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República Árabe de Egipto 2006

7 de abril, Asuán 13 de abril, Edfu, Kom ombo
8 de abril, Asuán, Kom ombo14 de abril, Abu Simbel, Philae, Asuán, El Cairo
9 de abril, Edfu, Esna15 de abril, El Cairo
10 de abril, Luxor, Valle de los Reyes, Medinet Habu16 de abril, El Cairo
11 de abril, Dendera 17 de abril, El Cairo
12 de abril, Esna

9 de abril, domingo

    El despertador suena a las cinco y media. Hay que darse prisa en desayunar que el autobús sale del embarcadero de Edfu en una hora. aunque si lo perdemos tampoco sería el fin del mundo, al templo de Horus no hay ni cuatrocientos metros desde el Nilo. El guía dice que es el templo mejor conservado de todo Egipto. Nos colocamos frente a la entrada del templo y escuchamos al guía: "Ya saben que el último faraón nativo fue Nectanebo II, que reinó hasta el 343 AEC, le derrotó el rey persa Artajerjes III oco, Los persas siguieron al mando un poco más, hasta 332 AEC, ese año Alejandro Magno se hizo con el poder y fue coronado faraón en Menfis. La dinastia macedónica terminó con el envenenamiento de su hijo Alejandro IV en el 309 AEC. Le siguió Ptolomeo I —general de Alejandro—, inaugurando la dinastia ptolemaica. Cleopatra fue la última faraona. A partir del año 30 AEC Egipto pasó a pertenecer al Imperio romano.
    Este templo data del 237 AEC y su construcción comenzó con el faraón Ptolomeo III. Los ptolomeos, aunque eran de origen griego, construyeron templos al gusto egipcio —mientras saqueaban el país económicamente— para tener contento al pueblo y a los sacerdotes, que estaban muy vinculados al poder, se dice que de ellos copiaron los cristianos su jerarquía.

