Otros viajes

República Islámica de Irán 2001

10 de abril, Teherán 17 de abril, Isfahán
11 de abril, Teherán, Bam 18 de abril, Isfahán
12 de abril, Bam, Kermán 19 de abril, Isfahán
13 de abril, Yadz 20 de abril, Isfahán, Mashad
14 de abril, Shiraz 21 de abril, Mashad
15 de abril, Pasagarda, Persépolis, Shiraz22 de abril, Teherán
16 de abril, Shiraz, Isfahán

21 de abril, sábado

    Repetimos la visita al Astan Quds Razavi, pero esta vez como visita oficial, a plena luz del día. El responsable de seguridad de la entrada no quiere que entremos solos, prefiere que alguien nos vigile para que no visitemos los lugares santos. Tras muchos titubeos, no encuentra quién se pueda hacer cargo de nosotros y dice que hace responsable a nuestro guía local. Entramos.
    Al no poder acceder a las mezquitas nos queda poco que ver. Visitamos un museo repleto de estudiantes. Hay otros museos más interesantes, pero nos están prohibidos o no están abiertos: el museo Astaane Quds, uno de los más ricos del país, donde hay una colección de alfombras y la primera piedra que cubrió la tumba del Imán. El museo del Corán, con varios manuscritos del Corán muy antiguos, algunos, escritos en kufi sobre piel de ciervo. También está aquí el mayor museo de sellos de Irán.
De camino al Astan Quds Razavi
    En una de las plazas interiores vemos a gente orando frente a un cuerpo que descansa sobre unas andas; son los familiares del futuro difunto. La familia trae aquí al moribundo y cuando le ven en las últimas, lo dejan en el suelo y esperan que muera mientras rezan, eso sí, todo muy ordenado: enfrente el difunto, luego el sacerdote que dirige las oraciones, detrás de él, los hombres, dispuestos en ordenadas filas y más atrás, las mujeres. Una vez que fenece lo introducen en un ataúd y continúan rezando unos minutos. Dos espectáculos de este tipo se producían en la plaza en nuestra presencia.
    Cuando un musulmán muere, se entierra, nunca se le quema, y debe quedar encarado a La Meca. El aniversario de la muerte se conmemora dando limosna a los necesitados.
   Se acabaron las visitas, tenemos libre hasta las cinco de la tarde. Seguimos con el grupo, pero lo cierto es que andar por las calle principales de Mashad no resulta agradable, hay mucha gente y cruzarlas, aunque sea por los pasos de cebra, es toda una aventura, hay que estar muy pendiente del tráfico. El guía local nos lleva hasta un punto donde se puede sacar fotos de la cúpula y minaretes de Astan Quds Razavi, y... ¡alucinante!, el punto resulta ser una glorieta de tráfico caótico, la cúpula se ve a lo lejos pequeñísima y el personal se pone a posar para las fotos metidos en el tráfico infernal de la rotonda. No pasa nada porque Alá nos protege.
   El cuero está muy barato, así que después de comer, un taxi nos acerca hasta una tienda donde se supone que hay prendas de cuero. El taxista suda lo suyo para encontrar el lugar, está lejos del centro, al menos quince kilómetros. Parece que aquí es algo muy normal atajar por direcciones prohibidas. Lo cierto es que en cuanto se aleja del centro, el tráfico disminuye en intensidad. La calidad de las prendas no es occidental, el chaval de la tienda nos indica otra dirección con prendas de mejor apariencia. Cuando llegamos aún no han abierto, esperamos en vano, a las cuatro y media, cuando marchamos hacia el hotel, han abierto todas las tiendas de los alrededores, excepto la de piel. Lástima, esta tienda tenía buena pinta.
    Nos despedimos de Mashad. Realmente ha valido la pena este viaje relámpago al segundo centro de peregrinación de los musulmanes.
   Al llegar al aeropuerto de Teherán aún nos espera una sorpresa más: nuestro autobús no aparece. Esperamos más de cuarenta y cinco minutos y nada, nadie da explicaciones. Afortunadamente, a un guía se le ocurre alquilar ¡un autobús de línea! El choteo es grandioso, nos reímos las muelas ante la situación y por lo visto también despertamos la sonrisa y la sorpresa en los empleados del hotel cuando nos ven aparecer en el autobús de línea, conducido a toda velocidad, por cierto

Copyright © 2001- MRB
La propiedad intelectual de los textos me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.