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República Islámica de Irán 2001

10 de abril, Teherán 17 de abril, Isfahán
11 de abril, Teherán, Bam 18 de abril, Isfahán
12 de abril, Bam, Kermán 19 de abril, Isfahán
13 de abril, Yadz 20 de abril, Isfahán, Mashad
14 de abril, Shiraz 21 de abril, Mashad
15 de abril, Pasagarda, Persépolis, Shiraz22 de abril, Teherán
16 de abril, Shiraz, Isfahán

16 de abril, lunes

    Visitamos los mausoleos de los poetas Hafez y Saadi, situados dentro del parque Musalla. Ambos poetas nacieron aquí, en Shiraz. Hafez (1325-1390) es considerado el maestro de la poesía lírica. Se dice que en casa nunca deben faltar dos cosas: un Corán y un libro de Hafez. El jeque Saadi (1213-1291) fue el autor del conocido libro de sonetos Jardín de Rosas, una narración con consejos morales y reflexiones filosóficas. Uno de sus poemas está escrito en el Salón de las Naciones del edificio de las Naciones Unidas en Nueva York. Nuestro guía local nos canta uno de los sonetos escritos en la pared. Me sorprende la diferencia entre lo corto del texto y lo larga que hace la canción; será que repite mucho el estribillo. El hombre tiene una bonita voz y se ha ganado una propina.
    En Occidente mucha gente cree erróneamente que en Irán se habla árabe, es natural, las veintiocho letras del árabe y del farsi casi coinciden —el farsi o persa moderno usa el mismo alfabeto que la lengua árabe, pero añade cuatro letras más y cambia la forma de otras dos—, sin embargo, ambos idiomas se pronuncian muy diferente y tienen reglas gramaticales propias. Algo parecido a lo que ocurre entre el español y el inglés. Los números sí, coinciden en persa y en árabe, y conviene conocerlos para entender los precios. Ahí van:

Números persas

    Comemos lo de siempre —pincho de carne— en un restaurante atestado de turistas, visitamos de nuevo el bazar e-Vakil y tomamos el avión hacia la esperada Isfahán, verdadera perla del viaje.
    Isfahán es una ciudad más moderna que Yazd o Shiraz, muy parecida a cualquier ciudad europea. Nuestro hotel, el Parsian Ali Qapu está situado a tiro de piedra del puente Khaju.

Plaza del Imán en Isfahán: mezquita del Imán Jomeini y el palacio Ali-Qapu

    Lo más importante para un persa es la familia, nada hay más importante que la reputación familiar. Desde el punto de vista tradicional —mayoritario en el país—, el jefe de familia es el padre y marido, que debe ser obedecido y respetado. Los varones trabajarían en el exterior, en el campo, la fábrica, el bazar o la oficina. Las mujeres son las depositarias del honor familiar, así que nada de coqueteos ni sonrisitas con varones ajenos a la familia, ni estar a solas con ellos, ni pintarse los labios, ni vestir sexy, ni nada que pueda dar pie a chismorreos que pongan en peligro la reputación del marido. Ellos dicen que si un hombre tropieza, es su error, pero si la falta la comete una mujer, la reputación de toda la familia se va al garete. Por tanto, mejor que ellas estén confinadas en casa, ocupándose de las tareas domésticas y crianza de los niños y para evitar la tentación, se separan los niños de las niñas en las escuelas, desde primaria. Y que vayan bien tapadas siempre porque la simple visión de la piel desnuda de una mujer hace que los hombres, involuntariamente, entren en un frenesí incontrolable de excitación. No deben caminar por el centro de la calle, ni calzar tacón que haga ruido. Y que no recen ni toquen el Corán con la regla, que son impuras. Ni miren jamás a los ojos de un hombre, porque los ojos de las mujeres son fuente de provocación sexual.
    ¿Igualdad? Ja, ellos dicen que la mujer es complementaria al hombre, pero jamás admitirán la igualdad de derechos, si acaso de los espíritus... En los juicios, las mujeres siempre reciben indemnizaciones la mitad que un hombre y su testimonio vale también la mitad. Porque las mujeres son volubles, cambian con frecuencia de estado de ánimo, son frívolas e irracionales, así que es mejor que siempre estén bajo la tutela masculina, sea el padre, el hermano o el marido, ellos decidirán por ellas. Ya lo dice el Corán: "los hombres mandan sobre las mujeres" y si lo dice el Corán, no hay más que hablar.
Mezquita del jeque Lotf Allah, Isfahán

