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Mallorca 2014

14 de agosto, Son Mengol20 de agosto, Son Mengol, Cala Ratjada
15 de agosto, Port d'Alcudia, Pollença 21 de agosto, Manacor, Palma
16 de agosto, Palma 22 de agosto, Ses Païsses, Sa Canova
17 de agosto, Cala Mitjana 23 de agosto, Son Mengol
18 de agosto, Es Trenc, Cala Figuera 24 de agosto, Algaida
19 de agosto, Artà, Valldemossa, Deià Datos económicos del viaje

19 de agosto, martes

    Nuestra intención es visitar Valldemossa y Deiá pero cuando cruzamos Artà y vemos cientos de alemanes desembarcando de los autobuses de línea, enseguida lo asociamos con el mercadillo semanal y nos detenemos para explorarlo. Enfrente del estudio y taller del escultor Miguel Sarasate se encuentra una de las tiendas de Agromart, una empresa fundada hace cuatro años por cuatro jóvenes agricultores de Porreres dedicada a la producción de frutas y verduras, y que venden directament del pagès al consumidor. Además de en Porreres, ya han abierto tiendas en Cala Millor, Sineu, Artà, Santanyi y Campos. Comprobamos también que los productos se venden a precios muy contenidos, sobre todo, si se trata de productos locales.
    El mercado de Àrta está abarrotado de gente, ¡qué éxito! Se divide en tres zonas bien diferenciadas: Sa Central es el mercado municipal cubierto, luego el artesanal, en los jardines de Na Batlessa y otro mercado más, el exterior.
    En el puesto del restaurante Sa Teulera asan un cochinillo con una pinta estupenda. Ahora recuerdo... siempre que pasamos hacia Cala Torta, hay un restaurante que desde por la mañana ya tienen un cochinillo dando vueltas en un espetón, a la vista. Éste es precisamente el restaurante Sa Teulera.
Elaboración de la torta de chimenea en el mercadillo de Artá
    Aunque acabo de desayunar, uno de los puestos que más me llaman es el de José Lozano, de Panaderías Lozano, de Palma. Está elaborando un dulce típico de Hungría que se vende con explicación: "En escritos de 1723 ya se mencionaba este dulce enrollado y hecho a la leña. El dulce era una especialidad de las tierras de Transilvania cuando todavía pertenecía a Hungría. Lo llaman Kürtöskalács, que traducido significa torta de chimenea, y se elaboraba sólo para bodas, bautizos y otras fiestas religiosas. Con el paso del tiempo se convirtió en un dulce muy popular que se vendía en las ferias y los mercados y, más tarde, en las ciudades". Modernamente se hace en horno eléctrico pero aquí tenemos a José Lozano que lo hace a la antigua, con brasas, y doy fe de que tiene un éxito tremendo, se lo quitan de las manos. No me extraña, huele que alimenta. Me quedo con las ganas de probarlo, pero tengo que vencer las tentaciones, ¡que son tantas!
    En el mercado municipal nos interesamos por los tomates secos, pero... quita, quita, ¡a veinticinco euros el kilo!
    Por aquí pasó el mes pasado la reina Sofía con su hija Elena, la ex del duque de Lugo, no la del duque em...Palma...do.
    Lo mejor de este mercadillo ha sido, para mí, el grupo musical Rumba Katxai, unos chavales que tocan rumbia, como ellos dicen, una fusión entre rumba y cumbia. Muy buenos.
    Seguimos nuestro camino hacia Valldemossa. Poco antes paramos para ver la tienda de vidrio de Lafiore. Según la encargada, su producto estrella es la aceitera mallorquina. Hay gente que la compra hasta como regalo de Navidades.
    Llegamos pasadas las tres y media a Valldemossa y nos cuesta encontrar un restaurante que mantenga la cocina abierta a estas horas. Uno de mis favoritos era Ses Espigues; su camarero nos contó que una vez el actor Michael Douglas vino a cenar y pidió muchos más platos de los que podía comer, simplemente para conocerlos, porque apenas los probó. Después de dar muchas vueltas, encontramos abierto Sa Mata. Preguntamos al camarero por la mejor pastelería de cocas y nos recomienda la coca de patata de Can Molinas, y para otro tipo de pasteles, como los de hojaldres o los cremadillos de cabello de ángel, Can Serda.
