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Malasia 2013

24 de marzo, Kuala Lumpur 31 de marzo, Kota Bharu
25 de marzo, Kuala Lumpur1 de abril, islas Perhentian
26 de marzo, Kuala Lumpur2 de abril, islas Perhentian
27 de marzo, Batu, Cameron, Brinchang3 de abril, Kuala Terengganu
28 de marzo, Cameron4 de abril, Kuantan
29 de marzo, Kuala Kangsar, Penang5 de abril, Malaca
30 de marzo, Penang6 de abril, Malaca
Datos económicos del viaje

28 de marzo, jueves

    Mala experiencia en el desayuno del hotel Ye olde Smokehouse. Bajamos antes de las nueve a desayunar y nos marchamos a las diez y diez sin que el camarero haya sido capaz de servirnos los huevos con el tocino y las salchichas. El güifi del hotel sigue funcionando rematadamente mal; ayer el Tuna Bay de las islas Perhentian nos confirmó una cancelación, y hoy, ni tan siquiera a dos metros del emisor conseguimos una buena conexión, así que nos acercamos hasta Tana Ratah para realizar el pago de la reserva a través del internet del Starbucks.
    ¿Y qué hace ese chino en pijama por la calle, se ha escapado de algún asilo o es sonámbulo? Ni lo uno ni lo otro. A principios de los sesenta, las familias ricas empezaron a utilizar pijamas para dormir y como era un símbolo de distinción también se dejaban ver por las calles con ellos. Mientras, las clases más humildes dormían en ropa interior o desnudos hasta que se pudieron permitir los pijamas. Entonces, imitaron este comportamiento y ahora es común ver a hombres y mujeres chinos pasear tranquilamente en pijama mientras hacen la compra o pasean al perro. Esta conducta ya ha perdido su simbolismo elitista; ahora es una costumbre ante la que nadie se asombra. De todas formas, no me explico cómo está tan bien planchado... Si hubiera dormido con él estaría arrugado, ¿no?
    Mañana es Viernes Santo y festivo, pero hoy también debe serlo porque las carreteras están atestadas de coches; vamos en fila india a toda partes. ¿Por qué acude tanta gente a las montañas Cameron? Está muy claro: el clima. La altitud oscila entre los 1100 y los 1600 metros. Aquí hace fresco; la temperatura rara vez excede los veinticinco grados y por la noche puede caer hasta los diez. Delicioso clima para los habitantes de las tierras bajas, habituados a soportar temperaturas entre los 33 y 22 º C con elevada humedad.
    Bien, ya tenemos a los turistas aquí. ¿Cómo les entretenemos? Los puntos de interés son numerosos: visitas a plantaciones de té, jardines de rosas, especias, templos chinos, mariposarios, jardín de cactus, excursiones a cascadas o montañas —¡cuidado con las sanguijuelas!—, granjas de abejas, experiencias con los pueblos de las montañas...
Chavales recolectando fresas en una granja de cultivo hidropónico
pero la atracción más popular, con mucho, son las fresas. Para los malayos resulta una fruta exótica de enorme atractivo. Las introdujo un oficial británico nostálgico de su país durante la época colonial. Más tarde, en la década de 1950, Kasimani Palliah, un indio del sur, llegó a Malasia con una unidad británica y cuando los británicos se fueron, Kasimani se quedó, ganándose la vida como carpintero del hotel Merlín. Para ganar un dinero extra y alimentar las ocho bocas de su familia se le ocurrió cultivar fresas en una pequeña huerta. Su primera cosecha fue de tres kilos, que vendió con asombrosa facilidad en un puesto de la carretera. El negocio prosperó rápidamente y hoy su hijo dirige las plantaciones.
