Reino de España 2014

12 de abril, Teruel 21 de abril, Sevilla
13 de abril, Teruel 22 de abril, Sevilla
14 de abril, Albarracín, Valencia 23 de abril, Sevilla, Baeza
15 de abril, Valencia 24 de abril, Baeza, Úbeda
16 de abril, Valencia, Elche 25 de abril, Baeza, Toledo
17 de abril, Murcia 26 de abril, Toledo
18 de abril, Cabo de Gata 27 de abril, Toledo
19 de abril, Cabo de gata, Níjar Datos económicos del viaje
20 de abril, Sevilla

12 de abril, sábado

    En el casco histórico de Teruel es complicado estacionar, así que el propietario del hotel El Mudayyan nos recomienda dejar el coche en el aparcamiento de la estación de trenes, que caben hasta setecientos coches —¡será exagerado, el tío!— y encima no hay que pagar un euro.
    El fuerte desnivel, de unos veinte metros, entre la estación y el casco viejo se salva con un par de ascensores o, también, si estás en forma, mediante una escalinata muy llamativa, extraña mezcla de mudéjar y modernismo, que presta servicio desde mediados de 1921. Esta escalinata fue obra de José Torán de la Rad (1888-1932), un ingeniero de caminos, hijo de banquero, que llegó a ser alcalde de Teruel. Casi coronando la escalinata del Óvalo, un altorrelieve de Aniceto Marinas (1866-1953) recuerda a los Amantes de Teruel. Encima, el escudo de la ciudad, con el toro y la estrella, que representa la fundación de la ciudad, los cuatro palos de gules sobre campo dorado de la bandera de Aragón y, en la parte inferior del escudo, el cañón y dos balas cruzadas.
Casa de estilo modernista en Teruel
    Justo cuando nos estamos registrando, se escucha la inconfundible música de una banda de bombos, cornetas y tambores, que pasa por delante del hotel. Los músicos son jovencísimos; el relevo generacional parece garantizado, tenemos procesiones de Semana Santa para rato.
    Según caminamos hacia la Plaza del Torico nos llama la atención la balconada blanca de la casa Ferrán. Más extravagante aún es la Casa El Torico, ya en la propia plaza. Son edificios modernistas que el catalán Pablo Monguió, discípulo de Gaudí, construyó entre 1910 y 1912 para la burguesía pujante de la época.
    En la Plaza del Torico ya espera bastante gente el desfile de las bandas de música que suelen acompañar a las cofradías y hermandades en las procesiones de Semana Santa. Sólo he visto una procesión en toda mi vida, en mi Portugalete natal, debía tener yo seis o siete años; recuerdo a los nazarenos desfilando descalzos sobre el suelo mojado, con antorchas en la mano y las caras ocultas tras un capirote fantasmal mientras bajaban la Cuesta de las Maderas. Los redobles de los tambores todavía resuenan en mis oídos. Y aquel muñeco con barbas con la corona de espinas sobre la frente ensangrentada y la cruz a cuestas. Tan solemne todo, tan... terrorífico. Y encima de noche. ¡Qué miedo pasé! Nunca más. La última procesión se celebró en 1967. Desconozco las razones de la desaparición de esta tradición de la mayor parte de los municipios del País Vasco; no creo que fuera por falta de interés de la ciudadanía, yo la recuerdo multitudinaria. En Teruel, sin embargo, la tradición se mantiene viva: desde mañana, Domingo de Ramos, hasta el Domingo de Resurrección, los turolenses cuentan con quince procesiones, dos retretas y un piadoso vía crucis. Ahora mismo, para abrir boca, está programada una "Exaltación de los instrumentos de Semana Santa", a cargo de las bandas de cornetas, tambores y bombos de las cofradías y hermandades turolenses.
    ¿Y qué diferencia una cofradía de una hermandad? Antiguamente, las cofradías reunían a gente con intereses similares, por ejemplo: la cofradía de los ferroviarios, pescadores, estudiantes, etc. Por contra, en las hermandades cabía todo tipo de personas. Hogaño ya no existe diferencia social ni jurídica entre cofradía y hermandad, todo el mundo es bienvenido.
    El origen de las procesiones es anterior al cristianismo, aunque las procesiones específicas de Semana Santa surgieron a finales del siglo XIII, vinculadas con las órdenes mendicantes de dominicos y franciscanos. Al principio se componían sólo de penitentes que se autoflagelaban hasta sangrar, como hacen todavía los picaos de San Vicente de la Sonsierra, en La Rioja. La incorporación de las imágenes, tal y como se concibe ahora, no llegó hasta el siglo XVII y tenían un carácter didáctico, ya que la mayoría de la gente era iletrada. El acompañamiento musical también llegó en esa época: se dice que un cura de Alcañiz, el Viernes Santo de 1678, tuvo la ocurrencia de acompañar la procesión con tambores, se supone que para dar más solemnidad al desfile, como se hacía con los reos que conducían al patíbulo. La idea cuajó y se extendió por toda la comarca.

