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Reino de España 2014

12 de abril, Teruel 21 de abril, Sevilla
13 de abril, Teruel 22 de abril, Sevilla
14 de abril, Albarracín, Valencia 23 de abril, Sevilla, Baeza
15 de abril, Valencia 24 de abril, Baeza, Úbeda
16 de abril, Valencia, Elche 25 de abril, Baeza, Toledo
17 de abril, Murcia 26 de abril, Toledo
18 de abril, Cabo de Gata 27 de abril, Toledo
19 de abril, Cabo de gata, Níjar Datos económicos del viaje
20 de abril, Sevilla

26 de abril, sábado

    Llegamos a la plaza Zocodover de Toledo quince minutos antes de la hora señalada para la visita guiada. Nos quedamos asombrados al ver al menos una docena de grupos que esperan a salir con su guía. Ninguno lleva una señal que distinga al guía del guiado. No queda otro remedio que ir de corro en corro y averiguar cuál es el nuestro.
Jamones con chorreras
Por fin los encontramos; menos mal que hemos venido con tiempo. Formamos un círculo alrededor del guía y nos introduce en la historia de la ciudad: "El historiador romano Tito Livio, hace más de dos mil años, fue el primero en mencionar Toledo; la describió como una pequeña ciudad amurallada. Para el siglo II, Toletum era ya una importante ciudad romana. Los visigodos fueron derrotados por los francos en la batalla de Vouillé de 507 y se replegaron hacia Hispania. Gobernaron durante casi siglo y medio —desde 576 a 711— y establecieron su capital en Toledo, sin embargo, han quedado muy pocos vestigios, tan solo unas ruinas en la Vega Baja. Se sabe que, en lo que hoy es la ermita del Cristo de la Vega, se encontraba la antigua basílica de Santa Leocadia, donde se celebraron muchos concilios visigóticos. De hecho, en Toledo se han celebrado nada menos que dieciocho concilios nacionales, el primero en época romana, en 397 y el último en 702. En el Tercer Concilio de Toledo de 589, el rey Recaredo I abandonó el cristianismo arriano —los arrianos no aceptaban la naturaleza divina de Jesús— y se convirtió al catolicismo para así unificar criterios con los hispanorromanos. Los musulmanes conquistaron Toledo en 711 y en 1085 Alfonso VI el Bravo se apoderó de ella y la hizo centro neurálgico de su reino. El emperador Carlos V (1500–1558) la convirtió en centro de su corte y el Alcázar en su residencia aunque, en realidad, viajaba constantemente allá donde surgían problemas. Desde 1525, tan solo visitó Toledo en quince ocasiones. En 1563, su hijo Felipe II (1527-1598) tomó la decisión de trasladar la corte a Madrid, lo que provocó una decadencia que ha durado hasta hace unas pocas décadas; hasta que se decidió convertir a Toledo en un museo y convencer a muchos turistas, personas que ganan dinero en otros lugares, que vinieran a gastar un poco aquí mientras admiran nuestro glorioso pasado".
    —¿Por qué Felipe II trasladó la corte de Toledo a Madrid?
    —Los historiadores creen que la principal razón fue el desafío de la jerarquía eclesiástica a su voluntad. En 1556, para financiar sus guerras, se le ocurrió pedir a la Iglesia parte de las rentas de sus propiedades. ¡Con la Iglesia hemos topado! Inmediatamente, el arzobispo de Toledo ordenó huelga de servicios religiosos durante veinticinco días y no le excomulgó de milagro. A los feligreses de misa diaria, esta huelga les afectó mucho y el rey tuvo que ceder y olvidarse del tema. Tres años después se produjo otro conflicto que de nuevo ganó la Iglesia: aprovechando un incendio que afectó a la plaza Zocodover, Felipe II pretendió modernizar toda la plaza, pero el mezquino cabildo se opuso tajantemente a las mejoras puesto que poseía varios pisos que alquilaba durante las corridas de toros y pensaba que cualquier cambio perjudicaría su bolsillo.
    otra razón pudo ser que Felipe II había viajado por toda Europa y se dio cuenta que el urbanismo medieval de Toledo no estaba a la altura de las ciudades modernas que había visto en Italia, Alemania o los Países Bajos. A los ojos renacentistas de Felipe II, Toledo le parecería una ciudad sucia, vieja y difícil, con calles estrechas, sombrías y tortuosas y encima, muy vulnerable a los incendios y con graves problemas de suministro de agua, que había que subir del Tajo con burros.
