Otros viajes

República Árabe de Egipto 2006

7 de abril, Asuán 13 de abril, Edfu, Kom ombo
8 de abril, Asuán, Kom ombo14 de abril, Abu Simbel, Philae, Asuán, El Cairo
9 de abril, Edfu, Esna 15 de abril, El Cairo
10 de abril, Luxor, Valle de los Reyes, Medinet Habu16 de abril, El Cairo
11 de abril, Dendera 17 de abril, El Cairo
12 de abril, Esna

14 de abril, viernes

    Nos despiertan a las dos y media de la madrugada para subir al avión que nos llevará a los templos de Abul Simbel, a unos trescientos kilómetros de Asuán, donde está amarrada nuestra motonave. Me resulta curioso que algunos pasajeros se presenten con la almohada bajo el brazo, está claro que tienen la intención de seguir durmiendo en el avión lo más cómodo posible. La almohada plegable: gran idea para los inventores. ¿A qué esperan para patentarla? La caja de cartón con el desayuno es tan grande que más parece que contenga una tarta familiar. Mejor metemos su contenido en una mochila porque resulta un incordio. Llegamos con las primeras luces del alba y hace algo de fresco todavía. La luz rojiza del amanecer sobre las estatuas y este silencio crean una atmósfera irreal, mágica, extraña.
    La presa de Asuán se construyó en los años sesenta para regular las impredecibles crecidas del Nilo y evitar las hambrunas que provocaban la pérdida de las cosechas. Para salvar de las aguas los templos de Abul Simbel se trasladaron a doscientos metros de su ubicación original y se colocaron sobre una montaña artificial, hueca, soportada por vigas de acero, que hasta hace cinco años se podía visitar por dentro.
    El faraón Ramsés II (-1279 a -1213) ordenó construir dos templos enormes excavados en la roca de una montaña en el año -1255 con dos objetivos: celebrar su victoria sobre el rey hitita Muwatallis II en la batalla de Qadesh —la batalla más antigua de la que se posee documentos— y también, impresionar a sus enemigos del sur de Egipto demostrando el poderío de su reino. A la entrada del templo más grande, el de Ramsés II, vemos cuatro estatuas enormes. Tres de ellas corresponden a los dioses más en boga en aquella época: Amón, uno de los dioses más antiguos, aquel que habita en todas las cosas, Ra, responsable de la muerte y resurrección y Ptah, creador del mundo y patrón de los arquitectos. La cuarta estatua representa, como no, al propio Ramsés II.
Entrada al templo de Ramsés II
    El templo más pequeño está dedicado a la mujer de Ramsés II, la reina Nefertari, uno de los pocos templos dedicados a una mujer en el antiguo Egipto.
    Regresamos en avión y para las ocho de la mañana ya estamos de vuelta en la motonave, listos para empalmar con el resto de las visitas. Tomamos una barca hasta la isla Agilkia, para ver otro templo salvado de las aguas, el templo de Philae, dedicado a la diosa Isis.
Peces del Nilo conservados en sal
   Una vez en Asuán, damos otra vuelta por la calle principal, donde se mezclan tiendas actuales, de amplias cristaleras con otras que parecen salidas de algún cuento de "Las mil y una noches". En una pecera conservan en sal unos enormes y llamativos peces, supongo que será alguna especie depredadora del Nilo o del lago Nasser.
    Apurando el tiempo, nos acercamos en taxi hasta el hotel old Cataract, cuyas vistas hacia la isla Elefantina son fabulosas. Este hotel fue construido por Thomas Cook, el promotor de viajes. Se dice que fue aquí donde Agatha Christie escribió gran parte de su famosa novela "Muerte en el Nilo". ¿Que qué hacia la Christie por estos lares? Su segundo marido era arqueólogo —ella misma era gran aficionada al tema— y la gustaba acompañarle en sus excavaciones. Él era catorce años más joven y Agatha solía bromear diciendo que era fantástico estar casado con un arqueólogo porque según cumplía años la encontraba más interesante.
   Y se acabó el fantástico crucero por el Nilo, ahora ... ¡a El Cairo! Tras cuarenta y cinco minutos de vuelo nos plantamos en la capital. La vista nocturna desde la ventanilla del avión es espectacular. Imagínate la extensión de la tercera ciudad más poblada del mundo, con casi veinte millones de habitantes; la sucesión de luces allá abajo es interminable, todo un espectáculo. Aterrizamos a las nueve y media, con 27 ºC. Los españoles somos legión, calculo unos doscientos. Antes de recoger las maletas nos da la bienvenida el representante de la agencia Royal, Willy, el homosexual más divertido que he visto en mi vida, un animador de primera categoría, solo con mirarle ya te desternillas. Dice que se ha mordido la lengua en un costado y por eso habla tan raro. Encima es gangoso. Se sube sobre un altillo y a grito pelado nos alecciona sobre los peligros de la gran ciudad. No me he reído tanto desde que se estrenó La vida de Brian.
    Nos alojamos al borde del Nilo en el hotel Conrad. Lo primero es pasar por el restaurante, que se hace tarde y van a cerrar. Generalmente, yo me acuerdo más de los hoteles por sus restaurantes que por las habitaciones y este es bastante bueno, la proximidad del Mediterráneo se deja sentir en los platos.

Copyright (c) 2006 - MRB

La propiedad intelectual del texto me pertenece, por lo que está prohibida su reproducción total o parcial sin mi expresa autorización.