Templo de Horus, en Edfu

    Este templo está consagrado a Horus, dios halcón, padre y protector de los faraones. Horus es el hijo del dios osiris y la diosa Isis (madre perfecta). Cuando los faraones fallecían iban a encontrarse con el dios padre osiris, dios de los muertos.
    En la sala hipóstila (principal) me llama la atención lo derechas que están las columnas, como velas, y lo bien que están conservadas las figuras de las paredes, ¿la razón?, que durante siglos, este y otros muchos templos, han estado sepultados por el limo del Nilo y la arena del desierto, en concreto, este templo se desenterró en 1860. Así, los relieves superiores están muy deteriorados, porque después los utilizaron como vivienda y la parte inferior quedó intacta porque quedó enterrada por la arena.
    ¿Y por qué se abandonaron por completo? Pues porque después de los griegos, Egipto se cristianizó, y estos templos quedaron olvidados y a merced de las arenas del desierto y del vandalismo de los cristianos, que no respetaban otras creencias que no fueran las suyas.
    Como se ve en la foto de arriba a la derecha, el templo está atestado de gente, como el metro en hora punta. Cuesta un horror llegar hasta el barquito sagrado, que por cierto, es una copia, el original está en el Louvre.
Tomando el sol en cubierta
    Para las nueve ya estamos de regreso en el barco. Subimos a la cubierta superior y tomamos el sol mientras esperamos a cruzar la esclusa, dicen que nos toca pasarla a las dos de la mañana. Esto de pasar la esclusa nos hace perder prácticamente un día, pero es lo que hay, ya están empezando las obras de otro canal para reducir a la mitad el tiempo de espera.
    Por los altavoces suena algo de música árabe pachanguera, la calidad de sonido de todas las canciones que he escuchado en el viaje es espantosa. Parece que no hay un solo estudio de grabación decente en todo Egipto.
    Antes de comer, nos damos un masaje. El masajista es un chico joven muy simpático con aire algo aburrido, no parece que tenga demasiado trabajo y mejor para él porque cuando me quejo de mi tendinitis en la muñeca me enseña unos bultos en las suyas que al parecer son consecuencia de su actividad profesional. ¿Bolsas sinoviales? No lo sé. Quizá.
    Después de comer ya no subimos a cubierta, en las horas centrales del día es mejor quedarse bajo el aire acondicionado del barco, fuera, el calor no te deja ni respirar, no quiero ni pensar lo que será esto en agosto.
    A eso de las cinco, el calor remite y ya se puede salir a pasear. Como único punto de interés de Esna, Yasser nos remite al templo del dios alfarero, muy cerca del muelle.
Calle comercial de Esna
Para llegar a él pasamos por una corta calle comercial donde algunos vendedores nos ofrecen sus mercancías de una manera, diría yo, demasiado agresiva. Literalmente, te plantan las galabeyas (túnicas tradicionales egipcias) en los morros. Es imposible acercarse a mirar un puesto sin que el comerciante te agobie. De todas formas, las mercancías son poco interesantes, meras fruslerías para turistas. Sin embargo, no todos comparten mi opinión, muchos regresan al barco llenos de bolsas. La compra estrella es, sin duda, las chilabas de fantasía para lucirla la "Noche de la Galabeya" del barco. Se vive una auténtica fiebre por comprar esta prenda.
   En el cruce de calles del templo del dios alfarero hay varias tiendas de telares y paramos un rato para decidir qué camino tomar. Observamos la escena de una turista que se prueba una galabeya. Comprobamos al instante porque a Esna le llaman 'el pueblo de los tocólogos'. Mi mujer también me advirtió de ello ayer noche cuando al entrar en una tienda de especias y perfumes, el comerciante le ofreció pintarle los ojos al estilo del país y encontró excesiva familiaridad en su proximidad. Egipto es musulmán y el acoso sexual no se contempla en las leyes, ni hay conciencia del problema. Los toqueteos, apretones o roces son la regla, no la excepción. Al parecer, muchos musulmanes ven en la mujer una esclava que debe satisfacer sus deseos. La mujer no decide con quién se casa y en el hogar, su función es servir a su marido. No tiene escapatoria ni libertad para vivir para sí misma. Una esclavitud de hecho.
    Seguimos adelante por las callejuelas no comerciales y vemos mucha basura y suciedad. Los niños nos siguen, pidiéndonos un euro, es la cantinela que todo el mundo repite.
    La gente por aquí es poco amistosa, a mi mujer, unos críos le tiran piedras a los pies y cuando entramos en el patio de un bar, encontramos alrededor de una larga mesa a hombres entretenidos en un juego de mesa. Cuando perciben nuestra presencia sus ademanes son claramente despectivos, sobre todo la gente mayor. Optamos por desaparecer del lugar deprisa.
Comerciante ofreciéndome el escarabajo de la buena suerte
Ahora atravesamos una calle comercial genuina, donde compran los lugareños, para que me entiendas. El estado de las casas, de todo en general, es lamentable. Me fijo en que en este pueblo no hay una sola casa o poste de la luz que esté derecho. Solo los minaretes están tiesos como velas y, por cierto, decorados con luces de colores parpadeantes que parecen talmente reclamo de discotecas.
    Cuando pasamos de nuevo por la calle comercial, camino del barco, el vendedor de la foto de la izquierda me tira de la mano con fuerza para arrastrarme a su tienda. No opongo resistencia porque no quiero poner mala cara, pero creo que esta agresividad no es buena para las ventas.
    Esta noche es la Fiesta de la galabeya y en el comedor hay una luz tenue y tarta de cumpleaños. Quien más quien menos ha tenido el humor de vestirse con alguna chilaba para la ocasión. Los disfraces de los hombres son algo toscos, muchos jeques árabes en el comedor. Se nota que las mujeres han invertido más horas en el disfraz y el maquillaje; no les falta detalle.

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