Crucero por el Caribe 2005

26 de noviembre, La Habana (Cuba)3 de diciembre, La Habana, Varadero
27 de noviembre, La Habana (Cuba) 4 de diciembre, Varadero
28 de noviembre, La Habana (Cuba) 5 de diciembre, Varadero
29 de noviembre, Navegación 6 de diciembre, Varadero
30 de noviembre, Montego Bay (Jamaica) 7 de diciembre, Varadero
1 de diciembre, George Town (Gran Caimán) 8 de diciembre, Varadero
2 de diciembre, Isla de la Juventud (Cuba)

30 de noviembre, miércoles. Jamaica.

    Cristobal Colón descubrió Jamaica en su segundo viaje y diez años más tarde los españoles regresaron para colonizarla. Prácticamente exterminaron a todos los indígenas a base de trabajos forzados y enfermedades contra las que no tenían defensas, así que inmediatamente la repoblaron con esclavos africanos. Como resultó que no había oro en la isla, la dedicaron como punto de abastecimiento para los barcos españoles. La isla fue concedida a la familia de Colón y los ingleses nos la arrebataron tras cinco años de guerra. Los esclavos escaparon al interior de la isla y se defendieron con tal ardor que los ingleses tardaron setenta y seis años en lograr su rendición, en 1739.
    Atracamos en el puerto de Montego Bay o Mo Bay, como dicen los lugareños. Según el diario de a bordo, desembarcamos a la una pero para las once ya desfilamos por el embarcadero en busca de taxis.
    En recepción del barco nos explican que hay un autobús desde el embarcadero hasta la terminal y allí podemos tomar un taxi a la ciudad. En la práctica reina el caos total, hay un follón tremendo de autobuses y busetas. Preguntamos por el autobús a la terminal y nadie lo conoce así que no perdemos más el tiempo, escucho por ahí que una buseta va a pasar por el centro de la ciudad, lo confirmo con el conductor y nos metemos dentro. Resulta que es la buseta de unos mejicanos del barco que la han contratado sobre la marcha pero aún no saben donde ir, discuten entre ellos el itinerario, el follón que se arma es tremendo, casi un motín. Unos quieren ir a un sitio, otros a otro. Cuando oyen el precio de las excursiones se achantan y preguntan por otro lugar y así sucesivamente. Nosotros nos contentamos con que nos descarguen en el centro de Mo Bay.

Centro de Montego Bay

    El autobús de mejicanos nos deja al lado de las tiendas para turistas: joyerías y algunas tiendas de camisetas de recuerdo.
    Montego Bay es una ciudad de ciento veinte mil habitantes y el centro apenas tiene dos calles principales de doscientos metros y poquito más. No hay gran cosa que hacer.
    El sol es muy luminoso, las gafas de sol son obligatorias. El color blanco predomina en los vestidos y en las fachadas de las casas y brilla tanto que hace daño a la vista.
    Bajo unos soportales nos topamos con unos tenderetes donde enseñan a poner un preservativo sobre penes de gelatina sintética e informan de las maneras de contagio de la enfermedad. Efectivamente, el día mundial del SIDA es mañana. Uno de los puestos es talmente una sex-shop al aire libre. Me llama la atención que es muy visitado por el público femenino, algo poco habitual en Europa. Sobre la tarima, una amplia gama de juguetes eróticos: falos de todos los colores y tamaños, tándem para la vagina y el ano, látigos, esposas, vibradores en pinza para el clítoris y punto G, bolas chinas, lubricantes, en fin, los típicos juguetes que todos hemos recibido en algún cumpleaños.
    En la plaza de la calle principal, un escenario espera la actuación de algún grupo de reggae. Los altavoces vomitan un sonido áspero y cascado, son canciones de Bob Marley, el jamaicano más universal. Nos asombra la cantidad de gente por la calle.
    Cuando nos salimos de las calles principales nos advierten que no, que no sigamos por ahí. ¡Demonios, debe ser realmente peligroso cuando nos reconvienen con tanta insistencia! Les hacemos caso y transitamos por el centro, que en cuatro horas nos llega a resultar tan familiar como si hubiéramos nacido aquí. Buscamos una tienda de cedés para comprar algún disco de reggae.
    Para eso de las cuatro, las calles del centro se llenan de escolares de uniforme saliendo del cole en dirección a casa.
    En la plaza principal, los teloneros pasan sin pena ni gloria y con un sonido nefasto. Cuando aparece la estrella sobre el escenario, las adolescentes de calcetines blancos corean las canciones de principio a fin. Bandadas de cientos de pájaros revolotean sobre la plaza, como si no estuvieran a gusto con las canciones del artista.
    Volvemos al barco con otros pasajeros contratando una buseta en el aparcamiento del mercadillo para turistas. El café de la montaña azul, el Blue Mountain debe ser muy bueno, porque todo el mundo carga con alguna bolsa hacia el barco.

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