Los viajes de Mariano

Bandera

República de Kenia 2006

5 de julio, Nairobi9 de julio, Masái Mara
6 de julio, Samburu 10 de julio, Masái Mara
7 de julio, Samburu, Aberdares 11 de julio, Nairobi
8 de julio, Aberdares, Nakuru 12 de julio, Nairobi


7 de julio, ljumaa

    Nos despiertan a las siete, desayunamos, y para las ocho ya estamos saliendo hacia nuestro segundo safari en Samburu. La primera sorpresa de la mañana es una pareja de leones, despatarrados sobre el suelo; el macho luce una melena muy corta, característica común de los leones de Samburu y el Tsavo. Los leones se pasan veinte horas al día holgazaneando y así es como los veremos a casi todos, tumbados o dormidos. El macho se despereza, se levanta, se pone encima de la hembra y realiza un intento de cópula. La leona, ni caso. Después, nos da la espalda y se tumba de nuevo. Lo mismo que existen machos con la melena muy corta, hay hembras con melena tan larga que parecen machos, así que, si alguna vez ves lo que parecen dos machos copulando, puede que sea una hembra con melena o quizá sean gays, que tampoco es infrecuente. Leonas con melena las hay en el delta del río Okavango, en Botswana. ¿Y a qué ton una hembra con melena? Los cientificos creen que se trata de una disrupcion hormonal del hembrión durante la gestación, es decir, una alteración hormonal que dota a un sexo con los caracteres del sexo opuesto, como ocurre en el ser humano con las mujeres barbudas o los hombres con mamas más desarrolladas de lo común. Otro ejemplo en la naturaleza son los ciervos machos sin astas.
Oteando la fauna desde la azotea del Treetops
    Me quedo alucinado cuando descubro entre los vehículos del safari un autobús todo terreno. La masificación del turismo de safaris llega hasta este extremo.
    Más tarde vemos elefantes, jirafas, cebras, avestruces de Somalia, onyxes, babuinos, gallinas de Guinea, más dick-dickes, otro gerenuk, etc.
    Al mediodía dejamos Samburu y nos dirigimos hacia el montañoso Parque Nacional de Aberdares. La proximidad de este bosque lluvioso a enclaves humanos hace que esté limitado por vallas electrificadas e incluso zanjas para evitar a la población encuentros desagradables con depredadores y elefantes, famosos por su agresividad.
    A las dos llegamos al hotel Outspan que nos sirve como campamento base. Almorzamos, dejamos nuestras dos maletas de mano en una consigna y empacamos en una mochila lo imprescindible para pasar una noche. Merece la pena pasear por los alrededores del Outspan, los árboles más frondosos son muy frecuentados por cálaos negros, ave con un pico extrañísimo y enorme.
    Un pequeño autobús nos conduce en diez minutos hasta el famoso observatorio Treetops.
    La primera impresión no es buena; su fachada está forrada de cortezas de árbol y el edificio resulta poco atractivo. Claro que, se supone que su función es servir de camuflaje para que los animales no recelen. En el interior, las paredes son de madera y el suelo de moqueta, lo que le da un aspecto confortable. Nuestra habitación es muy pequeña, abres la puerta y tienes un pasillo central de apenas dos metros, una cama a cada lado y una pequeña repisa para dejar el equipaje. Las puertas no tienen ningún
Treetops
tipo de cerradura. Los baños son compartidos y con duchas. Por cierto, en el Treetops hay hasta dos o tres suites, para el que quiera más comodidad.
    El edificio está situado entre dos charcas. La azotea es el mejor lugar de observación, pero hay que subir un poco abrigado, hace fresco.
    En cuanto desaparecen los autobuses hacen acto de presencia los primeros animales: una manada con cuarenta y dos búfalos cafre se acercan a la charca para beber parte de sus treinta litros de agua diarios. Una familia de jabalíes verrugosos de aspecto fiero recala también en la otra charca. Al poco tiempo, baja por la ladera un elefante de mediano tamaño a buen paso, parece contento. El elefante, en cuanto llega a la orilla, clava un colmillo en el barro y se lo relame con la trompa y es que, los encargados del Treetops echan sal sobre las orillas de las charcas para atraer a los animales, porque está visto que les encanta la sal. Este elefante se pasará más de media hora horadando el barro con sus colmillos para deleite de los que le observamos. También aparece un mono colubus blanco y negro y gacelas. Más tarde, un búfalo solitario, se acerca a la charca para rebozarse en barro, esto les libera de los parásitos.
    En la sala común del Treetops mantienen un libro con el registro histórico con todos los animales que se observan cada día. El tipo y el número de animales es muy variable; el pasado mes se avistaron veintidós rinocerontes negros. El animal más difícil de ver es el leopardo, en junio sólo se registraron dos y en mayo, uno.
    Cenamos en un pequeño comedor de bancos corridos. Sobre la mesa hay un carril central que sirve para guiar un carrito que transporta el plato a cada comensal. La cena es mala y escasa. Sobre el papel, el menú suena muy bien, pero en el plato, el "finely slicey multi-deli" resulta ser una rodaja de mortadela. Y así con todo...
Búfalos cafre
    Cuando oscurece subimos a la terraza. Las risotadas de algunos grupos de turistas no parecen lo más apropiado para atraer a los animales.
    Los focos que iluminan las charcas se sitúan sobre la terraza y muchas mariposas nocturnas revolotean alrededor, una de ellas, choca con la frente de una señora y por poco la deja fuera de combate. La mariposa yace patas arriba y compruebo que mide ¡diez centímetros!. Permanecemos en la terraza hasta las once. El elefante adicto a la sal regresa a por una nueva dosis. Vemos liebres, onyxes, gacelas, una lechuza enorme y una hiena.
    Todas las habitaciones disponen de un interruptor que si lo accionas te conectas a un sistema de alarma; en caso de que aparezca por las charcas algún animal, te avisan a base de timbrazos, más timbrazos cuanto más grande sea el animal. En toda la noche no ha sonado ni una sola vez. ¿Se habrá dormido el imaginaria?

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