Crucero por el Caribe 2005

26 de noviembre, La Habana (Cuba)3 de diciembre, La Habana, Varadero
27 de noviembre, La Habana (Cuba) 4 de diciembre, Varadero
28 de noviembre, La Habana (Cuba) 5 de diciembre, Varadero
29 de noviembre, Navegación 6 de diciembre, Varadero
30 de noviembre, Montego Bay (Jamaica) 7 de diciembre, Varadero
1 de diciembre, George Town (Gran Caimán) 8 de diciembre, Varadero
2 de diciembre, Isla de la Juventud (Cuba)

29 de noviembre, martes. Día de navegación hacia Jamaica.

    El barco apenas se mueve, sólo se aprecia un leve ronroneo de los motores y poco más. El Holiday Dream es un barco algo antiguo, se construyó en 1982 y lo compró Pullmantur el año pasado para satisfacer la creciente demanda del público español. Las actividades — comida, música y entretenimientos— son más de nuestro gusto que en otros barcos que navegan el Caribe, orientados al público anglosajón, estos se divierten de otra manera (gastando más dinero).
    Desayunamos en cubierta con una temperatura estupenda y luego nos pasamos por la piscina semicubierta, que se encuentra más protegida del viento.
    Hoy navegamos hacia Jamaica. Hay que retrasar el reloj una hora.
Cumpliendo el protocolo de simulacro de evacuación
    La ley establece que los pasajeros de un crucero reciban una charla de seguridad dentro de las primeras veinticuatro horas con el fin de saber qué hacer ante una emergencia, así que a las once hacemos un simulacro de evacuación. Suenan las alarmas y por megafonía anuncian que debemos subir al área designada con el chaleco salvavidas ya puesto. El simulacro se hace algo pesado por el tiempo que nos hacen permanecer de pie pero nadie protesta. Todos sabemos que estos cruceros son muy seguros pero, de vez en cuando, puede ocurrir lo inesperado.
    Si la emergencia fuera real, cada pasajero debería acudir a la zona indicada (hay instrucciones pegadas en la puerta de cada camarote) bien abrigado, con su chaleco puesto, documento de identidad y medicamentos indispensables. Después, la tripulación coordinaría el acceso a los botes, los cuales, según la norma de seguridad marítima SOLAS (Safety of Life at Sea), deben acoger como mínimo al setenta y cinco por ciento de pasajeros y tripulación. El veinticinco por ciento restante debe contar con balsas hinchables o rígidas.
    Al mediodía asistimos a una reunión donde nos presentan las diferentes excursiones de pago de los próximos días.
    Volvemos a la piscina semicubierta donde se me hace difícil concentrarme en la lectura con Juan Formell y los Van Van sonando a todo volumen. Después de almorzar buscamos un lugar más tranquilo al lado de los yacusis de cubierta.
    En el mar parece que vuelan como unos pajarillos, pero no, son peces voladores, salen del agua disparados y recorren planeando casi quince metros para volver a sumergirse como balas.
    A las ocho hay cena de gala, pero no es obligatorio. Se ve de todo: algunos visten hasta con pajarita y ellas con trajes de noche y generosos escotes, otros, mucho más convencionales, y los hay hasta con camisas de flores y zapatos deportivos.
    La noventa y cinco será nuestra mesa de ahora en adelante, la compartimos con una pareja catalana muy simpática y habladora.

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