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Mallorca 2014

14 de agosto, Son Mengol20 de agosto, Son Mengol, Cala Ratjada
15 de agosto, Puerto Alcudia, Pollença 21 de agosto, Manacor, Palma
16 de agosto, Palma 22 de agosto, Ses Païsses, Sa Canova
17 de agosto, Cala Mitjana 23 de agosto, Son Mengol
18 de agosto, Es Trenc, Cala Figuera 24 de agosto, Algaida
19 de agosto, Artà, Valldemossa, Deià Datos económicos del viaje

23 de agosto, sábado

    Una vez más, el pronóstico del tiempo da lluvia para hoy. Falsa alarma. Mientras desayunamos el cielo ha cambiado de un azul despejado a nubes grises de la peor ralea y en pocos minutos hemos pasado a un cielo azul salteado de borreguitos blancos. Decidimos disfrutar de la piscina de Son Mengol y pasar el día rascándonos la barriguita, tumbados al sol, gozando del exquisito placer de no hacer nada. o casi nada. Sigo con el libro Por qué fracasan los países. Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza, de Acemoglu y Robinson. La conclusión del libro es de Perogrullo: cuanto más se preocupa un gobierno por hacer política en favor de los ciudadanos y no en beneficio de las élites, más próspero e igualitario es el país, con independencia de su situación geográfica, su cultura o sus riquezas naturales.
    Alterno la lectura del libro anterior con Viaje a la isla de Mallorca en el estío de 1845 del escritor Juan Cortada. El libro retrata una isla atrasada y llena de penalidades para el viajero. Los caminos eran infames y no quedaba otra opción que recorrerlos sobre los lomos de un burro. Así visitó Manacor, Artà, Alcudia, Pollença, Soller, Valldemossa, Deià: "¡Oh tú, lector que aciertas a leer este diario! Si te diere la tentación de visitar la isla piénsalo bien, porque será a costa de tus huesos y de tu estómago porque el camino no lo ahorra nadie, y a la vuelta de dos días le tiemblan a uno las carnes cuando recuerda que a la mañana siguiente ha de continuar el viaje. Abrid caminos, mallorquines, abrid posadas; vuestra isla será entonces visitada, porque en verdad lo merece; y no olvidéis que en Francia, en Suiza, en Italia y en Bélgica la mucha concurrencia de extranjeros es una verdadera riqueza. Vuestro hermoso país, vuestra sencillez y vuestro carácter amable atraen muy eficazmente pero vuestros caminos y vuestras posadas rechazan de un modo casi invencible".
    Es curioso que la palabra playa solo se mencione en el libro tres veces y siempre aparezca asociada a sentimientos de soledad y tristeza. Probablemente las playas eran poco apreciadas por los isleños. Sin embargo, se sabe, por escritos de la época, que en 1821, los baños de mar eran ya un fenómeno popular y masivo en el litoral mediterráneo español. Eso sí, con estricta segregación de sexos, como ahora en los países musulmanes.
    La afición por las playas del ser humano viene de antiguo, los antiguos griegos ya las utilizaban para sus fiestas —se han encontrado cientos de lámparas de aceite entre la arena de las playas griegas—. Los romanos también aprovechaban las zonas costeras como lugar de sanación, ejercicio y disfrute. Pero llegó el cristianismo y se acabó el goce, las playas se quedaron vacías; los curas las consideraban lugares pecaminosos que promovían la promiscuidad y la inmoralidad. Todavía en la Inglaterra del siglo XVI, disfrutar del mar era considerado inmoral y de clase baja; si se sorprendía a un estudiante bañándose en el mar, se le azotaba. En el siglo XVII, los médicos ingleses comenzaron a recomendar a las clases pudientes las estancias en los balnearios de montaña para "tomar las aguas". A mediados del XVIII se pusieron de moda, también por recomendación médica, los baños en agua de mar fría, porque además, decían, el aire marino era más puro y oxigenado que el de montaña. Así fue como el ocio a la orilla del mar, ya fuera agua fría o caliente, comenzó a ser bien visto y no solo atrajo a los enfermos, sino también a los sanos, que más vale prevenir que curar.
    Mientras estoy disfrutando de la lectura en la tumbona, ocurre algo inesperado: una rapaz ha caído del cielo a velocidad relámpago muy cerca de mí. Todo ha sucedido tan rápido que hasta dudo si realmente ha ocurrido. Mi mujer, a mi lado, ni se ha enterado. Intuyo que el objetivo del pájaro era atrapar alguna de las lagartijas que se solean en el muro de piedra situado a mi espalda. Creo que ha fallado.
    En la finca de al lado hay varios caballos, sus dueños suelen venir muy tarde para alimentarles, casi de noche. Igual tienen algún negocio de carruajes en Cala Ratjada. De cualquier forma, nos hemos entretenido alimentándolos un rato con las peladuras de la fruta y algún plátano algo pasado. De los tres, uno es claramente el líder, los otros se apartan en cuanto se acerca, así que, para evitar que el mandamás se lo coma todo, hemos repartido la comida entre ellos.
    No salimos de Son Mengol ni a cenar porque aquí se está como dios, ni un ruido. ¡Qué maravillosas noches las de Mallorca!

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