Los viajes de Mariano

Malasia 2013

24 de marzo, Kuala Lumpur 31 de marzo, Kota Bharu
25 de marzo, Kuala Lumpur1 de abril, islas Perhentian
26 de marzo, Kuala Lumpur2 de abril, islas Perhentian
27 de marzo, Batu, Cameron, Brinchang3 de abril, Kuala Terengganu
28 de marzo, Cameron4 de abril, Kuantan
29 de marzo, Kuala Kangsar, Penang5 de abril, Malaca
30 de marzo, Penang6 de abril, Malaca
Datos económicos del viaje
5 de abril, viernes

    A la salida de Kuantan nos sumergimos en un embotellamiento de casi una hora. ¿Qué pasará? Al final del atasco descubrimos el motivo: el incendio de un almacén con estructura de madera. Nada importante. Los bomberos ya lo tienen controlado. Cuando pasamos sólo queda humo y maderas carbonizadas.
Vista desde nuestro hotel en Kuantan
    Hoy nos esperan más de trescientos kilómetros hasta llegar a Malaca, así que será un día de transición, sin más puntos de interés que los que veamos desde nuestro coche. Lo más aparatoso son las banderas de los partidos políticos que llenan los márgenes de las carreteras. No te puedes imaginar cuántas hay, yo calculo que una cada dos metros. ¿Cuánto se habrán gastado en banderas? La mayor parte cuelgan de una vara clavada en el suelo, pero algunas se han desviado de la vertical y se inclinan apuntando a la carretera. No me extrañaría si alguna vara termina en el ojo de un conductor.
    En las laderas de los altozanos divisamos varios cementerios chinos. Siempre sobre pendiente, no en terreno plano, como para que gocen de buenas vistas. Y tienen sus razones: instalan las tumbas ahí para aprovechar el fengshui positivo. Según los seguidores del fengshui, la ubicación y orientación de las tumbas influye en la fortuna de los descendientes del difunto. Es que los chinos tienen supersticiones para todo, y muchas son realmente populares, como la del número ocho, número de la buena suerte, el del dinero. Y todo porque la pronunciación en chino de "ocho" y "prosperidad" son parecidas. Cuantos más "ochos" tenga el portal de tu casa, tú número de teléfono o la matrícula del coche, mayor potencial de atraer la fortuna. Lo contrario ocurre con el número de la mala suerte, el cuatro, que rima con "muerte". Se lo toman tan en serio que, a veces, sustituyen en los ascensores el "cuatro" por cualquier otra cosa, como, por ejemplo, un 3A. O pasan del tres al cinco. El Alfa Romeo 145 europeo se lanzó en Singapur con otro nombre. En Pekín no se emiten placas de matrícula que contengan el "cuatro". Clavar los palillos en vertical sobre un plato de arroz es lo peor de lo peor porque coincide con el ritual de un funeral, donde se ofrenda arroz a los muertos. ¿Sabes por qué los fideos son tan largos? Porque cortarlos disminuye la longevidad. Júa, júa, júa... pero... ¿de verdad se creen estas supersticiones? Depende. Muchos las siguen porque así ha sido y así tiene que ser, otros, por si acaso son ciertas y, lo que está muy claro es que poco a poco desaparecerán porque los adolescentes están jugando con las maquinitas, viven en un mundo más tecnológico y estas cosas les suenan a cuentos de un tiempo muy, muy antiguo.
Incendio en la autovía
    Musulmanes, indios y chinos son diferentes y cada grupo tiende a mantener sus tradiciones, religión y estilo de vida. En la escuela y el trabajo, los tres grupos se encuentran, sin embargo, pocos se casan con personas ajenas a su grupo étnico. También tienen puntos en común: lo más importante para todos es la familia, por encima de la religión o la patria. Ahí encuentran seguridad emocional y financiera. Todos profesan un inmenso respeto por los ancianos y los cuidan en casa hasta el final. Tan importante es la familia que, como en casi todos los países islámicos, se acepta la endogamia, es decir, los matrimonios entre primos, aunque hay que decir que en Malasia no es práctica muy común.
