Crucero por el Caribe 2005

26 de noviembre, La Habana (Cuba)3 de diciembre, La Habana, Varadero
27 de noviembre, La Habana (Cuba) 4 de diciembre, Varadero
28 de noviembre, La Habana (Cuba) 5 de diciembre, Varadero
29 de noviembre, Navegación 6 de diciembre, Varadero
30 de noviembre, Montego Bay (Jamaica) 7 de diciembre, Varadero
1 de diciembre, George Town (Gran Caimán) 8 de diciembre, Varadero
2 de diciembre, Isla de la Juventud (Cuba)

7 de diciembre, miércoles

    El profesor de tenis aparece con un buen trancazo, aún así se obstina en dar la clase. Hoy toca el revés. Curiosamente, a mi mujer le va mejor el revés a dos manos, le sale más natural que el golpe de derecha.
    Una gran nube oscura se cierne sobre Punta Hicacos. Falsa alarma: caen cuatro gotas y de nuevo luce el sol.
    Aprovechamos la bajada de temperatura para acercarnos en el bus hasta Varadero. Por cierto, ¿sabes por qué al autobús le llamana aspirina? Porque solo se puede tomar uno cada cuatro horas. Jua, jua, jua. La verdad es que Varadero no tiene mucho que ofrecer, lo encuentro desangelado: poca gente por las calles, tiendas con artesanía de tercera categoría, meras fruslerías. Lo mejor es la playa, de arena finísima, aunque el mar se mueve aquí mucho más que en Punta Hicacos, haciendo el baño algo más complicado.
Visitando la antigua casa de veraneo de Al Capone. Varadero
    Regresamos a toda velocidad en el autobús turístico de dos pisos. Mucho cuidado si te situas en el piso superior descapotado, con esta velocidad las hojas de las palmeras te pueden rebanar el gaznate.
    Curiosamente, al salir del autobús, la cobradora nos reclama nuestros billetes, ¿a qué ton? Gato encerrado. Cuando me entregaron los billetes comenté con mi mujer que las numeraciones no eran consecutivas y me pareció extraño. Ahora descubrimos el porqué; de nuevo la picaresca cubana entra en acción: los billetes los reutilizan con los próximos turistas y ellos se quedan con un dinerito que no es moco de pavo, seis CUC (seis euros) cada billete. ¡Ahí es nada! Huy, si se entera Fidel...
    Por la noche repetimos en El Faro, el restaurante de marisco del hotel; esta vez sí tienen langosta, aunque pequeña. La preparan a la parrilla. El encargado nos comenta que los cubanos nunca la cocinan así, sino cocida y con salsa de tomate.

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