan del tórrido verano africano y otras que, simplemente, van de paso". En la lejanía se divisan muchos flamencos rosas. Hassan asegura que vienen aquí solo para alimentarse; son muy sensibles a la actividad humana y los ruidos, así que para nidificar prefieren lugares más tranquilos y seguros como Fuente de Piedra, en Málaga, o La Camarga, en Francia. Hassan nos enseña también el fumarel común, la garcilla, gaviotas de pico fino, cormoranes, gaviotas sombrías, reidoras, chorlito gris, espátulas, charrán de pata negra, gaviota de Audouin. Ni rastro de la lechuza mora. Hassan está que echa humo con sus compatriotas: "No tienen el menor respeto hacia la naturaleza, la gente del pueblo arranca la vegetación ribereña y quema los juncos para aplanar el humedal y cultivar en la zona. Resultado: cada año vienen menos pájaros". Terminamos el paseo por la marisma a las diez y media y regresamos a La Maison des oiseaux para desayunar mientras cae una fina lluvia.
Cerámica en una tienda de Rabat
    El tiempo mejora con cada kilómetro que nos aproximamos a Rabat y cuando llegamos a la cooperativa de alfareros de oulja, a tres kilómetros de Salé, luce el sol y la temperatura ha subido a los veintiún grados. Alrededor de una plaza se concentran las tiendas de cerámica, aquí exponen sus productos y en la trasera los dan forma y los secan en el horno. Encontrarás piezas tradicionales y también vanguardistas, vasijas diminutas y recipientes de muchos litros, figurillas, etc. La mayor parte de los alfareros sobrepasa la cincuentena, es un oficio en retroceso, no atrae a la juventud que, en estos tiempos de teléfonos inteligentes, tabletas, e-Books e iPods ven esta ocupación como una reliquia del pasado.
    Nos acercamos a la medina de Rabat poco después del mediodía y no se ve un alma por la calle. Dejamos el coche en el bulevar el-Alou y caminamos con nuestras pequeñas maletas por la calle Sidi Fateh hasta el callejón Benasser Lakrari donde se encuentra el Riad Sidi Fatah. Le llaman riad, pero la guía francesa destytravel de Marruecos explica la diferencia entre un riad y un dar: "En ambos, las habitaciones se distribuyen alrededor de un espacio central al aire libre, solo que en el riad, este espacio es un jardín en toda regla, incluso con árboles como naranjos y en el dar suele ser un patio sin vegetación, aunque casi siempre con alguna fuente". Según esto, nuestro hotel no sería un riad sino un dar. En este hotel, el hueco central se mantiene cubierto, a nivel del tejado, por una lona blanca que evita que la lluvia entre y deteriore la cuidada decoración.
    Apenas han pasado treinta minutos desde que llegamos y las calles ya muestran una animación considerable. Para matar el hambre nos acercamos a una tienda donde no dan abasto despachando pastas. Nosotros también queremos; pónganos un par de cada clase. Todas saben muy parecido, como a mazapán.
    Cruzando los puestos de comida callejera de la zona sur de la medina se llega a la Ciudad Nueva. A la altura de la Cámara de Representantes, observamos una gran aglomeración de gente joven, parece una manifestación. Casi todos visten petos azules con un eslogan escrito en árabe. Preguntamos. Se trata de una concentración por el empleo juvenil y por mayores oportunidades para las mujeres ya que representan el sesenta por ciento de los estudiantes y, sin embargo, no se refleja en la realidad laboral. Rabat es la capital del país y raro es el día que no se produce alguna protesta: contra la precariedad laboral de la juventud, contra la corrupción, a favor de la liberación de los presos políticos, contra la enorme influencia de la familia real en la economía a través de sus conglomerados industriales, contra la "mano dura" de los antidisturbios, por más libertad, etc.

Terraza en Rabat

    Nos sentamos en la terraza de un café antiguo a tomar un jugo de aguacate y a ver pasar la gente. Del centro de Rabat no hay mucho que decir, Rabat es una ciudad moderna, limpia, de agradables edificios blancos y cuidados jardines, hombres en traje de ejecutivo y mujeres con tacón alto y mirada decidida recorren las calles raudos hacia los medios de transporte para volver pronto a casa. Madres con sus hijas con bolsas de compras bajo el brazo, estudiantes, jubilados que pelan la pava en los bancos del parque...
    Nos acercamos hasta la Kasbah de los oudayas. El origen de esta alcazaba es un pequeño fortín militar que se construyó para proteger la antigua ciudad romana Sala Colonia —ahora bajo la actual necrópolis de Chellah— y controlar la entrada al río Bou Regreg. El número de edificios alrededor del fortín fue aumentando hasta convertirse en ciudadela. Durante el protectorado francés (1912-1956) se reformó y rehabilitó. Ahora es un lugar residencial, muy tranquilo, refugio de familias musulmanas acomodadas procedentes de España. Vale la pena pasear por sus calles al atardecer; la vista sobre el río Bou Regreg y las playas es soberbia.
    Cenamos en el riad oudaya, en la medina. El menú es fijo. De entremeses: berenjena, coliflor, patatas y pimientos. Dos principales: una pastilla de pollo y dorada al horno. De postre: pastel de manzana y gratín de naranja. Uff.. demasiada comida. ¿Aprenderemos a decir "basta" algún día?

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