    Ahora mismo, lo que más dinero da a los cultivadores de fresas son los parques de fresas de cultivo hidropónico: te dan un cestillo y tú mismo recolectas las fresas que más te gustan; a la salida te las pesan, pagas y listo. El truco está en el precio: cincuenta ringgits el kilo, muy superior a las compradas en el mercado, pero ya se sabe, recoger las fresas encanta a la chavalería y los padres pagan con gusto para satisfacer los deseos de sus hijos. La plantación de Raaju es un buen ejemplo de parque de fresas; recibe hasta mil visitantes diarios. Junto a su esposa e hijos cultivan cuatro hectáreas de ladera en Kea Farm. Empezaron con dos mil plantas y ahora tienen alrededor de ochenta mil.
    En los últimos años el incremento de turistas en las montañas Cameron ha sido espectacular: de trescientos mil a novecientos mil al año; sobre todo, ha influido mucho la nueva carretera de Ipoh a Tanah Rata. Los atascos de tráfico en temporada alta son mayúsculos y se han convertido en el mayor problema de esta zona. Doy fe.
Peces gato
    Visitamos un jardín de rosas donde han aprovechado un reguero minúsculo de agua limpia para echar media docena de peces gato, uno de los ejemplares ya pesará más de cinco kilos; los pobres peces no tienen ni espacio vital para rebullirse. Supongo que alguien los alimentará porque el reguero poca comida parece que trae.
    Para los malayos, las montañas Cameron es un lugar lleno de misterios. Proliferan las historias de hombres comidos por tigres y espíritus que secuestran almas. Hay quien jura que ha visto fantasmas. Quizá todo tenga que ver con la extraña desaparición del americano Jim Thompson, un magnate de la industria textil tailandesa. En marzo de 1967, mientras disfrutaba de unos días de vacaciones en las Cameron, decidió darse un paseo por la selva. Jamás volvió. Se organizó la mayor búsqueda en la historia de Malasia; más de quinientas personas le buscaron durante once días: la policía, el ejército, rastreadores, turistas, residentes, médiums, misioneros, estudiantes, jubilados... Y nada. Que si se lo comió un tigre —botas incluidas—, que si fue secuestrado por la KGB —el tipo había sido agente de la CIA—, que si fue abducido por los espíritus de la jungla. Vaya usted a saber, el caso es que jamás fue encontrado.
    Ayer vimos los restaurantes de steamboat de bote en bote en Brinchang y nos prometimos no marcharnos sin probarlo, así que buscamos un restaurante aquí, en Tanah Rata, que también lo incluya en la carta. Escogemos el restaurante Rossette. La camarera rápidamente nos acerca una olla metálica dividida en dos compartimientos, cada uno con un tipo de caldo, le pone una carga de gas a la cocina portátil y que esperemos a que hierva. Luego nos llena la mesa con platos de alimentos crudos. La chica nos lo explica: se meten los ingredientes dentro de la olla, se cubre con la tapa y se espera a que aparezca el vapor. Como ya están troceados a tamaño de bocado estarán cocinados en cuanto la sopa esté hirviendo. Nos deja dos salsas: una picante y la otra, más picante aún. Steamboat es la traducción inglesa del nombre cantonés, también se conoce como olla caliente mongola, un plato comunal con origen en Mongolia.

Experiencia culinaria con el barco de vapor en Tanah Rata

    Un buen steamboat depende de la bondad de los ingredientes; la carne debe ser fresca y si además está marinada en salsa de soja, pimienta y harina de maíz, pues mejor que mejor. El pescado y las verduras deben estar igualmente frescos, no sirven esas albóndigas de pescado y masas de carne o surimi que vete a saber lo que realmente son y que es precisamente lo que nos han puesto a nosotros. Pelillos a la mar. De todas formas, hemos pasado un rato divertido con la experiencia y aunque unos ingredientes nos han gustado más que otros, hay que reconocer que el caldito que ha quedado al final estaba rico. Para los chinos es un plato típico de invierno y entra bien para cenar aquí, en las montañas Camerón, a 1500 m. de altitud, porque la temperatura por la noche puede bajar hasta los diez grados.

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