Reino de España 2014

12 de abril, Teruel21 de abril, Sevilla
13 de abril, Teruel 22 de abril, Sevilla
14 de abril, Albarracín, Valencia 23 de abril, Sevilla, Baeza
15 de abril, Valencia 24 de abril, Baeza, Úbeda
16 de abril, Valencia, Elche 25 de abril, Baeza, Toledo
17 de abril, Murcia 26 de abril, Toledo
18 de abril, Cabo de Gata 27 de abril, Toledo
19 de abril, Cabo de gata, NíjarDatos económicos del viaje
20 de abril, Sevilla

14 de abril, Lunes Santo

    En cuanto aparco en la parte baja de Albarracín, lo primero que llama mi atención es el acotado de mosca del Guadalaviar (Río Blanco, en árabe). Es un río de aguas cristalinas, ideal para la pesca a pez visto. Recorro unos metros por el paseo fluvial y enseguida distingo media docena de alevines. En los remolinos de una corriente que desagua en una poza de aguas color turquesa, diviso el perfil oscuro de una pintona racionera. Detrás de mí ya se calza las botas un pescador. ¡Qué envidia! Me dice que en abril se pescan buenas truchas, aunque son repobladas; truchas bobaliconas, sin maliciar, que entran al señuelo con facilidad. Sería genial poder echar unos lances, pero no es posible; con la aparición de las diecisiete comunidades autónomas en 1981, desaparecieron las licencias nacional y regional, esta última permitía pescar en las provincias limítrofes. Ahora, cada autonomía emite la suya y para pescar en toda España tendría que sacar unas trece licencias, lo que supone una sangrante multiplicación de gastos y burocracia. Casi mejor. Así, ganan las truchas.

