Los viajes de Mariano

República de Croacia 2005

28 de junio, Dubrovnik4 de julio, Zadar, Korenica
29 de junio, Dubrovnik 5 de julio, Plitvice, Porec
30 de junio, Dubrovnik, Cavtat 6 de julio, Porec, Rovinj, Monsena, Pula
1 de julio, Ston, Korcula 7 de julio, Pula, Beram, Zagreb
2 de julio, Korcula, Strogonoff, Split 8 de julio, Zagreb
3 de julio, Split, Trogir, Zadar 9 de julio, Zagreb

5 de julio, martes

    Visitamos los lagos de Plitvice con el cielo cubierto. El aparcamiento de los lagos está a rebosar. La entrada a los lagos cuesta doce euros. Para entrar nadie nos ha pedido el billete, sí para montar en los botes. Subimos en el trenecito hasta el lago superior y bajamos andando por las plataformas de madera que evitan el desgaste de la masa forestal y del travertino. Lo que más me sorprende es la claridad del agua; los lagos son cristalinos.
Peces en los lagos de Plitvice
Miles de cachos aguardan en las orillas esperando las migas de pan de los turistas. Una trucha solitaria se deja ver en las aguas más movidas, quieta, atenta a los insectos que trae la corriente. A pesar de que la claridad del agua invita al baño, está prohibido, como debe ser en un lugar que ha sido declarado parque nacional desde 1949 y patrimonio de la humanidad desde 1979. Si eres pescador no te emociones, se prohibe la pesca, como es natural.
    Estos lagos fueron testigos del primer muerto croata en la guerra de independencia de Croacia (1991-1995), el policia Josip Jović, murió en enfrentamientos con los serbios en este lugar.
    Al llegar al lago inferior, el mayor, subimos a un bote eléctrico para recorrer el lago. Cuando llegamos al otro extremo empieza a llover ligeramente. Comemos un estrudel (bocata de verduras) y regresamos antes de que el tiempo empeore. La lluvia nos respeta hasta que alcanzamos el coche. Llueve con fuerza. Almorzamos muy bien en Licka Kuca, un restaurante muy cercano a la entrada al parque nacional Plitvicka Jezera. El lugar es muy amplio y acogedor —las paredes están construidas con troncos de árbol— y el cordero asado, me atrevería a afirmar, se puede comparar con el mejor de Aranda.
    A las seis salimos para Porec, llegamos de noche y tenemos algunas dificultades para encontrar alojamiento, la zona es muy turística y casi todo está lleno o se trata de apartamentos excesivamente caros, al cuarto intento conseguimos un apartamento bien equipado por un precio razonable con la condición de abandonarlo antes de las diez. Hecho.

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