República de la India 2011

Rajastán y Kerala

15 de abril, Delhi 24 de abril, Kochi
16 de abril, Mandawa25 de abril, Munnar
17 de abril, Bikaner26 de abril, Munnar
18 de abril, Jaisalmer27 de abril, Periyar
19 de abril, Jaisalmer, Damodra28 de abril, Kumarakom, Backwaters
20 de abril, Jodhpur29 de abril, Kovalam
21 de abril, Raknapur, Udaipur30 de abril, Kanyakumari
22 de abril, Udaipur1 de mayo, Delhi
23 de abril, Kochi2 de mayo, Delhi
Datos económicos del viaje

28 de abril, jueves

   En todos los recorridos matutinos encontramos algún punto de interés: esta mañana paramos unos minutos poco antes de Peerumade para ojear una curiosa iglesia franciscana, también nos detenemos al lado de una plantación de árboles de caucho y en una feria de ganado dedicada a la compra venta de cebús, utilizados como animales de tiro y para consumo de carne y leche. En Kerala no son sagrados.
Cebús
   Recibimos una inesperada llamada de la agencia Indian Holiday. Nos comunican un ligero cambio de planes: mañana hay huelga en todo el estado de Kerala, desde las seis de la mañana a las seis de la tarde, por tanto, dejaremos el barco a las tres de la mañana en vez de a las nueve, debemos estar en el hotel antes de las seis. ¿Motivo de la huelga? Que el Gobierno prohíba el endosulfán. En febrero de 2001, el Centro de Ciencia y Medio Ambiente, una organización india no gubernamental financiada por la Unión Europea, dio a conocer un estudio realizado con niños de Kasaragod, Kerala, concluyendo que el endosulfán es tóxico, cancerígeno y causante de malformaciones. En Kerala, en 2006, el Gobierno reconoció ciento treinta y cinco muertes causadas por el endosulfán y compensó a cada familia con 50000 rupias (850 €). Algo de cierto debe haber cuando este pesticida ya se ha prohibido en más de sesenta países, incluida Europa, que lo hizo en 2008. Aún así, se sigue produciendo en la India, que es el mayor productor mundial, y en China.
   Antes de llegar al embarcadero de Kumarakom, los canales de los Backwaters ya discurren paralelos a nuestra trayectoria. Miles de patos nadan en los claros que aún no han colonizado los jacintos de agua. Según nos acercamos, las palmeras toman el protagonismo del paisaje. Los Backwaters son verdaderas autopistas fluviales que se extienden a lo largo de novecientos quilómetros. formadas por lagos interconectados por canales. Este sistema fluvial es alimentado por decenas de ríos que fluyen desde las montañas del este y por el mar de Arabia, que penetra desde el oeste.
   Por estos canales se transportaba las mercancías —coco, caucho, arroz, anacardos y especias—en grandes barcazas de madera o kettuvalam. Y hablo en pasado porque hace ya tiempo que el transporte por carretera y ferrocarril las han desplazado al sector turístico que debe ser rentable ya que cada año hay más barcazas destinadas a este fin.
   Los que estén acostumbrados al esfuerzo físico pueden alquilar canoas, una forma estupenda de meterse por los canales más estrechos y conocer mejor la vida tradicional de los campesinos, ya que las barcazas sólo navegan por los canales más grandes.

Típica barcaza turística navegando de los Backwaters (remansos) de Kerala

   A la una subimos a la barcaza que ya nos espera abarloada en el embarcadero. ¿Todo este barco para nosotros solos? Mientras navegamos plácidamente por los canales observamos cultivos de arroz situados, curiosamente, por debajo del nivel del mar. Ahora mismo achican agua de los campos de arroz a través de estaciones de bombeo y a la corriente que se forma en los canales acuden peces y pájaros pescadores: cormoranes, martines pescadores y dardos o pájaros-serpiente. Tras media hora de navegación atracamos para comer. La comida es pasable, sin más. Y los toscos modales de algún marinero mejorarían tras un breve cursillo de atención al turista. Por la tarde seguimos navegando y observando la vida de los campesinos, cómo pescan, labran la tierra, se lavan. Para las cinco atracamos otra vez y bajamos a tierra a comprar la cena. Un señor nos espera con el arcón frigorífico lleno de pescado y marisco. Nos decantamos por cuatro enormes langostinos azulados pescados en el lago. Entre los cuatro pesan un kilo. Veremos cómo están.
Barcaza de carga frente a una turística
   Unos chavales —Sanub, Previl, Arrul, Uarum, Arome, Achú, Káuia—intercambian unas palabras con nosotros en inglés. Todos ponen mala cara cuando se acerca Sachin Saju, el listillo. Nos quedamos atónitos ante la pose de chulería, seguridad y liderazgo de este chaval. Viste impecable, el pelo repeinado y se expresa en un inglés fluido. Mientras charla te mira a los ojos con una seguridad que parece un Obama en pequeño. Su nombre, Sachin, significa Lord Indra, rey de los dioses y gobernador del cielo, de la guerra y de la lluvia. Con ese porte y la labia que se gasta puede llegar a presidente de India si se lo propone. Queda dicho.
   A la hora de cenar, nos acercamos por la cocina para que mi mujer dé instrucciones sencillas pero precisas al cocinero sobre nuestras preferencias a la hora de preparar los langostinos: un poco de aceite de coco, unos ajos, un chorrito de lima y listos. A pesar de todo, saben más sosos que los de mar. Quién sabe si alguna especia de las que gastan por aquí les hubiera dado más gracia. El cocinero es un chico joven, negro como un nubio, simpático y con ganas de agradar. Bajo la luz de la cocina apenas distinguimos sus facciones, sólo los ojos y dientes resaltan cuando sonríe.
   Nos retiramos a la cama cuando oscurece. Hay televisión pero dicen que no se ve. El aire acondicionado lo dan a las ocho, y lo necesitamos ya porque la atmosfera se está cargando y en cielo está negrísimo. Llueve durante la noche con abundancia de relámpagos.
   Esto de pasar la noche en la barcaza no nos ha convencido del todo. No le vemos el encanto ya que ni la seguridad, ni la tripulación ni el barco parecen adecuados. Con un paseo de unas horas por los Backwaters hubiera sido suficiente.

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