República de la India 2011

Rajastán y Kerala

15 de abril, Delhi 24 de abril, Kochi
16 de abril, Mandawa25 de abril, Munnar
17 de abril, Bikaner26 de abril, Munnar
18 de abril, Jaisalmer27 de abril, Periyar
19 de abril, Jaisalmer, Damodra28 de abril, Kumarakom, Backwaters
20 de abril, Jodhpur29 de abril, Kovalam
21 de abril, Raknapur, Udaipur30 de abril, Kanyakumari
22 de abril, Udaipur1 de mayo, Delhi
23 de abril, Kochi2 de mayo, Delhi
Datos económicos del viaje


15 de abril, viernes

    Desde el aire se distinguen las interminables hileras de luces entrelazadas que perfilan las calles de Nueva Delhi. Aterrizamos acompañados de unas ligeras pero siempre inquietantes turbulencias. Son las once y media de la noche y Delhi nos recibe con treinta grados y un olor dulzón, como una extraña mezcla de ceniza y fruta pasada. El control de inmigración es muy rápido; comprueban el visado y ya estás dentro. Thomas Cook y el Indian Bank coinciden en el cambio rupia-euro, así que lo mismo da; escogemos el primero y cambiamos doscientos ochenta euros. Días más tarde descubriremos que las agencias pequeñas ofrecen un cambio más ventajoso.
    Fuera nos recibe el simpático Salman, un chico de veintiún años que ya chapurrea japonés y que ahora estudia ruso por las mañanas y trabaja para la agencia Indian Holiday durante la tarde-noche recibiendo a los clientes en el aeropuerto. El chofer se llama Dama y conducirá el Toyota Innova durante nuestro viaje por el Rajastán.
    A las doce de la noche el tráfico es tan intenso que en una rampa de acceso a la autopista se produce un embotellamiento y los conductores que aún pueden girar escapan en sentido contrario a la marcha. Éste es nuestro segundo viaje a la India, así que estos comportamientos no nos pillan de sorpresa, es más, nos encantan. A eso hemos venido, para alucinar.
    Un par de quilómetros más allá, dos vehículos acaban de chocar; uno de los conductores mira con incredulidad el parachoques delantero de su coche mientras lo sostiene en sus manos.
    Cuando llegamos al hotel Crowne Plaza, a veinte kilómetros del aeropuerto, Salman nos entrega los vales para los hoteles y los guías locales y, una vez comprobados, le pagamos en euros lo que falta para completar el importe total del viaje.
    Salman se despide de nosotros, pero no regresa a su hogar sino que vuelve otra vez al aeropuerto, esta vez a recibir a una veintena de rusos que participan en un congreso de banqueros. ¿Cuántas horas duerme este chico?

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