Crucero por el Caribe 2005

26 de noviembre, La Habana (Cuba)3 de diciembre, La Habana, Varadero
27 de noviembre, La Habana (Cuba) 4 de diciembre, Varadero
28 de noviembre, La Habana (Cuba) 5 de diciembre, Varadero
29 de noviembre, Navegación 6 de diciembre, Varadero
30 de noviembre, Montego Bay (Jamaica) 7 de diciembre, Varadero
1 de diciembre, George Town (Gran Caimán) 8 de diciembre, Varadero
2 de diciembre, Isla de la Juventud (Cuba)

1 de diciembre, jueves. Gran Caimán.

    A las nueve ya estamos desayunados y haciendo cola en el salón Broadway para ser los primeros en conseguir los billetes que nos dan acceso a los tender hacia Gran Caimán, isla descubierta por Colón en 1503 y la más grande y desarrollada de las tres islas Caimán, aún así tiene sólo treinta mil habitantes.
    Su capital, George Town, es la base de más de cuatrocientos bancos y miles de empresas que se aprovechan de las ventajas fiscales del protectorado británico para evitar pagar impuestos en los países donde obtienen los beneficios. La organización Red por la Justicia Fiscal, pone como ejemplo a Enron, que ganó dos mil trescientos millones de dólares entre 1996 y 1999 y tiene registradas cuatrocientas cuarenta sociedades en las Islas Caimán. No pagó ni un sólo dólar en impuestos. Impuestos que deberían repercutir en la mejora de la sanidad, educación e infraestructuras de su país, y que se van a la cuenta de resultados. Triste práctica amparada por políticos y poderosos y un auténtico cáncer para el desarrollo de cualquier país. Por supuesto, los habitantes de Gran Caimán disfrutan del nivel de vida más alto del Caribe y desempleo cero.

El Holiday Dream y el Westerdam

    A nuestro lado está anclado el moderno crucero Westerdam, un monstruoso buque que dispone hasta de ascensores exteriores y pista de tenis. Es espectacular verlo desde ras de agua. Cerca diviso siete cruceros más, entre ellos, el Carnival Qonquest, que zarpa desde Texas, el Jewel of the Seas, de casi trescientos metros de eslora y con rocódromo. Nuestro barco es el que más lejos se queda de tierra, dicen que al ser tan antiguo no puede acercarse tanto, son ya veintitrés años surcando los mares.
    George Town es una ciudad al servicio de los pasajeros de los cruceros, ¿qué se puede hacer aquí?, pues comprar recuerdos o simplemente artículos de marca. Las joyerías no faltan. Los que entienden de relojes cuentan que te puedes ahorrar unos trescientos euros en un buen Rolex. El bolso más barato de la firma Tous anda por los doscientos ochenta dólares, desconozco si es barato o caro, no gasto.
    Después de dar unas vueltas por las tiendas y calles de George Town, nos recoge a las dos, un autobús que nos conduce hasta un embarcadero. A través de la ventana del bus se observan magníficas casas y hoteles de lujo, todas las fachadas pintadas del mismo color que el tronco de la palmera real, gris claro.
    Un pequeño barco nos traslada hasta la atracción más esperada del viaje: la Ciudad de las Rayas. Tras veinte minutos de navegación llegamos a una zona de aguas tranquilas y cristalinas, poco profunda y arenosa, cerca de una barrera de coral. Desde lejos ya vemos los turistas en el agua, ¡cientos de turistas!
En la Ciudad de las Rayas de Gran Caimán
    El origen de esta atracción fue la costumbre de los pescadores locales de limpiar las capturas del día en esta zona, protegidos por la barrera de coral. Las rayas o pastinacas pronto se acostumbraron a la comida fácil y ahora se han convertido en el reclamo turístico más conocido de Gran Caimán.
    Tomamos unas máscaras y unas aletas de un bidón con agua y bajamos al mogollón. En el agua habrá más de cien personas. ¿Profundidad?: por el pecho más o menos. Los chillidos y el nerviosismo de algunas chicas nos avisan que andan cerca, ¡y tan cerca!, en realidad, las rayas pasan entre la gente a pesar de la alta densidad de piernas en el agua. Vamos, que es fácil que te rocen, pero más fácil aún es que alguien te dé un guantazo. Me alejo algo de la aglomeración humana y a veinte metros del barco se las ve de maravilla. Basta meter la cabeza en el agua y esperar: en menos de treinta segundos se ven las manchas oscuras que avisan de la presencia de las rayas. Generalmente nadan en grupos de dos o tres ejemplares. Las hay de metro y medio de envergadura y también crías pequeñas. Se puede nadar tan cerca de ellas como se quiera, algunos turistas las tocan. No parecen asustarse lo más mínimo. A mí, el aguijón de la cola me produce bastante respeto, así que paso de caricias.
    Regresamos al embarcadero de George Town. Hay dos colas: una para tomar los tender y otra para conseguir el sello de Gran Caimán en el pasaporte. Es más que nada un recuerdo porque los controles de aduana son mínimos.
    De vuelta al Holiday Dream, cenamos con la simpática pareja de cataluña y después nos tomamos un daiquiri mientras escuchamos un grupo de salsa en directo.
    Hoy se adelantan los relojes una hora; mañana entramos de nuevo en territorio cubano.

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