    Tras esta introducción, nos ponemos en marcha y empezamos el recorrido turístico en la sinagoga Santa María la Blanca:
Sinagoga Santa María la Blanca
"Se cree que fue pagada y mandada construir en 1180 por un rabino —el principal líder de la comunidad judía— que trabajaba como recaudador de impuestos para el rey de Castilla Alfonso VIII (1155-1214). Coincidió con una época de gran esplendor cultural donde coexistían pacíficamente cristianos, judíos y musulmanes. Alrededor de 1409, fray Vicent Ferrer —muy conocido en Toledo por su obsesión con la llegada del Anticristo y el fin del mundo—, en un arrebato de oratoria desde su púlpito de Santiago del Arrabal, exaltó tanto a su feligreses que se fueron todos a la sinagoga y, afortunadamente sin violencia, la consagraron como iglesia cristiana, por la jeta —hoy en día todavía pertenece a la Iglesia—. Del año 1487 nos han llegado escritos que denunciaban a los capellanes que la dirigían por el robo de dos tercios o más de las rentas que producían unas casas adosadas a la antigua sinagoga. Parece también que se permitía que los judíos la utilizaran en sesión nocturna. En 1550 se renovó el edificio para cubrir los letreros en hebreo, pintar de blanco y añadir un pequeño retablo. Luego se dedicó a beaterio para reconducir a las prostitutas por la senda de la honestidad, eso fue hasta que se cerró en 1600 por falta de "aspirantes". En 1791 se utilizó como cuartel y se deterioró bastante. Siete años más tarde se usó como almacén y en 1851 la Comisión Provincial de Monumentos de Toledo procedió a su restauración".
    Seguimos la visita con el monasterio franciscano de San Juan de los Reyes Católicos, casi al lado de la antigua sinagoga: "A partir del siglo XVI, no había orden religiosa que no tuviera su sucursal en Toledo. Los franciscanos no
Claustro del monasterio San Juan de los Reyes
querían ser menos y la reina Isabel les compró dos casas señoriales para que construyeran un monasterio, pero no uno cualquiera, sino uno que cumpliera la función de panteón de los Reyes Católicos y también que recordara la batalla de Toro de 1476, decisiva para que Isabel se hiciera con el trono de Castilla. La construcción se comenzó hacia 1477. En la decoración interior la reina Isabel se simboliza por haces de flechas que representan la unión de fuerzas y por la "Y" inicial de su nombre Ysabel, en la grafía de la época. Su primo y esposo, Fernando II de Aragón, se simboliza con la "F" y por el yugo con el lema "tanto monta" —abreviación de "tanto monta cortar como desatar"— que alude al episodio mítico del nudo gordiano cortado por Alejandro Magno con su espada —en vez de desatarlo con sus manos, que era lo que se esperaba—. El nudo gordiano simboliza que el fin justifica los medios y, en este caso, significa la prioridad de la razón de Estado sobre cualquier otra consideración. Una triste idea que inspiró el pensamiento político de Maquiavelo. Esas cadenas que cuelgan de los muros exteriores, y que tanto llaman la atención, se supone que datan de 1494 y recuerdan a los cristianos liberados de los moros tras las conquistas de ciudades como Alhama, Almería, Baeza, Málaga y Ronda, aunque seguro que no son las originales porque el monasterio fue quemado y convertido en ruinas durante la ocupación de las tropas de Napoleón en 1808. Al final, los Reyes Católicos no fueron enterrados aquí, cambiaron de idea tras la conquista de Granada en 1492 y sus cuerpos yacen en la catedral de Granada".
    La corrupción política que tanto nos indigna estos días no es nueva, ya en el año 1500, los Reyes Católicos emitieron una ley que mandaba a gobernadores y alcaldes que no gastasen los dineros en fiestas, ni comidas ni bebidas, ni en cosas ajenas al bien común de la ciudad, so pena de responder con sus propios bienes; y que no aceptaran ni gallinas, ni perdices, ni besugos, ni carneros. También les preocupaba la corrupción urbanística ya que los concejales de obras de los ayuntamientos recibían dineros de los maestros de obra y oficiales para que les otorgaran los trabajos. A veces se recaudaban impuestos especiales para realizar obras públicas que jamás se llevaban a cabo. otro problema era la subcontratación: algunos "contratistas" eran expertos en hacerse con obras en las subastas para después traspasarlas, cobrando una comisión y restringiendo el libre mercado y la innovación. Estas subcontrataciones hacían que maestros y oficiales cobraran menos, lo que repercutía en la calidad del acabado final. Y es que la picaresca nunca nos ha abandonado, fijaros: cuando como consecuencia de la falta de espacio para edificar aparecieron los cobertizos —que sobresalían de la pared y alcanzaban la pared opuesta formando un puente sobre la calle— se intentó eliminarlos con una ley que decía que los cobertizos no debían tener una altura que impidiera a un caballero avanzar montado sobre su caballo empuñando una lanza en vertical; la picaresca hizo que en vez de eliminar los cobertizos se bajara la cota del terreno. Como se suele decir: hecha la ley, hecha la trampa.