Cofradía de la Oración de Jesús en el Huerto desfilando por la Plaza del Torico

    En la Plaza del Tórico todo está preparado para la tamborrada; la casta política ya descansa sus nalgas en sillas de escay en un espacio acordonado y tras un breve pregón, comienzan los desfiles. La Asociación Ciudad Mudéjar es la primera en tocar y luego le siguen nueve bandas más. Vemos las tres primeras y luego nos dirigimos a la iglesia de San Pedro. El precio de la entrada incluye el mausoleo de los Amantes de Teruel, el claustro, el ábside, la torre mudéjar y ánditos. Sabemos que no tenemos tiempo para verlo todo, no importa, lo que no podamos hoy, mañana. Nos juntamos un montón de turistas, todos españoles. Atentos a lo que nos dice la guía: "La iglesia de San Pedro es el conjunto de arquitectura mudéjar más completo de la ciudad. Las obras de la iglesia comenzaron en 1196 pero lo que ven hoy en día es mayormente del siglo XIV y XV, ya no queda nada del antiguo templo.
Interior de la iglesia de San Pedro
Los elementos mudéjares se aprecian muy bien en el exterior: los ladrillos, la cerámica verde y blanca del ábside y, sobre todo, la torre. También hay muchos elementos góticos porque era el estilo de moda cuando se construyó. Por razones económicas no se pintó el retablo principal, estaban en crisis, como ahora. A pesar de ello, fíjense en la impresión de dinamismo que despiden los pliegues de las túnicas. Sin embargo, el retablo de san Cosme y san Damián, los Santos Médicos, data de la misma época que el retablo principal y está pintado, cosa rara en una obra de Gabriel Yoly. En 1876 cayó un rayo en la torre y ocasionó muchos desperfectos. Se empezó con una pequeña reparación y se acabó redecorando la mayor parte; de hecho, casi todo el interior se remonta a finales del siglo XIX y del XX. La decoración es muy oriental, ¿no les parece? ¿De qué material creen que es la parte baja de las paredes? Parece mármol, ¿verdad? Pues no, en realidad, se trata de hormigón mezclado con pintura. ¿A que da el pego? Atentos a la verja de hierro forjado del coro, una obra de arte. Los forjados de hierro son muy representativos de Teruel, advertirán que se hallan presentes en toda la ciudad, sobre todo, en las balconadas de los edificios modernistas como la casa Bayo, la escalinata y la catedral. Gran parte de esos trabajos en hierro pertenecen al taller de Matías Abad Civera; tuvo muchos encargos, no sólo en Teruel, sino de toda España".
    A media altura de la iglesia, salimos con la guía hacia una terraza exterior y luego subimos por las estrechas escaleras de la torre. Desde el campanario se disfruta de una vista fantástica. La guía continua con las explicaciones: "De las cuatro torres de Teruel, las más antiguas y de menor altura corresponden a las iglesias de San Martín y del Salvador. La inclinación de la torre de San Martín se explica con esta leyenda: el cabildo secular de Teruel aprobó la construcción de las torres y encargó su diseño y ejecución a dos jóvenes alarifes (maestros de obras): Omar y Abdalá. Por casualidad, ambos se enamoraron de la misma mujer, la bella Zoraida. Para solucionar el conflicto, el padre decidió que daría la mano de su hija al que antes terminara su torre y además, fuera la más bella. Omar gestionó el desafío haciendo trabajar a sus peones por la noche y Abdalá incrementó los turnos para seguir con la faena durante las comidas. Ambos ocultaron las torres con paños para evitar la copia del diseño. Omar terminó la torre de San Martín antes, pero, al descubrirla, vió horrorizado que estaba torcida, debido, probablemente, a trabajar de noche, con poca luz. Fracasado y desesperado, se lanzó desde la torre y se mató. En realidad, la inclinación de la torre está relacionada con las diferencias de dilataciones entre las caras de la torre consecuencia del mayor o menor grado de insolación de la masa que une los ladrillos".
    Cenamos en Yain, un restaurante de postín en la plaza de la Judería. De entrantes: croquetas de Cabrales, vieira con tocino y pan con jamón. Como principal, un bacalao a las dos salsas y, de postre, pastel de queso y Pedro Ximénez de regalo. Demasiadas calorías. ¡Ay, qué difícil es llevar una dieta equilibrada fuera de casa! ¡Son tantas las tentaciones!

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