Otros viajes

República de la India 2002

16 de marzo, Delhi23 de marzo, Kajuraho
17 de marzo, Samode 24 de marzo, Benarés
18 de marzo, Amber, Jaipur 25 de marzo, Benarés
19 de marzo, Jaipur, Fatehpur Sikri, Agra 26 al 29 de marzo, Nepal
20 de marzo, Agra 30 de marzo, Delhi
21 de marzo, Gwalior, Orchha 31 de marzo, Delhi
22 de marzo, Orchha, Kajuraho Datos del vuelo

18 de marzo, domingo.

    Camino de Jaipur visitamos el fuerte Amber. El guía local no aparece, nuestro chofer le llama y resulta que nos estaba esperando en el hotel, le llaman por el móvil y en diez minutos le tenemos aquí.
Subiendo al fuerte Amber a lomos de elefantes
    Subimos la cuesta hasta el fuerte a lomos de un elefante. Nuestro guía habla bastante bien español y frente a la puerta nos cuenta la historia de Ganesh, el simpático dios con cara de elefante que todo el mundo pone en la puerta de casa como protección: la diosa Parvati se estaba bañando, tomó el aceite y los ungüentos usados para el baño y junto con las impurezas que salieron de su cuerpo, hizo la figura de un hombre, a la que dio vida rociándola con las aguas del Ganges. Después lo puso como vigilante en la puerta para prevenir que nadie la viera desnuda mientras se bañaba. Al no permitir que Siva entrara, luchó con él y Siva le cortó la cabeza. Cuando Parvati contó a su marido, Siva, que ella le había ordenado no dejar entrar a nadie, Siva lloró amargamente y mandó que se trajera la primera cabeza que se encontrase, que resultó ser la de un elefante. Siva fijó la cabeza al tronco y Ganesh resucitó.
    Todas estas historias de deidades hindúes son de lo más rocambolescas. Ganesh cuenta con cinco historias conocidas y esta es la más sencilla y comprensible.
    La religión hindú no ha sido revelada como la cristiana, la judía o el islam, sino que es un sistema de creencias sociales y espirituales que ha evolucionado a lo largo de 4000 años. Su panteón está construido sobre unos 330 millones de deidades, nada menos, muchos de ellos son locales y solo conocidos por un puñado de gente. Los hindúes de clase alta bien educados sostienen que estas deidades son manifestaciones del mismo Dios de los cristianos y judíos, pero la mayor parte de la población cree literalmente en los mitos y leyendas como la de Ganesh.
    El fuerte contiene palacios que recuerdan la gloria pasada de la familia real de Jaipur.
    El color original de las casas en Jaipur era el amarillo y se repintó de rosa, el color tradicional de la bienvenida, para la visita del Príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria.
    Jaipur está densamente poblado, no hay más que ver sus calles. En el mismísimo centro, el tráfico está compuesto por cabras, vacas, cerdos, búfalos de agua, camellos, rickshaws, coches, camiones y carretillas con las más variopintas mercancías, todo ello muy estrechamente mezclado, por cierto. Cualquier descripción se queda corta, hay que verlo para creerlo. Lo de las vacas es un caso aparte, se encuentran en el lugar más insospechado, nadie las increpa, pueden hacer lo que les venga en gana, a muchas se las ve descansando en la mediana de la carretera. Es un gran contraste verlas tan tranquilas entre el bullicio del tráfico.
    El amor de los hindúes por las vacas es dificil de entender para un occidental. Los hindúes son capaces de matar por defender sus vacas y lo han hecho muchas veces. Para los musulmanes, sin embargo, son fuente de alimento y los enfrentamientos por este motivo han sido contínuos en la historia de algunos estados de India. Sin embargo, algunos estudios afirman que este amor por las vacas tiene una base más racional de lo que parece. Los agricultores indios no se pueden permitir el gasto de un tractor y las vacas y bueyes son el sustituto ideal por su bajísimo coste y consumo de energía. También producen una cantidad de estiercol nada desdeñable que sirve como fertilizante y combustible para cocinar. La boñiga mezclada con agua se utiliza para recubrir el suelo del hogar y crear una superficie lisa. En definitiva las vacas son un seguro de vida y una fuente de energía de bajo coste muy adecuada a la economía de subsistencia de muchos hogares indios. El tabú del sacrificio de las vacas les evita sacrificar el largo plazo por el corto. Es decir, en caso de sequía o hambruna, la matanza de una vaca les proporcionaría carne para satisfacer las necesidades alimenticias inmediatas pero a largo plazo significa su ruina total. Para los hindúes pobres, las vacas son muchos más valiosas vivas que muertas. Por otra parte, a las vacas no se las puede matar pero sí se permite que las castas más bajas, los intocables, coman su carne una vez muertas. Como se ve el aprovechamiento es total y muy eficiente. Ahora vemos que este tabú de las vacas es en realidad una adaptación a las circunstancias de supervivencia de la gente pobre en India. De igual manera que su vegetarianismo está teñido de razones religiosas pero, en realidad, hay un trasfondo económico: las calorías vegetales son más baratas que las animales.
Las calles de Jaipur, rebosantes de vida
    Conducir en India es todo un arte y lo más curioso es que nadie se enfada. Sencillamente están acostumbrados a este caos que desborda la imaginación. A nosotros nos abruma, nos sentimos incapaces de sumergirnos en esta marea de gente y animales. Da miedo hasta poner el pie en el suelo.
    Afortunadamente, nuestro hotel, el Mansingh Towers, está en una zona algo más tranquila, retirado de la arteria principal.
    Enfrente de nuestro hotel están construyendo otro edificio. ¿Y a qué no sabes quién sube los ladrillos hasta el último piso? Pues a falta de polipastos, las mujeres son quienes acarrean sobre sus cabezas ladrillos y morteros. Los peores trabajos siempre para ellas. ¿Quiénes suelen trabajar en los márgenes de las carreteras llevando piedras? Pues ellas también, por supuesto.
    Por la noche salimos a dar una vuelta por los alrededores del hotel. Torcemos a la izquierda y nos encontramos en una calle de carga y descarga de mercancías, de pobre iluminación; no existe aceras y no se puede pasear tranquilos, siempre estamos pendientes de la trayectoria de todos los vehículos que circulan a nuestro alrededor. El ruido y los humos de los camiones hace que el paseo sea incómodo y desagradable. No llegamos muy lejos, aguantamos solo veinte minutos y regresamos a la tranquilidad y el aire acondicionado del hotel.

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