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Bandera

República Dominicana 1997

21 de diciembre, Santo Domingo29 de diciembre, Sánchez, Los Haitises
22 de diciembre, Santo Domingo 30 de diciembre, Boca Chica
23 de diciembre, Santo Domingo 31 de diciembre, HigŁey, Punta Cana, Los Altos del Chavón
24 de diciembre, Jarabacoa, Puerto Plata 1 de enero, Macao, La Romana
25 de diciembre, Sosúa, Cabarete, Nagua 2 de enero, Boca Chica
26 de diciembre, El Limón, Las Terranas 3 de enero, San Pedro de Macorís, Boca Chica
27 de diciembre, Samaná, La Goleta 4 de enero, Santo Domingo
28 de diciembre, La Goleta 5 de enero, Santo Domingo

25 de diciembre, jueves

    Da pena marcharse del hotel Montemar, es barato, limpio y la piscina rodeada de vegetación tropical invita a coger una tumbona y olvidarse del mundo.
   Sosúa es un pequeño pueblo turístico que casi podría pasar por uno del Mediterráneo. Los menús están en inglés y alemán, con eso está dicho todo. Cabarete es más de lo mismo, además hace mucho viento.
Colmado
   Después de Cabarete la carretera se estrecha pero el firme sigue siendo bueno. En Gaspar Hernández tomo un refresco y repongo agua en un colmado. El dependiente es un muchacho de unos 20 años que no le da la gana hablar en español, prefiere el inglés, lo está aprendiendo y quiere practicar.
   Playa Caletón está llena de dominicanos y de críos gritando, necesito más tranquilidad. La playa Laguna Grande colma mis expectativas. Es una playa de 2,5 Km. de larga y unos 90 m. de ancha. La poca gente que toma el sol está situada en los extremos de la playa, así que no hay ningún problema para tome el sol desnudo en el centro. El oleaje es muy agresivo, no apto para el baño. El mar tira para adentro con fuerza. La experiencia de los chavales de Ibiza me aconseja prudencia y apenas avanzo 4 m ya noto la violencia de la resaca.
   La temperatura es sumamente agradable, corre la brisa y la arena es excelente.
   Sigo adelante por una carretera apenas transitada, de magnífico firme, con cocos a ambos lados y que discurre paralela al mar y a la playa. El paisaje es de sueño. La infraestructura turística nula.
   Pernocto en Nagua. Nagua es un pueblo inmensamente ruidoso. Los motoconchos circulan por todas partes, y a toda velocidad. El ruido es insoportable. La gente en vez de hablar, grita. Los bares vomitan merengue constantemente a un volumen tremendo. No hay manera de hablar con un dominicano sin escuchar de fondo la vorágine del merengue. Se diría que necesitan la música tanto como la sangre que corre por sus venas. Todo el país es una inmensa discoteca.
   Encuentro una pensión por 150 pesos al día, con parqueo incluido. Ceno un más que aceptable pollo al carbón en el bar más limpio y moderno de la ciudad. Parece increíble pero me cuesta una barbaridad hacerme entender, no consigo que el empleado me diga en qué consiste la preparación al carbón. El ruido aquí es frenético, no consigo librarme de él. Acompaño el pollo con jugo de limón, que en realidad es lo que nosotros llamamos lima, y es exquisito, después pruebo el de chinola (maracuyá), bonísimo también.
   Al volver hacia mi hotel, me llama la atención una aglomeración de gente y el ruido de unos tambores. Allá voy. Se trata de majoretes. La juventud de las niñas contrasta con los movimientos absolutamente sexuales: se tumban sobre la espalda con las piernas dobladas hacia atrás y mueven espasmódicamente la pelvis hacia arriba. Más sexual imposible. Y no hablemos de la gracia con la que mueven el trasero. En cualquier país europeo la entrenadora de estas majoretes estaría en la cárcel por incitación al escándalo público y perversión de menores.
   Detrás del hotel alguien tiene la música de merengue a tope, a ver cuando lo deja, °que ya han dado las doce!
   Lo que tengo claro es que después de este viaje sabré reconocer perfectamente un merengue haya donde lo escuche. Lo llevo inyectado en vena.

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