Los viajes de Mariano

Bandera

República de Kenia 2006

5 de julio, Nairobi9 de julio, Masái Mara
6 de julio, Samburu 10 de julio, Masái Mara
7 de julio, Samburu, Aberdares 11 de julio, Nairobi
8 de julio, Aberdares, Nakuru 12 de julio, Nairobi


10 de julio, jumatatu

    A las 5:00 golpean nuestra puerta y media hora más tarde salimos en buseta hacia el punto donde despegan los globos. En Masái Mara hay muchas agencias que te facilitan una excursión en globo, la ligera brisa y los pocos obstáculos para aterrizar convierten al Masái Mara es un lugar idóneo para esta actividad.
Preparativos para el paseo en globo
   Reservamos el vuelo con Kobo el primer día que llegamos a Nairobi, al precio de 385 $ por persona por una hora de duración, con la empresa Hot Air Balloon Twiga.
   Sería fantástico si el globo pudiera maniobrar y seguir a los animales, pero esto no es posible, va donde el viento le lleva. Evidentemente, se ven menos animales que en coche, sólo los grandes, elefantes, jirafas, avestruces, ñúes, etc. El Capitán Tanguay aterriza con suavidad, un poco de roce con el suelo y ya está, quieto parado.
    Desayunamos con champán en medio de la sabana, sin aparente preocupación por los leones.
    De vuelta el hotel, el capitán no se limita a trasladarnos, sino que se detiene ante cualquier animal que considera interesante, de esta manera no perdemos el safari que nos corresponde esta mañana.
    El cielo ha estado cubierto toda la mañana y ha hecho algo de fresco. Para eso de las diez sale el sol y nos acercamos a la charca de los hipos, muy cerca de nuestra habitación. A la charca se accede con seguridad a través de una pasarela elevada de madera que da a un observatorio. También hay un sendero que te lleva directamente al estanque, pero un letrero en inglés avisa que está prohibido internarse en él bajo peligro de muerte. Mientras observamos a los hipos desde nuestra atalaya de madera, vemos que un japonés despistado avanza por el sendero y va derecho hacia los hipos. El tipo se planta a cinco metros de la charca y empieza a disparar con su máquina. Cuando los hipos lo ven al borde del estanque, todos dirigen sus miradas hacia él y se ponen en alerta. Afortunadamente, en el agua no son tan peligrosos como en tierra, si te interpones en su camino hacia el agua lo puedes pasar realmente mal. Has de saber que los hipos son los animales que más hombres matan en África.
    Una manada de elefantes pasa justo por la orilla del estanque, caminan en fila india, la matriarca al frente, dos crías de pocos meses se salen de la fila y juegan con un bancal de arena, la matriarca se detiene y mira de reojo a los pequeños, cuando vuelven a la fila, reanuda el viaje.
Elefantes muy cerca del hotel
Siguen un poco hacia delante y mi mujer tiene la suerte que verlos muy de cerca, como a diez metros de distancia, ya que está sentada en un banco de la pasarela elevada de madera, hacia donde se dirigen los elefantes para mordisquear unas hojas de los árboles. Empiezan a comer hasta que se dan cuenta de su presencia, entonces la matriarca extiende sus enormes orejas como si orientase un radar y despacio abandonan el lugar.
    Hoy disfrutamos del sol y de la piscina del hotel hasta la hora de comer. Este hotel es bastante agradable, las habitaciones están bien decoradas con toques étnicos y se come bien.
    Nuestros compañeros de mesa han realizado esta mañana un safari a pie. Les ha dado un vuelco el corazón cuando la buseta les ha dejado a unos treinta metros de dos leonas. No ha pasado nada. Todos los animales tienen mucho respeto por los hombres y además, el grupo era de ¡catorce personas!, protegidos, eso sí, por un guarda armado. Como ver, han visto bien poco y además, en París; los animales les divisaban y olían a kilómetros. Por regla general, toda la fauna procura mantenerse a distancia del hombre, somos demasiado peligrosos, aunque nunca hay que bajar la guardia. Este año una turista española murió en Tanzania en un safari a pie al ser arrollada por una estampida de elefantes. No fue suficientemente rápida al subirse al árbol. Tampoco los safaris en todo terreno están libres de peligro, se han producido cargas contra ellos, pero al menos, puedes acelerar y escapar, si tienes suerte.
    El safari de la tarde resulta fructífero. En la primera media hora de safari vemos ñúes, cebras y gacelas, lo típico. Donde la hierba empieza a ser más baja nos topamos con una manada de elefantes de nueve miembros, la madre va la primera, el macho cierra la fila. ¿Cómo se distingue un elefante macho de una hembra? Pues por el tamaño de la cabeza, mayor, en proporción al cuerpo, en los machos. Oteamos más jirafas masáis, nunca faltan y sus movimientos como a cámara lenta siempre resultan curiosos.
León en Masái Mara
   La sorpresa del día es un león que yace panza arriba sobre la pista de tierra. La aglomeración de busetas que se produce a su alrededor hace que se levante y al menos le veamos mover su majestuosa figura unos metros.
   Medio kilómetro más allá descubrimos otro león macho con tres cachorros, al parecer, la leona se ha ido de caza, a ella la veremos más adelante, cerca del río.
    Casi al finalizar, divisamos dos rinocerontes negros descansando en la sabana. Están algo lejos pero con los binoculares se ve muy bien sus impresionantes cuernos.
    Al regresar nos encontramos con una buseta averiada, la están remolcando con un todo terreno, la gente se baja, lo que siempre intranquiliza y más cuando sabes que no muy lejos acabamos de ver varios leones.
    En el camino de vuelta al hotel divisamos dos hienas, un cálao terrestre del sur, un chacal, unos graciosos y chulescos jabalíes verrugosos cruzando el camino y por supuesto, manadas interminables de ñúes y cebras que llegan del Serengueti en busca de la riqueza de sus pastos.
    Nos detenemos unos minutos para contemplar otra maravillosa puesta de sol, son realmente mágicas.

Puesta de sol

    Después de cenar, un grupo de masáis nos ofrece un espectáculo de danzas tradicionales. Uno de ellos nos suelta un discurso en inglés que hay que ser por lo menos universitario para memorizarlo. ¡Qué barbaridad! Los masai se consideran el pueblo elegido por su dios NGAI, que habita en las montañas del Kilimanjaro, para que cuidaran de las vacas, de todas las vacas de la Tierra. Todo lo relacionado con las vacas es sagrado para ellos, hasta la hierba. Según su tradición, en sus famosas danzas de saltos, deben llevar hierba bajo el sobaco mientras saltan con las rodillas juntas y los brazos pegados a los costados. En los rituales, la hierba es símbolo de paz y la emplean para bendecir. Dedicarse a otra cosa que no sea cuidar vacas lo consideran deshonroso.
    En vista de que mañana tenemos un traslado de cinco horas hasta Nairobi por caminos peores que los de días pasados, hemos pedido a nuestro guía de Kobo que nos reserve dos plazas en una avioneta, el resultado de su gestión es que no hay plazas libres, cosa que no será verdad, como ya veremos.

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