    Disponemos de una hora escasa para comer algo antes de la próxima visita guiada, así que nos acercamos de nuevo al restaurante Alqahira pero, ¡qué lástima!, está lleno. Nos conformamos con un bocata de jamón en el bar de al lado, el Café del Kasco.
    A las cuatro hemos quedado en la puerta de la catedral y aquí estamos, puntuales. Seguimos:
Ana Alcaide con una viola de teclas, instrumento tradicional sueco
"Cuando Toledo cayó en manos de Alfonso VI se aprovechó la mezquita mayor para el culto cristiano, incumpliendo los acuerdos de capitulación de respetar los lugares de rezo islámico. Más tarde, hacia 1227, durante el reinado de Fernando III el Santo, se derribó para construir la catedral cuyas obras se alargaron hasta 1493. Es importante saber que las catedrales eran mucho más que un centro espiritual, también un motor económico, tanto durante su construcción —movían una cantidad enorme de personas y materiales— como una vez terminadas e instaladas las reliquias, a través de la peregrinación y su mantenimiento. El gasto del mantenimiento de la catedral lo pagaba la gente con el obligatorio diezmo —¡el diezmo o la excomunión!, decía el concilio de Trento—. Este impuesto eclesiástico estuvo vigente desde principios del siglo XII hasta la primera mitad del siglo XIX y consistía en un décimo de la producción agrícola o de los beneficios anuales".
    "En el Medievo, la Iglesia era imaginada como una comunidad compuesta por los vivos y los muertos que estaban, o en el cielo o en el purgatorio. Vivos y muertos interactuaban entre sí y se ayudaban por la oración. Los vivos rezaban por los difuntos para acelerar su entrada en el cielo. Cuanto más rezo mejor, así, en las capillas, que pertenecían siempre a la clase adinerada, era normal que se celebraran varias misas diarias por los finados. Además, los vivos estaban convencidos de que tanta oración forzaba a los santos a interceder por ellos librándolos del mal. La creencia en esta interacción entre vivos y muertos era incuestionable. En aquellos tiempos, la irracionalidad y el esoterismo impregnaba la mente de los españoles; incluso en 1850, el número de analfabetos alcanzaba el 75 % de la población y el clero bien se ocupaba de prohibir todo libro que abriera la mente y el espíritu crítico a los pocos que tenían acceso a ellos".
    La sacristía de la catedral es como un pequeño museo de pintura, ¡y qué pinturas!: la estancia está presidida por El expolio de Cristo de El Greco. Veamos lo que nos cuenta el guía: "Este cuadro fue el primer encargo del cabildo a Doménikos y no gustó nada porque lo habitual era que la cabeza de Jesús siempre se situara por encima de las demás y encima la Virgen María aparece como arrinconada en el extremo inferior. Además, ¿dónde dice en la Biblia que la Virgen estuviera presente? ¿Y el tipo de la armadura, qué pinta en una escena de hace quince siglos? ¡Qué escándalo! No le pagamos. En aquella época los pintores no eran considerados artistas sino meros artesanos, poco más que un carpintero, así que justificarse en la libertad creativa no colaba —Beethoven fue el primero en exigir compartir mesa con los nobles, hasta entonces, los músicos comían en la cocina, con el servicio—. El Greco reclamó 900 ducados durante el pleito y finalmente solo consiguió 350. ¡Pobre Doménikos!, nunca se imaginó que sus cuadros, que tanta controversia causaron en su época —tuvo innumerables pleitos por el precio de sus cuadros y murió arruinado—, serían adorados en la posteridad. El objetivo de El Greco (1541-1614) cuando vino a España era trabajar para Felipe II durante la construcción del Escorial, pero empezó mal: al rey no le gustaron ni El martirio de san Mauricio ni La adoración del nombre de Jesús, los dos cuadros que pintó para él, así que se marchó a Toledo —sede del poder eclesiástico— a probar fortuna, ".
