Los viajes de Mariano

Malasia 2013

24 de marzo, Kuala Lumpur 31 de marzo, Kota Bharu
25 de marzo, Kuala Lumpur1 de abril, islas Perhentian
26 de marzo, Kuala Lumpur2 de abril, islas Perhentian
27 de marzo, Batu, Cameron, Brinchang3 de abril, Kuala Terengganu
28 de marzo, Cameron4 de abril, Kuantan
29 de marzo, Kuala Kangsar, Penang5 de abril, Malaca
30 de marzo, Penang6 de abril, Malaca
Datos económicos del viaje
3 de abril, miércoles

    Hasta las doce no sale nuestra lancha hacia Kuala Besut, así que tenemos toda la mañana para disfrutar de este hermoso paraíso tropical. Nos apalancamos en una de las tumbonas de la playa con un libro entre las manos. Qué difícil es concentrarse en la lectura cuando ante mí tengo este escenario de arena blanca, aguas transparentes, cielo azul y palmeras. Dejo el libro sobre la hamaca y avanzo por la arena de coral hacia la orilla del mar. Penetro despacio en el agua mirando bien donde piso, no quiero hacerme daño con los trozos de coral rotos o las piedras semiocultas entre la arena, o con un pez escorpión, como me ocurrió en Mauricio. Luego ensalivo el cristal de la máscara para que no se empañe y me deslizo suavemente hacia el coral, que se alcanza en dos brazadas. Este coral no es muy vistoso de colores, predomina el asta de ciervo, muy denso, y un pez territorial, oscuro, de unos veinte centímetros que cuando te acercas a sus aposentos amaga un ataque. Mucho más colorido es el pez Picasso, éste ataca de verdad y siempre en las piernas, en cuanto le das la espalda. Afortunadamente, los de aquí son pequeños y su mordedura no ocasiona más que una pequeña molestia. Cuando me aburro de flotar sobre el coral me dirijo hacia los pilares del embarcadero del jeti, allí cubre unos cinco metros y el fondo es arenoso, con algún coral tipo cerebro aislado pero, al menos, los peces son diferentes y me acompañan en la superficie, a pocos centímetros de mi cara, amarillos con rayas negras; también se ven ejemplares de pez flauta.
Playa de Perhentian Besar
    Pocos peligros acechan a los que se dedican exclusivamente a tumbarse en las hamacas, rascarse la barriga a la sombra de las palmeras y nadar entre los peces de coral. Sin embargo, para los aficionados al senderismo, los riesgos son mayores. Entre las ramas bajas de los árboles, a una altura entre la rodilla y la cabeza te puedes encontrar con la víbora de Wangler, muy numerosa en Perhentian Besar. Es difícil descubrirlas ya que se mimetizan con las hojas y suelen permanecer inmóviles durante días, esperando a que se acerque algún ratoncillo o lagartija. Si te muerde, busca rápidamente el antídoto ya que la picadura puede ser mortal. Un animal que nos impresiona mucho a los europeos es el inofensivo varano de agua; mucha gente los confunde con los temibles dragones de Komodo, con los que ciertamente están emparentados. Los varanos de Perhentian llegan a medir dos metros, así que si no estás avisado y se aparecen de repente, el susto es morrocotudo. Cuando te acercas demasiado se defienden utilizando la cola como un látigo. A veces se acercan a los hoteles atraídos por el olor de la basura o se lanzan a la piscina del hotel.
    El tiempo pasa y llega la hora de decir adiós a las Perhentian. A las doce embarcamos en una lancha del hotel y regresamos a la península. Recogemos nuestro coche del aparcamiento vigilado y seguimos viaje hacia Kuala Terengganu.
Propaganda electoral en las carreteras de todo el país.
    Todas las carreteras del país están llenas de banderitas azules con el dibujo de una balanza. Al principio creíamos que anunciaban los típicos puestos de fruta o mercadillos en los márgenes de las carreteras. Ya nos hemos enterado. Son banderas de partidos políticos. Efectivamente, las elecciones se celebrarán el próximo cinco de mayo; hoy mismo se disuelve el Parlamento. La bandera azul con la balanza representa al Barisan Nasional, una coalición de partidos de amplísimo espectro que acabará ganando las elecciones. De hecho llevan en el poder desde que Malasia proclamó su independencia. Luchan por la libertad de culto, contra gais y lesbianas y quieren prohibir el uso de la palabra "Alá" entre los no musulmanes. El principal partido de la oposición es el Pakatan Rakyat o Pacto del Pueblo, que engloba a cuatro partidos más, entre ellos el de la bandera verde con el círculo blanco, el PAS o Partido Islámico, cuyo ideal es convertir a Malasia en un país verdaderamente islámico basado en el Corán, la Sunnah y los hadices. El Pakatan Rakyat está liderado por Anwar Ibrahim, hijo de un bedel de hospital, fue condenado a nueve años por sodomía con dos hombres y también por corrupción, aunque hubo serias sospechas de que todo fue un sofisticado montaje del Gobierno y la Policía para desacreditarle. La sodomía es un delito muy grave en Malasia, y según los líderes religiosos musulmanes, muy superior al asesinato. Se castiga con hasta veinte años de prisión y, a veces, incluye severa flagelación. En la práctica, rara vez se produce una sentencia de este tipo.