    ¿El matrimonio? Concertado entre familiares, por supuesto (el treinta y ocho por ciento del total de matrimonios). Lo más deseado es el matrimonio entre primos carnales (el veintiocho por ciento). Durante la dictadura del Sha Reza Pahlevi la edad legal de matrimonio era de veinte y dieciocho años respectivamente para hombres y mujeres; tras la revolución de 1979 y la instauración de la República Islámica se bajó a los quince y trece años, incluso antes si cuentan con el consentimiento de los padres o el juez. Para los quince años se estima que ya están casadas el tres por ciento de las niñas, y para los dieciocho el diecisiete por ciento. Y una vez casadas, a cumplir en la cama sin chistar, que ya lo dice el Corán: "Vuestras esposas son vuestro campo de labranza, entrad en vuestro campo de la manera que queráis y cuando queráis". Y si hay que corregirlas, unos buenos varazos a tiempo son incluso saludables, eso sí, sin dejar marca y nunca en el rostro, que también lo dice el Corán.
    ¿Circuncisión en Irán? ¡Pues claro! Todos los musulmanes varones se cortan el pellejito, es la tradición y si les quitas sus tradiciones, ¿qué les queda? ¿Y las mujeres? No hay estadísticas ni estudios al respecto, es tema tabú; el consenso general es que es una práctica del pasado y oficialmente no se practica ningún tipo de mutilación genital femenina, sólo la mantienen algunos extranjeros.
    ¿Las vacaciones? Casi siempre se limitan a una peregrinación a lugares de significado religioso.
    ¿Cómo son las casas? Con dos puertas: una para la familia y otra para los ajenos. Cada centímetro del suelo estaría cubierto de alfombras, excepto en el baño. Muy pocos muebles, ningún cuadro con imagenes, como mucho, quizá con alguna frase relacionada con el Corán. En casa se camina descalzo o con calcetines, sin zapatillas, excepto en el baño, donde toda la familia comparte unas chanclas de goma. En el baño, placa turca y el ano se limpia con el agua contenida en algún recipiente: una jarra o botella, sostenida con la mano izquierda. Los más modernos usan la manguera con alcachofa, que tiene más presión y limpia mejor. Se comería en el suelo del salón, sobre un mantel ad hoc, eso sí, con cuchara, tenedor y cuchillo. ¿Los negocios? La familia es lo primero y se procura colocar siempre a los familiares. Los iraníes ven este favoritismo como un valor positivo, no como una forma de corrupción. ¿Y no tienen razón? ¿Hay algo más bonito que una familia unida y saludable? ¿Y los mayores? Los hijos varones son los responsables del cuidado de los padres cuando llegan a la vejez. Enviar a los padres a una residencia es impensable por ahora, solo se admite en casos excepcionales, cuando no tienen hijos o cuando los hijos realmente no pueden cuidar de sus mayores por alguna circunstancia. En la Musulmania tradicional no hay vida fuera de la familia extensa.
    Pero no hay una única manera de pensar, se trata de una sociedad dividida: por un lado está el Irán tradicional descrito en el párrafo anterior, por otro, el Irán más occidentalizado correspondiente a las clases urbanas de clase alta, donde las mujeres estudian y trabajan fuera de casa, asisten a teatros, parques y escuelas e interactúan con los varones. Los matrimonios se basan en la atracción mutua. En las parejas suelen trabajar los dos. Las vacaciones preferidas son los sitios de playa o el extranjero. Viven en casas modernas y comen con mesas y sillas. También, cuando los jóvenes se marchan a estudiar a las ciudades empiezan a cambiar sus ideas tradicionales por otras más individualistas y sus prácticas religiosas se vuelven más relajadas. El conflicto con sus padres está servido.
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