Otros viajes

República Árabe de Egipto 2006

7 de abril, Asuán 13 de abril, Edfu, Kom ombo
8 de abril, Asuán, Kom ombo14 de abril, Abu Simbel, Philae, Asuán, El Cairo
9 de abril, Edfu, Esna 15 de abril, El Cairo
10 de abril, Luxor, Valle de los Reyes, Medinet Habu16 de abril, El Cairo
11 de abril, Dendera17 de abril, El Cairo
12 de abril, Esna

11 de abril, martes

    Lily, que significa mujer hermosa, es nuestra guía. Mientras esperamos a la escolta policial que nos acompañará hasta Dendera charlamos con ella dentro del autobús sobre aspectos de la vida diaria: dice que el color tradicional del velo es el negro; que es una protección para la mujer, no una obligación. Está muy mal visto que las mujeres pasen tiempo fuera del hogar, por eso trabajan tan pocas. Ella misma no podría ser guía en el barco. ¿Qué dirían de ella las vecinas? ¡Durmiendo fuera de casa!. Pero eso sí, el hombre siempre tiene la última palabra: ¡Sí, cariño! Ella también tiene una pregunta para nosotros:
    — ¿Por qué las españolas tenéis tan pocos hijos?
    — Porque tener un niño es un proyecto de futuro y el futuro se ve muy negro. La vida está muy achuchá —le responde una turista —. Y salen caros, maja; de amor solo no se vive.
Turistas egipcias visitando Dendera
    Lily pone cara de asombro pero no dice nada. Cambio de tercio: Lily debe haber sido maestra, porque nos examina como si estuviéramos en la escuela:
    —¿Quién es la diosa de la guerra?
    —Sekmet —responde el sabihondo de turno—.
    —¿Y quién es Anubis?
    —El dios de la momificación —respondemos todos casi al unísono. Esa la sabemos bien.
    —¿Qué significa Luxor?— En esta nos ha pillado.— Ciudad de los Palacios. ¿Y Karnak?
    —Ni idea.
    —Ciudad protegida.
    Y sigue tomando la lección:
    —¿Qué sigifica Nefertiti?
    —La guapa que llega —responde otra vez el listo del grupo.
    —¿Cómo se representa a Ra, dios del sol?
    —Con dos largas plumas sobre la cabeza—. Esa era fácil.
    Los setenta kilómetros que nos separan de Dendera se hacen entretenidos porque vemos como viven en los pequeños pueblos. Grandes cantidades de basura se acumulan en cualquier rincón. Algunas casas no tienen más que las paredes y por techo, dos hojas de palmera, y por supuesto, ni agua ni luz eléctrica. Los canales que toman agua del Nilo son una verdadera cloaca. Ante este panorama no es de estrañar que El Cairo concentre un porcentaje de población tan elevado.
    Llegamos a Dendera. La construcción del templo comenzó con los ptolomeos y terminó con los romanos, data del siglo I AEC y está consagrado a la diosa Hathor, diosa del amor y de la música.
    Las caras de los dioses están todas picadas, al parecer, los intolerantes cristianos no aceptaban más deidad que la suya. Esta es una de las razones del éxito del cristianismo: su beligerancia con las demás religiones.
Atardecer en el Nilo
    Este templo ya cuenta con gárgolas, para ahuyentar a los malos espíritus y con puertas falsas, para despistar a los ladrones. En el techo figuran los símbolos del zodiaco, otro invento egipcio.
   Por la tarde visitamos las tumbas de los nobles y de los artesanos. Esta visita es facultativa y prescindible.
   Embarcamos a tiempo de presenciar un atardecer mágico. A estas horas, multitud de falúas con turistas navegan por el Nilo, se deslizan despacio y en silencio, aprovechando la poca brisa que sopla. Una de ellas tiene verdaderos problemas para vencer la corriente y sobrepasar nuestra motonave para atracar en el muelle, los dos chavales egipcios que la gobiernan han de echar mano de los remos y aún así, si no es por la ayuda de las tres rubias que les acompañan lo habrían pasado mal, ¿o era esto lo que querían, que les ayudaran a remar para tener a esas extranjeras un poco más cerca? No me extrañaría.

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