Los viajes de Mariano

Reino de España 2014

12 de abril, Teruel21 de abril, Sevilla
13 de abril, Teruel 22 de abril, Sevilla
14 de abril, Albarracín, Valencia 23 de abril, Sevilla, Baeza
15 de abril, Valencia 24 de abril, Baeza, Úbeda
16 de abril, Valencia, Elche 25 de abril, Baeza, Toledo
17 de abril, Murcia 26 de abril, Toledo
18 de abril, Cabo de Gata 27 de abril, Toledo
19 de abril, Cabo de gata, Níjar Datos económicos del viaje
20 de abril, Sevilla

22 de abril, martes

    La catedral de Santa María de la Sede de Sevilla es una exageración de tamaño, la mayor de España y el cuarto edificio cristiano más grande del mundo, por detrás de las católicas San Pedro de Roma y Nuestra Señora Aparecida de Brasil y la anglicana San Pablo de Londres. Cuando Fernando III conquista Sevilla en 1248 se encuentra con la mezquita mayor que habían construido los almohades en 1182 y decide convertirla en templo cristiano realizando unas pequeñas transformaciones. Se respeta el alminar, el Patio de los Naranjos —aquí se lavaban los musulmanes antes de entrar a la mezquita— y la Puerta del Perdón. El terremoto de 1356 deja la catedral en estado ruinoso. En 1401, el cabildo catedralicio decide construir una nueva catedral que active el comercio y la economía, muestre el poder de la Iglesia, cuyas normas controlan la sociedad de entonces —obsérvese el paralelismo entre cristianismo y catedrales con nuestro actual capitalismo y los rascacielos— y, sobre todo, sea motivo de orgullo para Sevilla. Para la financiación confían en las donaciones de los creyentes, de los titulares de las capillas, en las rentas de las tierras propiedad de la Iglesia y en la estafa de la venta de indulgencias
    Mientras hacemos cola para comprar las entradas nos fijamos en las ciento cincuenta y siete columnas unidas con cadenas que rodean la catedral; antiguamente indicaban el límite jurisdiccional de la Iglesia y cuando un delincuente se refugiaba en una iglesia se pasaba allí semanas y hasta meses. Asilo en sagrado, lo llamaban.
    La entrada cuesta ocho euros, ni una rebajita a pesar de que el retablo y el facistol del coro están en restauración. Tampoco hay audioguías, se han acabado. Vaya negocio. ¿Y cómo me entero yo de los detallitos que a mí me gustan? Por ejemplo: ¿cuál es el significado de esa talla de la sillería del coro que parece una mujer vuelta hacia arriba y que sobresale entre tantas figuras grotescas?

Detalle de la sillería del coro de la catedral de Sevilla

    La cantidad y calidad de los tesoros artísticos que guarda esta catedral es incalculable: pinturas de Zurbarán, Murillo, Pacheco..., custodias, retablos, capillas, esculturas, el tenebrario, la tumba de Colón, la de su hijo Hernando, las vidrieras, etc. Encuentras una maravilla allá donde mires. Poniendo la oreja a lo que dice una guía me entero que en la Edad Media no había bancos corridos dentro de las iglesias —ni en las casas particulares, su papel lo hacía las arcas y arcones—. Las iglesias funcionaban como lugar público de encuentro. En ellas los gremios celebraban sus reuniones, los vecinos trataban los asuntos del barrio y se reunía el pueblo entero en las grandes fiestas religiosas. Aquí se dormía, se comía y hasta entraban con animales como perros o halcones.
    Para hacer el campanario de la catedral se aprovechó el alminar de la mezquita, de finales del siglo XII, y se añadió el tercio superior para albergar las campanas. El nombre de Giralda se lo da la veleta superior, el giraldillo, que se apoya sobre una esfera llamada tinaja. Al campanario se sube, no por escaleras, sino por unas rampas, y no es que ya estuvieran pensando en los turistas discapacitados, no, era porque el almuédano —el encargado de convocar a la oración— subía a caballo. Sólo hay escaleras en los últimos metros. Merece la pena subir al campanario para echar unas fotos y fijarse también en el entramado de refuerzos antisísmicos de la nave.
Sombreros sevillanos
    Comemos en el Alfonso XIII —croquetas de caña de lomo, pastela marroquí, solomillo de buey y tarta artesana— y después paseamos por las calles Sierpes y Tetúan. La calle Sierpes tiene categoría de monumento: Cervantes pasó aquí varios meses en la inmunda Cárcel Real por robo —trabajaba como recaudador de impuestos— e ideó el Quijote durante su estancia. Llegamos al parque de María Luisa donde, a pesar de existir varios kioscos con servicios, todos están cerrados, ¡qué rabia! Tengo que buscar un bar o restaurante cercano. La terraza de La Raza sirve para tomarnos un zumo de naranja y utilizar el servicio. Nos mercamos unos pasteles que llaman cervantinos.
    En España todo el mundo conoce el dicho: "El que fue a Sevilla perdió su silla". En realidad, el refrán original era: "El que se fue de Sevilla perdió su silla". El refrán se basa en un hecho histórico sucedido de la época de Enrique IV (1454-1474) que viene bien explicado en wikipedia. No tiene desperdicio, puedes leerlo aquí.
    Es asombrosa la cantidad de escaparates que se ven en Sevilla con artículos relacionados con la Semana Santa. ¡Qué afición! Para mí, es difícil de entender. ¿Realmente los sevillanos creen de verdad en la existencia de deidades con poderes sobrenaturales? El Centro de Investigaciones Sociológicas dice que, según datos de finales de 2014, un 70 % de la población se define como católicos, sin embargo, sólo un 9,8 % de la población total asiste a misa los domingos y un 43 % jamás pisa una iglesia. Como siempre, a mayor nivel de estudios menor creencia en dioses, a menor edad también y el número de ateos dobla el de ateas. Eso, a nivel nacional. ¿Y en Sevilla qué, son más o menos religiosos que la media? Los resultados son casi idénticos a la media nacional, así que podemos concluir que muchas de las personas que abarrotan las calles durante las procesiones de Semana Santa carecen de sensibilidad religiosa, pero acuden a las procesiones por su carácter de espectáculo cultural o porque pasaban por allí, como nosotros.
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