Jardín con estanque de una casona de Valldemossa
    Tenía la idea preconcebida de que Chopin había escogido Mallorca como un tranquilo refugio para componer, pero no fue así. Chopin llegó a la isla por motivos de salud; su médico le recomendó pasar el invierno en Mallorca y huir así de la maldita humedad de París que minaba su frágil salud —estaba enfermo de las vías respiratorias—. Chopin pasó aquí tres meses —entre noviembre de 1838 y febrero de 1839— con su amante George Sand. No, el polaco no era homosexual, George Sand era el seudónimo de Amandine Aurore Lucile Dupin, baronesa Dudevant, una escritora francesa divorciada —el código civil francés de 1804 fue el primero del mundo en incluir el divorcio— que se disfrazaba de hombre de vez en cuando para poder introducirse en ambientes que a las mujeres de su clase social le estaban vetados. Ella tenía treinta y cuatro años y él veintiocho. A Chopin sólo le quedaban diez años más de vida. Llegaron en noviembre e inmediatamente se quedaron asombrados de la bonanza del clima, sin embargo, la alegría les duró poco, a los pocos días comenzó uno de los peores inviernos que se recordaba, particularmente lluvioso, frio y ventoso. George Sand recogió sus impresiones sobre Mallorca en su libro Un invierno en Mallorca y si es cierto todo lo que dice su estancia fue un auténtico suplicio. De su vida en Mallorca no cuenta más que penurias. Fueron expulsados de Son Vent, la primera casa, porque con el mal tiempo, la salud de Chopin empeoró y se corrió la voz de que era un tísico, una enfermedad contagiosa, peor que la peste en aquella época. La presencia de la pareja fue un escándalo para los mallorquines de entonces, de costumbres e ideas más conservadoras que, sobre todo, las de Aurore, que fumaba puros, no asistía a misa, estaba divorciada —el divorcio aún tardaría en llegar a España casi un siglo—, vivía con un hombre sin estar casada y lo peor de todo: le gustaba pensar por sí misma. Una misteriosa pareja que abandonaba precipitadamente el país por motivos políticos les cedió su celda amueblada en la Cartuja de Valldemossa y allí se trasladaron.
    La descripción que hizo George Sand sobre los mallorquines en su libro no podía ser peor: "Casi todos los hombres tienen las piernas arqueadas... Nada importan a los mallorquines las novedades venidas de fuera sobre política o arte; el cerdo es el único asunto que les preocupa. Trescientos años de retraso separan Mallorca de la civilizada Francia" y, con despecho habló de "la isla de los simios, una población tan atrasada, tan fanática, tan tímida por no decir otra cosa. Y de tan insigne mala fe". Desconozco como terminó su relación esta pareja; lo cierto es que el músico no le dedicó ni una sola de sus obras. La adaptación al cine del libro Un invierno en Mallorca fue dirigida por Jaime Camino en 1969 y protagonizada por Lucía Bosé.

Hotel La Residence de Deià

    En Deià paseamos un rato por el pueblo y visitamos su coqueto cementerio, donde descansan célebres artistas como el escritor Robert Graves —muy conocido después de su Yo, Claudio—, el pintor surrealista Mati Klarwein —creador de infinidad de portadas de discos como el Abraxas de Santana o el Britches Brew de Miles Davis—, el pintor y arqueólogo William Waldren, el pintor paisajista Antonio Gelabert Massot, el músico Ollie Halsall y, el último famoso por el momento, su compadre Kevin Ayers.
    A última hora de la tarde nos acercamos con el coche hasta la pintoresca cala de Deià. Asombra el aparcamiento —de pago— tan grande para cala tan pequeña, pero en realidad mucha gente viene a comer al restaurante Ca's Patro March que tienen un pescado y marisco muy fresco: calamares de potera, gambas, mejillones, etc. La cala no vale mucho, sobre todo, porque es de piedras grandes, restos de posidonia en las orillas y peligro de desprendimientos de la pared trasera.

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