    Ahora visitamos la parroquía de Santo Tomé, donde se se encuentra la obra más conocida de El Greco: El entierro del señor de orgaz. "Este cuadro tiene su historia: en 1323, el Conde de orgaz es enterrado en la iglesia de Santo Tomé con la condición de que se pague cierta cantidad anual por ocupar tan privilegiado lugar y por los periódicos rezos por su alma. Lo habitual. Sin embargo, dos siglos después, sus sucesores se niegan a seguir pagando. El párroco pleitea, gana el juicio y para, de alguna manera, compensar a los familiares y resaltar la necesidad de practicar la caridad para alcanzar la salvación del alma, encarga a El Greco un cuadro que recuerde el milagro que ocurrió durante el entierro del Conde: se ve que era tan buena persona, un santo, vaya, que los mismísimos san Agustín y san Esteban descendieron del cielo para enterrarlo con sus propias manos. El cuadro también fue motivo de pleito: la primera tasación fue de 1200 ducados y como al párroco de Santo Tomé —donde aún reside el cuadro— le pareció un exceso, pidió una segunda, que ascendió a 1600. Al final, aceptó los 1200.
    Al cuerpo de El Greco se le perdió la pista, se cree que lo enterraron en el convento de Santo Domingo, pero su hijo Jorge Manuel sacó el cuerpo y lo trasladó a la iglesia de San Torcuato, que se incendió y se perdieron sus restos. Este Jorge Manuel fue arquitecto y pintor, hizo la capilla mozárabe y la segunda planta del ayuntamiento".
    "Al lado de El expolio pueden ver El prendimiento de Cristo, de Goya, y también el San Juan Bautista de Caravaggio y otras obras de pintores muy conocidos como Rubens, Velázquez, Tiziano, etc. En la bóveda de la sacristía ven un fresco de Luca Giordano, pintó el tema favorito de la catedral: la Virgen María imponiendo la casulla a san Ildefonso. Esto de la pintura al fresco no es técnica fácil: hay que aplicar las pinturas sobre una pared aún húmeda y a contrarreloj, antes de que seque y además, luego ya no se puede retocar. otro factor que lo complica es que los colores cambian durante el secado de forma impredecible. Lo bueno es que dura siglos y siglos".
    Al pasar junto a la torre de la iglesia de Santa Leocadia, nuestro guía hace una breve parada: "Aquí, en ese edificio amarillo vivió Paco de Lucía y la mexicana Gabriela. Compró la casa en 2001 buscando tranquilidad e inspiración para componer, además tenía el aeropuerto de Madrid a cuarenta y cinco minutos. En realidad, no se integró en el ambiente cultural de la ciudad, se le veía muy poco porque pasaba grandes temporadas en Yucatán, su refugio favorito, gozando del mar y de la pesca submarina, su verdadera afición".
    En toda España solo tres sinagogas medievales se han conservado completas: la de Córdoba y las dos de Toledo, Santa María la Blanca y la Sinagoga del Tránsito. Cuando se habla de una sinagoga no hay que pensar en edificios monumentales, para los judíos una casa o una habitación era suficiente; lo mandatorio era que en la reunión hubiese al menos diez personas con la mayoría de edad religiosa cumplida —doce años para las mujeres y trece para los varones—. Los carteles de las paredes te cuentan el origen de la sinagoga, su arquitectura, las tradiciones judías, el calendario lunisolar. Aquí pone que los judíos creen que su Dios creó el mundo el siete de octubre de 3760 AEC, según eso estamos en el año 5773 del calendario judío. otra curiosidad: los judíos no cuentan los días desde las doce de la noche; para ellos el día comienza al anochecer. También se explican algunas de sus peculiaridades gastronómicas, el éxodo y el asentamiento en Canaán, la centralización del culto en Jerusalén, la destrucción de Jerusalén por Nabuconodosor en 587 AEC, el exilio hacia Babilonia y Egipto, sus luchas para no ser absorbidos por la cultura griega, la vida bajo el imperio romano, el surgimiento de las sectas dentro del judaísmo como los saduceos, fariseos, cristianos, esenios y zelotes, las revueltas contra Roma, la caída de Jerusalén en el año 134, etc. Es una lástima que no reúnan todas estas explicaciones en un librito, que al módico precio de unos pocos euros podría suponer un buen servicio a los turistas a la par que unos ingresos extras.
    La visita nocturna empieza a las nueve e incluye el Pozo del Salvador. Se descubrió en 2002 mientras picaban el subsuelo para instalar contenedores de basura. En realidad, se trata del aljibe de un convento de las Trinitarias del siglo XII, más tarde se empleó como depósito de materiales.

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