Albarracín

    Dejamos el coche junto al paseo fluvial y subimos hasta el Centro de Información. La visita guiada sale en pocos minutos. Nos hemos juntado docena y media de turistas. Nubes y claros en el cielo. A la sombra se queda uno tieso como un churro. Diana, nuestra guía, nos lleva al sol para darnos una pequeña introducción: "La historia de esta pequeña ciudad, que ahora apenas llega a los mil habitantes, comenzó a ser interesante tras la disolución del califato cordobés en 1031, cuando la dinastía musulmana de los Banu-Razín, ya asentada en Albarracín desde hacia tiempo, convirtió estas tierras en su pequeño reino de taifa independiente. Con Abenamar (1031-1086) este territorio alcanzó un gran esplendor, siendo centro de cultura y refinamiento. En 1170, Muhammad ibn Mardanis, conocido como el Rey Lobo, regaló el territorio al mercenario Pedro Fernández de Azagra, Señor de Estella, como pago por los servicios militares contra los almohades. Convertido en Señorío de Albarracín, se repobló con navarros. Al ser un territorio situado entre los poderosos reinos de Castilla y Aragón se vio sometido a continuos asedios por parte de ambos. Por fin, en el siglo XIV, Pedro IV, llamado "el Ceremonioso", la conquista y la anexiona a la corona de Aragón, y se compromete a respetar sus fueros y a garantizar su independencia administrativa y judicial. En el siglo XVI, Felipe II abolió los fueros y perdió libertad, aunque ganó en prosperidad y desarrollo económico. En su periodo de esplendor consiguió incluso tener sede episcopal —hoy compartida con Teruel—, por lo que posee catedral".
    Después de la clase de historia pasamos a visitar la ciudad. Empezamos por la catedral de El Salvador, austera, muy del estilo aragonés. Diana continua: "La primera catedral se edificó en el siglo XII, pero la que ustedes ven ahora se construyó encima y es del XVI.
Kiosko de la pila bautismal y la Virgen de Porcelana
El equipo de restauración trabaja actualmente en el muro lateral y se han descubierto antiguas pinturas que habían quedado cubiertas por capas de yeso; las tapaban porque el estilo estaba pasado de moda o no eran del gusto del prelado. El retablo de la capilla de san Pedro se atribuye a Gabriel Yoly, lo talló en madera de pino, sin aceites ni barnices. El retablo mayor también se hizo en madera. Luego, con la llegada del barroco, se pintó, pero un siglo después. No, aquí no ataca la carcoma, hace demasiado frío. Vean el facistol, donde se pone el libro de cantos, es de roble rebollo, madera poco frecuente. Esa cubierta de tantos colores es la funda de la pila bautismal, un invento del siglo XIX".
    "Desde el mirador de la catedral, extramuros, pueden ver el barrio de la judería. Estamos ahora en la calle Azagra, es tan estrecha que nunca entra ni el sol ni la nieve. Verán que las vigas y columnas de las casas son de madera. El color asalmonado tan particular de las casas en Albarracín se debe a que las vetas de yeso contienen impurezas en forma de óxido de hierro. Dicen también que conforme pasa el tiempo y le va dando más el sol se va volviendo más rojiza. Los dos tipos de yeso, el rojo y el blanco o azulete, se fabrican siguiendo las técnicas tradicionales: la veta se extrae de unas canteras próximas, se muele y se introduce en hornos abovedados para eliminar la humedad. Luego se muele de nuevo, se criba y se envasa".
    "Ahora van a ver la única casa que no es rosa, sino azul. Esta casa perteneció a la familia aristocrática de los Navarro Arzuriaga, que la compraron en 1669. Se cuenta que un descendiente de los Navarro se enamoró de una
Casa-Palacio de los Navarro Arzuriaga
mujer andaluza que añoraba mucho su tierra, para agradarla, el noble mandó pintar la casa de azul para que le recordara a su amada las casas del sur. La historia es muy bonita pero completamente falsa. El color azul era típico de las casas aragonesas antiguas, aunque en realidad, este azul desteñido tampoco corresponde con el azul aragonés, es simplemente el color que escogieron sus propietarios. En la Guerra Civil, el ejército nacional la requisó y estableció una comandancia. Al terminar la guerra, la casa estaba tan deteriorada que permaneció cerrada hasta 1971, entonces el propietario, nieto de la última Arzuriaga, la vendió al Ayuntamiento. En 1980 se desechó la idea de construir un Parador Nacional de Turismo y el Ayuntamiento la vendió a un particular. Los propietarios hicieron muchas reformas y se perdió la estética original aunque, básicamente, su actual aspecto exterior corresponde a la ampliación y reforma que se hizo a finales del XVIII o principios del XIX".
Casona con ajimez
    "Los trabajos de hierro forjado son espectaculares tanto en las ventanas como en los balcones. fíjense que las ventanas son siempre pequeñas, es porque no interesaba que entrara el frío del invierno ni el calor del verano".
