República de la India 2011

Rajastán y Kerala

15 de abril, Delhi 24 de abril, Kochi
16 de abril, Mandawa25 de abril, Munnar
17 de abril, Bikaner26 de abril, Munnar
18 de abril, Jaisalmer27 de abril, Periyar
19 de abril, Jaisalmer, Damodra28 de abril, Kumarakom, Backwaters
20 de abril, Jodhpur29 de abril, Kovalam
21 de abril, Raknapur, Udaipur30 de abril, Kanyakumari
22 de abril, Udaipur1 de mayo, Delhi
23 de abril, Kochi2 de mayo, Delhi
Datos económicos del viaje

30 de abril, sábado

   Nasser nos informa que ayer la huelga fue un éxito, hubo algunos cristales rotos de coches privados y tiendas y cierta violencia esporádica en Kanhangad, pero fueron incidentes de menor importancia.
   Nos impresionan los adornos festivos de algunos tramos de carreteras, con las guirnaldas han formado un túnel de color que se extiende a lo largo de cientos de metros. Nasser nos aclara que seguramente serán fiestas de las iglesias cristianas de los alrededores.
    En nuestro viaje hacia el sur, paramos en la frontera con el estado de Tamil Nadu. Nasser se acerca a la oficina Motor Vehicles check Post-Poovap a pagar el impuesto de circulación. Según Nasser, el Tamil se pronuncia parecido al malayalam pero la escritura es completamente diferente.
Artesonado del palacio Padmanabhapuram
    A las once llegamos al Palacio Padmanabhapuram, que fue residencia de los soberanos de Travancore, un territorio formado por Kerala y parte de Tamil Nadu en el siglo XVI. En el palacio predomina la madera de teca. A destacar el artesonado de palisandro con noventa flores de loto, biombos chinos y el ambari mukkappu, que es un balcón desde donde los soberanos veían las carreras de carros.
   Al ser sábado, el palacio está tomado por grupos de escolares y ordas de turistas que llegan en autobús. Las distancias son mínimas y como caminamos casi en fila india, alguno se toma demasiadas confianzas.
   —¿Qué hago con este veinteañero que no cesa de tocarme el culo?—murmura mi mujer—¿Le doy un rodillazo en la entrepierna?
   —No—le contesto—, que causas un conflicto diplomático, mejor pasas delante de mí y asunto concluido.
   Nuestro guía, un hombretón bigotudo de casi dos metros, parece más interesado en contarme sus negocios que en mostrar las maravillas del palacio. Está entusiasmado: acaba de obtener el permiso para la explotación turística de una casa rural. La preparación de la casa le ha costado dos años y conseguir los permisos ha sido un calvario. Siempre se dirige a mí cuando habla, a mi mujer, ni la mira, como si fuera invisible. ¿Falta de educación? Nuestra interpretación es que es fiel a su mentalidad musulmana, donde las mujeres no comparten el mismo estatus social que el hombre. Sin embargo, ellos dicen que no hablarle es una muestra de respeto hacia ella a través de mí. ¿Tú lo entiendes?
   Montamos en el coche y nos dirigimos a Kanyakumari (virgen juvenil), la ciudad más meridional del subcontinente indio, lugar de encuentro del océano índico, mar de Arabia y el golfo de Bengala e importante enclave turístico. En el embarcadero tomamos un gasolino, abarrotado de turistas nacionales, hacia el islote donde se halla el templo dedicado al maestro Vivekananda (1863-1902), un líder espiritual y reformador de la religión hindú. Desde muy joven se mostró obsesionado por la comprobación de la existencia de Dios y las consecuencias de las buenas y malas acciones. Su popularidad en India se disparó tras una gira de conferencias por Estados Unidos. En su periplo por India, llegó a Kanyakumari el 24 de diciembre de 1892, nadó hasta esta roca solitaria y allí pasó tres días meditando sobre el pasado, presente y futuro del hinduismo. En esta isla se construyó el templo para honrar su recuerdo. Tras un maremoto se trasladó el templo tierra adentro y después se hizo una colecta para ponerlo en su lugar original. Vivekananda murió a los treinta y nueve años. Siempre predijo que no llegaría a los cuarenta. Estos místicos...