    A los musulmanes se les permite hasta cuatro esposas, siempre y cuando se lo puedan permitir económicamente, se las trate a todas por igual y cuenten con la aprobación de las anteriores esposas y de la corte islámica. Te equivocas si te imaginas un harem; las mujeres no suelen vivir bajo el mismo techo y apenas tienen contacto entre ellas. En realidad, es una manera de tapar los adulterios y a las madres solteras. De hecho, los hombres casados con varias mujeres suelen mantenerlo en secreto a sus amigos y colegas del trabajo y muy frecuentemente una segunda boda termina en el divorcio de la primera mujer. A los no musulmanes y las mujeres musulmanas no les está permitida la poligamia.
    Los malayos, chinos e indios tienen algo más en común: la enorme importancia que dan a evitar las situaciones que les ponga a ellos o a los demás en vergüenza. Por eso, es tabú criticar abiertamente a alguien, sobre todo, si es en público, o no cumplir una promesa. Para evitar que se te caiga la cara de vergüenza procuran siempre mantener la calma y ser corteses, discutir los errores en privado y hablar de los problemas, pero sin culpar a nadie. Su estilo de comunicación es sutil e indirecto, basado en silencios, expresiones faciales, tono de voz y lenguaje corporal. Rara vez dicen "no" porque eso lo ven como una confrontación, una ofensa. En vez de decir "no", te dirán "voy a tratar" o "voy a ver qué puedo hacer". A los occidentales, acostumbrados a ser más directos, todo esto nos confunde.
Conduciendo de Kuantan a Malaca
    El silencio es otro elemento importante en la comunicación entre malayos. Hacer una pausa antes de responder a una pregunta indica que se ha reflexionado antes de responder. Por eso, no entienden a los que responden inmediatamente; para ellos, es desconsiderado y grosero. Primero, pensar, después, responder. Los malayos pueden reírse en momentos que a nosotros nos parecen inapropiados. En realidad, utilizan la risa para ocultar su malestar. Procuran no mostrar ira en público, ya que eso crea situaciones incómodas. Con ellos, hay más posibilidades de obtener mejores resultados permaneciendo tranquilo y razonando sosegadamente.
    El uso de los nombres varía según las etnias. Tradicionalmente, los chinos usan tres nombres. Primero, el apellido y después dos nombres. Los malayos no tienen apellidos. Como buenos musulmanes, añaden el nombre de su padre al suyo propio con el término "bin" que significa "hijo de". Así "Rosli bin Suleiman", sería "Rosli, hijo de Suleiman". Las mujeres utilizan el término "binti", así, "Aysha bint Suleiman" significa "Aysha, la hija de Suleiman". Los indios tampoco emplean apellidos, colocan la inicial del nombre de su padre en frente de su propio nombre. La manera más formal de hacerlo sería: su nombre "s/o" ("son of" o "hijo de") más el nombre del padre. Las mujeres utilizan "d/o" para referirse a ellas mismas como la hija de su padre.
    Llegamos a Malaca, la ciudad más turística de Malasia, con mucho. Dejamos el coche en el parking del hotel Hatten. Aunque es de noche, salimos a dar una vuelta por los alrededores. Pasamos delante de un magnífico hotel repleto de árabes. Con sus sayones blancos, mostachos y barbas, ríen seguros de sí mismos. Nuestro hotel está muy bien situado, rodeado de centros comerciales como el Dataran Pahlawan, que no visitaremos. Volvemos pronto al hotel porque no hay demasiada vida por los alrededores. Los malayos son muy familiares y se recogen pronto en sus casas. Además estamos algo cansados de tanto conducir bajo ese sol cegador que te deja los ojos cansados a pesar de las gafas de sol. Cenamos de bufé en el hotel, muy variado y entretenido.
    Temperatura máxima y mínima de hoy: 32 y 25 ºC. Humedad del 82%.

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