    Los varazos son comunes en las cárceles y se emplean fustas de ratán, de menor grosor para las mujeres. Cada año se cumplen alrededor de seis mil sentencias que incluyen varazos, la mayoría por incumplimientos de las leyes de inmigración. La última mujer condenada a seis azotes con una vara fue una modelo musulmana. ¿Su delito? Beber cerveza en la fiesta de un hotel. ¿Qué pasa, no puedo beber cerveza en Malasia? Si eres musulmán, no, ya que están sujetos a la Sharía. Si no lo eres, bebe lo que quieras. Al final, el sultán le cambió la pena por trabajos para la comunidad.
    Llegamos a las tres al Kompleks Muzium Negeri Terengganu. El calor a estas horas es sofocante, cuesta hasta andar. Recorremos el exterior del edificio sin encontrar el acceso al museo. Vemos lo que parece un pequeño restaurante y allí preguntamos por la entrada a un grupo de empleados que anda de charla; enseguida se levanta un señor y nos lleva hasta la entrada del museo en un trenecito eléctrico. Nuestra guía dice que es el mayor museo del sudeste asiático; la verdad es que resulta poco excitante, no hay pinturas ni esculturas, claro, sólo a Alá le está permitido el acto de crear.
Museo de Kuala Terengganu
    El mayor tesoro del museo es la estela de Terengganu, una piedra con inscripciones en idioma jawi que es el vestigio más antiguo de este idioma, data de 1303 y prueba que el islam ya era la religión del estado de Terengganu en esas fechas. En este museo aprendemos que la navegación en China estaba incomparablemente más avanzada que en Europa durante el siglo XIV. El chino musulmán y almirante Cheng Ho zarpando de Nanjing, realizó siete expediciones al océano Índico y al Pacífico mucho antes que Colón, Vasco de gama y Magallanes hubieran nacido. Cada expedición contaba con treinta mil hombres y alrededor de doscientos buques, algunos diez veces más grandes que las carabelas de Colón. Sin embargo, sus expediciones no tuvieron el impacto global de las españolas y portuguesas porque los chinos no tenían intención colonizadora, sino meramente comercial. Recorremos este inmenso museo casi solos, sólo vemos dos parejas más. El aire acondicionado del museo es una bendición.
    Nos alojamos en el Primula Beach Resort. Aunque es algo tarde nos acercamos hasta el centro de Terengganu donde, como era de esperar en una ciudad de fuertes valores islámicos, la vida nocturna es inexistente. Apenas se ve gente por la calle. El mercado central ya ha cerrado; todos los puestos muestran lonas que cubren las mercancías. Sólo quedan los guardas que se turnan por la noche para evitar robos. Los únicos puestos que siguen abiertos, de cara a la carretera, son los que venden durianes. Me encanta esta fruta, lástima que no se pueda ingresar en nuestro hotel; un cartel en el vestíbulo y otro en el ascensor explícitamente lo prohiben. Cuando está bien madura, su olor es peor que el del queso de cabrales. O mejor, según se mire.
    Nos acercamos andando hasta el barrio chino. Las calles están iluminadas con farolillos rojos y el paseo marítimo con árboles artificiales con luces de diferentes colores. Parece que celebrasen alguna festividad, sin embargo, sólo nosotros andamos por la calle. Ni un restaurante abierto. El islam contagia con su sobriedad hasta a los chinos. Quien no se mueve, no se da cuenta de sus cadenas.
    Cenamos en el jardín del hotel, con un cocinero para nosotros solos porque en el hotel se aloja muy poca gente. Pedimos unos calamares a la parrilla y un pescado que nos lo sirven envuelto en una salsa picante con un ligero regusto a fango. Repetimos ración de calamares. Los viernes y sábados no sirven alcohol, pero hoy es miércoles, así que: Una cervecita, por favor. Y para mi mujer, otra, que no somos musulmanes.

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