Los viajes de Mariano

República de la India 2002

16 de marzo, Delhi 23 de marzo, Kajuraho
17 de marzo, Samode 24 de marzo, Benarés
18 de marzo, Amber, Jaipur 25 de marzo, Benarés
19 de marzo, Jaipur, Fatehpur Sikri, Agra 26 al 29 de marzo, Nepal
20 de marzo, Agra 30 de marzo, Delhi
21 de marzo, Gwalior, Orchha 31 de marzo, Delhi
22 de marzo, Orchha, Kajuraho Datos del vuelo

20 de marzo, miércoles

    Nuestra primera visita de la mañana es el mundialmente conocido palacio Taj, mausoleo de la emperatriz Mumtaz Mahal —elegida de palacio—, la esposa favorita del emperador mogol Shah Jahan. Unos dicen que lo construyó como recuerdo de su amor por ella, otros dicen que por megalomanía, quién sabe, vista la importancia de las mujeres en esta sociedad, yo me inclino por lo segundo. Su construcción comenzó en 1631 y duró veintidós años. La leyenda dice que participaron veinte mil hombres y, una vez finalizado, a todos les cortaron los dedos pulgares para que jamás pudieran construir otro igual.

En los jardines del Taj Mahal

    De todos los edificios que he visto en mi vida, el Taj Mahal es el que más me ha impresionado; su belleza es hipnótica, irreal. Su secreto radica en el equilibrio de formas y en su perfección geométrica. La bruma procedente del río Yamuna ayuda a crear una atmósfera de ensoñación. A media distancia es donde se aprecia mejor su belleza. Sublime.
    El material de construcción es el mármol blanco con infinidad de piedras semipreciosas incrustadas para hacer los dibujos y las frases del Corán, aunque muchas de ellas han desaparecido hace tiempo a punta de cuchillo. Su interior es sencillo, tan sólo unos biombos de mármol labrado y los cenotafios de Mummatz y de Shah Jahan. Shah Jahan quería construir otro mausoleo para él, igual al Taj, en mármol negro, en la otra orilla del río Yamuna y unirlos mediante un puente de plata. Su hijo Aurangzeb puso el grito en el cielo: ¡Qué despilfarro!, ¡no ve va a quedar ni una gorda!, y lo encerró en el fuerte, donde murió a los setenta y tantos años, después de una noche de orgía sexual y drogas.
    Por la tarde visitamos Sikandra, un suburbio al noroeste de Agra, para ver otro mausoleo: la tumba del Emperador Akbar. Se encuentra en un espacioso jardín con monos y ciervos. En el lado sur hay una puerta muy alta con cuatro minaretes-torre, y puertas falsas colocadas para simular simetría. El mausoleo se comenzó en tiempos de Akbar, y se completó en 1613 por su hijo, el emperador Jahangir, quien modificó el diseño original. La tumba, en realidad, es su cenotafio, la tumba real es una simple cripta dentro de otra sala. La situación de los minaretes musulmanes se diseño para que no hubiera ningún punto de vista que abarcara los cuatro, uno de ellos siempre está oculto por la tumba. La visita es interesante por la importancia que tuvo históricamente el emperador Akbar, pero como monumento artístico tiene poco que ofrecer. Los frescos dorados de la sala que alberga el cenotafio están descascarillados y quemados, en un estado de abandono total.
    Continuamos hacia el fuerte Agra, situado a la orilla del contaminado río Yamuna. Construido por Akbar en el periodo 1565-1573, fue sucesivamente ocupado y ampliado por Jahangir y Shah Jahan. Los edificios más sobresalientes dentro del fuerte son el Jahangiri Mahal, Khas Mahal, el viñedo Anguri Bagh, los baños del Sheesh Mahal y Masumman Burj donde Shah Jahan murió cautivo por su hijo Aurangzeb.
    Los extranjeros escasean y una vez en el interior de los edificios turísticos se está de maravilla; el lado negativo es que los que viven de los turistas vendiendo sus postales y guías de bolsillo realmente nos asedian y no nos dejan en paz desde que salimos del coche hasta que regresamos a él. Todos buscan su negocio, es natural. Algunos mendigos exhiben sus horribles deformaciones corporales, a veces, bastante desagradables de ver, como los gigantismos.

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