República de Cuba 1998

15 de julio, La Habana 26 de julio, Guamá, Playa Girón
16 de julio, La Habana 27 de julio, Cienfuegos, Trinidad
17 de julio, La Habana 28 de julio, Cayo Guillermo
18 de julio, Soroa, Pinar del Río 29 de julio, Holguín
19 de julio, Viñales, Pinar del Río30 de julio, Guardalavaca
20 de julio, Pinar del Río, María la Gorda 31 de julio, Manzanillo
21 de julio, María la Gorda 1 de agosto, Cabo Cruz, Marea del Portillo
22 de julio, María la Gorda 2 de agosto, Sierra Maestra, Baconao, Santiago
23 de julio, Matanzas3 de agosto, Santiago
24 de julio, Varadero4 de agosto, Santiago
25 de julio, Ciénaga de Zapata, Playa Larga5 de agosto, Santiago, La Habana

1 de agosto, sábado

   Desayunamos en el hotel de Manzanillo. Entro en el comedor bailando, la música de ambiente invita a ello, pero abandono mis contoneos en cuanto me fijo en los rostros de la gente. Sus tristes semblantes resumen la situación que atraviesa el país; nadie sonríe y apenas hablan. Tampoco me extraña, a mí se me queda la misma cara cuando la camarera me enumera “las delicias” que sirven para desayunar. Tomo dos huevos fritos y arreando; lo demás no merece la pena.
Mamoncillos
    Nuestro afán por alcanzar los lugares más recónditos nos lleva hasta el cabo Cruz. Desde la carretera que conduce al faro se contempla una zona protegida por la barrera de coral, magnífica para el baño. El calor aprieta y el lugar nos parece ideal para darnos un chapuzón. A este apartado lugar no llegan muchos turistas, tan solo encontramos tres críos pescando agujas. Charlamos con los chavales; insisten en que veamos una cueva cercana. Les acompañamos. La cueva está ubicada en la ladera de un pequeño farallón a pocos metros de la orilla, no parece muy grande aunque nos dicen que el interior cuenta con muchas ramificaciones secundarias; es como una piscina bajo tierra. Ver a los chavales lanzarse al agua desde todos los rincones de la cueva es un espectáculo. Conocen cada centímetro de las paredes y del fondo. Nosotros les vemos hacer, no nos bañamos, no sea que salga un pulpo gigante y nos devore.
    Paramos en la playa de las Coloradas, lugar del histórico desembarco de Fidel. En un puesto de la carretera compramos unos racimos de mamoncillos y unos dulces caseros de coco.
   Todos los hoteles recomendados en nuestra guía están cerrados. Nos alojamos en unas villas de Marea del Portillo.
    Compartimos la pequeña playa con dos parejas de nacionales. Al atardecer ya no se puede estar tranquilo, los jejenes nos atacan y sólo dentro del agua te libras de sus picaduras. La cena es paupérrima. Por la noche, el colchón es tan blando que dormimos echándolo sobre el suelo. De todas formas, el cielo estrellado y la tranquilidad que se respira en este apartado lugar compensa con creces las pequeñas incomodidades.

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