Templo de Swami Vivekananda

   En otro islote aledaño se encuentra una colosal estatua de ciento treinta y tres pies (cuarenta metros) de altura que representa los ciento treinta y tres capítulos de la épica obra Thirukkural del gran poeta, filosofo y santo Tiruvalluvar. La estatua se montó el año 2000 y el tsunami de 2004 puso a prueba su resistencia. En un parque próximo, una pequeña escultura recuerda a las 170 personas que murieron en el tsunami del 26 de diciembre de 2004.
   A pocos metros de la playa se encuentra un curioso edificio de color rosa, mitad templo hindú, mitad iglesia cristiana. Es el monumento a Mahatma (Gran Alma) Gandhi (1869-1948). Su austero interior contiene una placa que reza: "En este lugar se guardaron las cenizas de Mahatma Gandhi el 12 de febrero de 1948 antes de la inmersión". Era un persona muy aferrada a las tradiciones hindúes. Se casó con Kasturba Makharji (1869-1944), hija de un rico hombre de negocios, en matrimonio concertado, cuando ambos tenían catorce años. A los 39 años renunció a las relaciones sexuales y, para poner a prueba su autocontrol sexual empezó por dormir desnudo con sus discípulas, una por una, después, con la esposa de dieciséis años de su sobrino nieto y con su sobrina nieta de diecinueve años. Todo en nombre de la pureza espiritual. ¿Y su mujer? Su mujer murió porque Gandhi era contrario al uso de antibióticos y prohibió que le inyectaran penicilina. Se le recuerda sobre todo por su defensa de la no violencia para lograr la independencia de la India.
Gopuram del templo Thanumalayan

   De vuelta hacia Kovalam paramos en el templo hinduista Thanumalayan, en Suchindram. Las espectaculares esculturas del gopuram (puerta-torre de la entrada) cuentan las historias del Ramayana, una epopeya religiosa del siglo III AEC de gran influencia en el arte, la literatura y en toda la cultura India. El color blanco es debido a que ha sido realizado con pasta de conchas marinas machacadas. Al templo se entra descalzo y, los hombres, con el torso desnudo, para demostrar que todos somos iguales. Este templo es único en India porque el lingam principal representa a la triada de dioses más importante del hinduismo: Brama, Visnú y Shiva.
    La veneración es tremenda y el santuario, espectacular. Las tallas en granito de los dioses son complicadas pero no son estas el centro de atención de los peregrinos sino que la gente se agolpa en torno a un lingam medio escondido en una pequeña cueva, adornado con guirnaldas y paños de colores. Hay que verles las caras, se les ilumina el rostro y abren unos ojos grandes, como si vieran a Dios. ¡Qué demostración de fe! Al fondo, una reluciente balanza de acero inoxidable espera las ofrendas. A veces es el peso de algún niño en comida, otras en dinero.
    Regresamos de noche, con un tráfico infernal, el peor que hemos sufrido en India. Los quilómetros hasta la frontera con Kerala se hacen interminables y las situaciones de peligro se multiplican. La carretera es una sucesión de curvas, subidas y bajadas con adelantamientos siempre al límite. —Para conducir en India no solo hay que poseer buenos frenos, buena bocina y buena suerte, además es aconsejable una buena dosis de instinto asesino y vocación de piloto suicida—. Y eso lo afirma nuestro chofer, que nunca pierde la compostura. Piensa siempre antes de hablar y su inglés es el más claro que hemos oído por aquí. Lleva veinticinco años en el oficio y dice que solo ha sufrido pequeños golpes cuando conduce despacio, si circula rápido nunca tiene problemas.
   Al pasar al estado de Kerala el tráfico remite algo. En las paradas de autobús esperan cientos de personas que se baten en retirada hacia sus casas. Son casi las ocho y muchas tiendas siguen abiertas. Sobre los peldaños de acceso se ven los zapatos que esperan la salida de sus dueños. Las tiendas más frecuentadas son las joyerías, todavía conservan clientela, a pesar de la hora. De hecho, India es el mayor consumidor de oro del mundo, en 2010 compraron en joyería un tercio del consumo mundial. Sin embargo, el color del oro indio es diferente al europeo. Me asalta la duda. ¿Es mejor o peor que el nuestro ? Veamos. El oro puro es de 24 quilates, pero es blando, dúctil y fácil de romper. Por eso se funde con otros metales como el paladio, el níquel, la plata, el cobre o el zinc para obtener una aleación más sólida. La calidad más común en Europa es 18 quilates (75% de oro), inferior al oro indio, de 22 quilates (91,6% de oro). ¿Por qué esa diferencia? Cuestión de costumbres, nos familiarizamos con un color y los demás nos gustan menos. El oro indio suele ser una aleación de oro (91,6%), plata y cobre. Para obtener ese color dorado tan característico se emplea un tratamiento superficial que elimina la plata y el zinc dejando solo el oro. Entonces, ¿nos podemos fiar del oro indio? Atiende: en 2002, la oficina de Estandarización de India (BIS) analizó el oro de ciento veinte joyerías de Calcuta, Bombay, Delhi, Bangalore, Madrás, Ahmedabad, Hyderabab y Jaipur y solo el once por ciento vendía oro de la calidad anunciada. Estás avisado.

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