    "Esa casa de paredes convexas probablemente es la más fotografiada de toda Albarracín, se llama la Casa de la Julianeta, que por ese nombre atendía la hija del dueño, es del siglo XVI, y fíjense, los troncos de madera que hacen de forjado la atraviesan como si fueran sables. Salimos por el portal de Molina, se llama así porque da hacia Molina de Aragón que, a pesar del nombre, pertenece a Guadalajara; se dice que fue conquistada por el rey de Aragón pero posteriormente se la jugó a las cartas con el rey de Castilla".
    "Junto al restaurante El Portal pueden ver una de las casas más peculiares: llama la atención la aldaba de la puerta, en forma de pene erecto, con testículos y todo, y también esa ventana con celosía que permitía ver sin ser visto, se llama ajimez y era propio de las casas de familias musulmanas".
    "Por cierto, ¿sabían que en España hay más de dos mil personas que se apellidan Albarracín?"
    Con este paseo se nos ha abierto el apetito. Entramos en el restaurante La Alcazaba. Nuestro plan es tomar un menú del día ligero para marcharnos enseguida hacia Valencia, pero el señor se empeña en explicarnos los diferentes platos del menú con pelos y señales. Me parece muy positivo que enumere los componentes de cada plato, —ojalá lo hicieran todos los restaurantes para evitar problemas a las personas que tienen manías con determinados ingredientes—, pero... ¿no ahorraría tiempo y energías escribiéndolo en un papel? Sobre todo, cuando él es el único camarero y además atiende la barra. Yo elijo una sopa de ajo y codornices escabechadas y mi mujer una parrillada de verduras y una ensalada. Todo estupendo.
    No pisaba Valencia desde hace veintiséis años y al entrar por la Pista de Llíria me quedo asombrado ante su enorme desarrollo urbanístico: las impresionantes avenidas y rascacielos, glorietas monstruosas con esculturas no menos monstruosas, amplias aceras, centros comerciales, parques tecnológicos y empresariales. El crecimiento de Valencia en esta primera década del siglo XXI ha sido espectacular. Desgraciadamente, a Valencia se la conoce, más que por sus Fallas, su Ciudad de las Artes y las Ciencias, su catedral, su Lonja, su Mercado Central o su cauce del Turia, por el robo del dinero de los valencianos realizado por el Partido Popular, un partido fundado por siete jerarcas de la dictadura, que lleva gobernando casi dos décadas en la Comunidad Valenciana y cuyos imputados por corrupción sobrepasan el centenar. Y no es la comunidad con mayor corrupción: Andalucía, gobernada durante tres décadas por el PSoE (Partido Socialista obrero Español), se lleva la palma en número de imputados. Estos dos partidos, que se alternan en el poder periódicamente a nivel nacional —y se reparten los puestos del Consejo del Poder Judicial, tranquilamente oye, como si fuera lo más normal del mundo— funcionan en la práctica como organizaciones criminales que utilizan la política de tapadera. La sensación es que los políticos constituyen una casta privilegiada y endogámica cuya principal misión es la de ejercer de ladrones de guante blanco —los libros "La casta", de Daniel Montero o "Los privilegiados", de Yolanda González, retratan los abusos de poder, las increíbles prebendas y exenciones que disfrutan los políticos—. Es triste comprobar que el índice de percepción de la corrupción de Transparencia Internacional nos coloca en el puesto treinta y siete, justo por encima de la República Dominicana.
    Nos alojamos en el Eurostars Gran Valencia, en Benicalap. Enfrente, el nuevo estadio Mestalla parece casi terminado pero, según nos informan en la recepción, lleva cinco años con las obras paradas. El Valencia Club de Fútbol sufre una deuda de más de quinientos millones de euros, que se dice pronto. Pensaban financiar el estadio con la venta del solar del viejo Mestalla, pero la crisis inmobiliaria les explotó de lleno y las parcelas bajaron de precio, y ahí está, esperando mejores tiempos.
    El día es soleado y la temperatura deliciosa, y como aún tenemos unas horas hasta el anochecer salimos hacia La Albufera. En el cristal de nuestro coche encontramos cuatro tarjetas con publicidad de servicios sexuales: "Masaje con final feliz", "Las tentaciones son para caer en ellas", "Desde 30 euros. Salidas a hoteles. Todos los servicios", "Masajes orientales y eróticos", "Novedad: Leticia. Veinticinco años. Francés completo y natural. Desde veinte euros". La normativa municipal prohíbe anunciar este tipo de servicios pero ahí están, y son realmente insistentes, cada vez que montamos al coche encontramos media docena de tarjetas. Ésta es una zona con muchos hoteles de negocios y, claro, resulta propicia para encontrar clientes.
    En El Palmar, casi todos los restaurantes están cerrados y las calles solitarias, sin actividad, quizá por ser lunes. Tras mucho andar y preguntar, por fin, damos con uno abierto: el Llar del Pescador. Probamos el arroz con carabineros y el all i pebre —ajo y pimentón— de anguilas. Antes, la gente de aquí vivía en el invierno de la pesca —lubina y anguilas— y en el verano de la agricultura, ahora el turismo es la actividad principal: paseos románticos en barca con cata de vinos, visitas a barracas, museos, etc.

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