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Mallorca 2014

14 de agosto, Son Mengol 20 de agosto, Son Mengol, Cala Ratjada
15 de agosto, Port d'Alcudia, Pollença 21 de agosto, Manacor, Palma
16 de agosto, Palma 22 de agosto, Ses Païsses, Sa Canova
17 de agosto, Cala Mitjana 23 de agosto, Son Mengol
18 de agosto, Es Trenc, Cala Figuera 24 de agosto, Algaida
19 de agosto, Artà, Valldemossa, Deià Datos económicos del viaje

20 de agosto, sábado

    El día sale nublado, con mucho resol. Hemos decidido pasar el día en Son Mengol tomando el sol y aprovechar también la piscina.

Son Mengol, nuestro refugio en Mallorca durante diez días

    Al atardecer, cuando nuestros caseros alemanes regresan de trabajar, me acerco a su casa, justo al lado, para pedirles el cambio de sábanas, que hoy toca. De paso, les invitamos a una copa de Gewürztraminer, aunque enseguida comprobamos que, lo que realmente les gusta, es la cerveza. Se traen un par de latas de Mahou de su casa y nos sentamos a charlar. Al de medio minuto, ella abandona la mesa sin decir ni pío, supongo que porque la conversación se desarrolla en inglés y no lo domina. Pelillos a la mar. Nuestro casero casi nos cuenta su vida: en Alemania se dedicaban a la asistencia social de niños con problemas psicológicos, muchos con familias de progenitores alcohólicos o con historias de abusos sexuales. Toda su vida se han dedicado a ello y ha sido muy duro porque cuidaban de seis adolescentes en su propia casa y, evidentemente, es un trabajo que exige dedicación completa, no puedes bajar la persiana a las seis. En más de veinticinco años de trabajo, apenas disfrutaron dos veces de vacaciones. En una de ellas vinieron a Mallorca, hace ya veinte años, y les gustó tanto la isla que desde entonces no pensaban en otra cosa que en mudarse aquí. Aquel sueño, por fin, se ha convertido en realidad: han vendido la casa y los coches y ya llevan trece meses aquí. Les gusta Mallorca, no por el tiempo que hace durante el verano, sino por el que hace el resto del año. En realidad, ellos no son los propietarios de esta casa, están de alquiler. Dice que el gobierno español se ha sacado de la manga un impuesto para grabar a los extranjeros residentes, lo que ha motivado que más de tres mil se hayan dado de baja. De una cosa pasa a la otra y dice que no comprende la mentalidad de los alemanes durante la segunda guerra mundial; ha leído numerosos libros sobre el tema y sin embargo, aún se pregunta: ¿Cómo pudieron matar a tanta gente? También tiene dudas con el idioma: ¿Qué idioma debería aprender: mallorquín o castellano? Son tan diferentes. Confiesa que el mallorquín le parece más complicado, pero cree que debe aprenderlo.
Port d'Alcudia
    De los usos locales le parece extraño que, cuando se reune un grupo de amigos a beber algo, cada ronda la pague uno, a pesar de que pidan bebidas diferentes y, por tanto, siempre haya unos que pagan más que otros. O cuando se reunen amigos o familiares a cenar y cada uno paga el valor resultante de dividir el total entre el número de comensales, independientemente de que uno hay pedido lo más caro y otro lo más barato. Le asombra esta costumbre, reconoce que es mucho más "de amigos" que la típica usanza alemana de cuentas separadas, "Getrennt bitte!". Su mentalidad es tan diferente a la nuestra que, si un hombre insiste en invitar a algo a una alemana, ya sea un helado o un café, lo normal es que ella piense en intenciones aviesas. ¿Y el tema de la impuntualidad? No lo entiende: si alguien llega siempre tarde, ¿cómo vas a confiar en él para cosas realmente importantes? Además, es una falta de respeto con la persona que espera.
    Se queja de la burocracia, dice que cualquier trámite lleva mucho más tiempo que en Alemania. Como legalizar sus coches: tenían que traerlos desde Alemania, pagar el ferrry, pasar la ITV, el impuesto de matriculación, la traducción jurada de la factura y no sé cuántas cosas más. Al final, vieron que no merecía la pena y decidieron venderlos y comprar coches nuevos en Mallorca. Y menos mal, porque el transporte público es muy deficiente en la isla. Le asombra los precios de las viviendas, en muchos lugares de la isla, más caras que en Alemania y con una calidad de construccion sensiblemente inferior, pero sobre todo, lo que Mallorca gana por goleada es en calidad de vida; aquí la gente trabaja para vivir, no vive para trabajar. Los mallorquines suelen decir "poc a poc". En otras palabras, no sudes, que al final, el trabajo se hará.
    Por la noche salimos a cenar al restaurante Manolo de Cala Ratjada. Nos decepciona por completo: le pedimos un lenguado y nos sirve dos insulsos filetes congelados.

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