Otros viajes

Bandera

República Dominicana 1997

21 de diciembre, Santo Domingo29 de diciembre, Sánchez, Los Haitises
22 de diciembre, Santo Domingo 30 de diciembre, Boca Chica
23 de diciembre, Santo Domingo 31 de diciembre, HigŁey, Punta Cana, Los Altos del Chavón
24 de diciembre, Jarabacoa, Puerto Plata 1 de enero, Macao, La Romana
25 de diciembre, Sosúa, Cabarete, Nagua2 de enero, Boca Chica
26 de diciembre, El Limón, Las Terranas 3 de enero, San Pedro de Macorís, Boca Chica
27 de diciembre, Samaná, La Goleta 4 de enero, Santo Domingo
28 de diciembre, La Goleta 5 de enero, Santo Domingo

3 de enero de 1998, sábado

    He marchado a San Pedro de Macorís con intención de comprar música de merengue y bachata. En el parque central hay mucho movimiento. Los puestos callejeros con juguetes abundan. Una manta sobre la acera y unos juguetes muy simples sobre ella. Como siempre, el número de personas y motoconchos por metro cuadrado es superior al admisible. Los propietarios de los motoconchos en cuanto me ven hacen sonar su bocina para llamar mi atención y transportarme a donde quiera por una módica cantidad.
    Donde quiera que vaya me veo envuelto en una vorágine de ruido y humo.
   En una pequeña tienda de música, aconsejado por el hijo del dueño, selecciono once cedés de merengue y bachata. Después de pasar casi una hora escuchando la música, aguardo quince minutos más para que desde Juan Dolio den confirmación a mi tarjeta de crédito. No hay manera, tras innumerables intentonas, no consiguen establecer comunicación. Apunto el nombre de los cantantes y me largo sin la música a otra parte.
    Lo mismo me ocurre en un supermercado cuando pretendo pagar unas botellas de ron Barceló Imperial con la tarjeta. No hay comunicación, y están así durante todo el día. Mañana perdida.
Discoteca de Boca Chica
   Entre merengue y merengue, Bacharengue Radio informa a sus radioescuchas que en el norte de la isla las lluvias han producido doscientos damnificados y las pérdidas en la agricultura han sido cuantiosas. El locutor informa de esta desgracia con la misma alegría que anuncia unas rebajas en unos grandes almacenes, o que las ballenas ya han llegado a Las Terranas.
    Al atardecer, ceno unos camarones en un restaurante de marisco de Boca Chica. Los colores del atardecer son magníficos desde la terraza.
    A las nueve doy una vuelta por la calle principal de Boca Chica, que dicho sea de paso, tiene menos de cien metros. El ambiente está ya bastante caliente: hay más cueros que turistas y muchas son realmente espectaculares. Alguna me para y se insinúa, le sonrío amablemente y por mera curiosidad le pregunto por las tarifas: trescientos pesos por una hora y cien más para el hotel. Declino amablemente su invitación, no me atraen los polvos comerciales. También están los conocidos como Sanki Panki, chicos apuestos, bien vestidos y con un cuerpo muy trabajado que intentan vivir de las turistas o quizá casarse con alguna para conseguir una visa y largarse del país. Cuidado con los condones baratos, que tienen goteras.

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