Los viajes de Mariano

República de Croacia 2005

28 de junio, Dubrovnik4 de julio, Zadar, Korenica
29 de junio, Dubrovnik 5 de julio, Plitvice, Porec
30 de junio, Dubrovnik, Cavtat 6 de julio, Porec, Rovinj, Monsena, Pula
1 de julio, Ston, Korcula 7 de julio, Pula, Beram, Zagreb
2 de julio, Korcula, Strogonoff, Split 8 de julio, Zagreb
3 de julio, Split, Trogir, Zadar 9 de julio, Zagreb

2 de julio, sábado

    El mar muestra hoy un color turquesa de postal y el cielo sigue algo nublado. El bura silba con fuerza en los mástiles de los barcos anclados en el puerto, aunque su fuerza en verano no tiene nada que ver con la virulencia con que suele azotar en invierno, cuando velocidades en torno a cien kilómetros por hora son habituales. El bura más violento jamás registrado se dará el próximo año, y alcanzará velocidades de 235 kilómetros por hora.
    Damos una vuelta por el casco histórico de Korcula. Korcula es como la fortaleza de Dubrovnik, pero en pequeño, está dividida en dos por una calle central. Las calles que miran al oeste son rectas y algo más cortas que las del este, que son además curvas para minimizar los efectos del bura.
    Los lugareños sostienen que aquí nació Marco Polo en 1254, en una casa próxima a la catedral, aunque hay muchas dudas —otros dicen que era veneciano—, tantas dudas como sobre la autenticidad de sus relatos: según sus libros de viajes, pasó diecisiete años en China, sin embargo, no hay una sola mención de la Gran Muralla China, sobre el té o sobre la popular costumbre de vendar los pies a las mujeres. ¿Realmente visitó alguna vez China? Al parecer, los relatos de sus viajes fueron dictados por Marco Polo a un escritor de romances llamado Rustichello de Pisa durante su estancia en una cárcel genovesa.
Vista panorámica de Korcula
   El interior de la catedral de San Marco —el evangelista, no el aventurero— me parece tétrico; en medio del pasillo central te topas con un Cristo agonizante clavado en la cruz a la altura de los ojos, me imagino que los niños que entran acompañados de sus padres deben pensar que han entrado en la cámara de los horrores. Desde el punto de vista artístico resulta interesante, hay una pintura de Tintoretto y algunas esculturas notables.
    Para las doce, tomamos un tentempié en el paseo marítimo y decimos adiós a esta turística ciudad, no demasiado masificada aún. Antes, saboreamos un magnífico helado de mandarina en Stella II. Para entonces ya ha salido el sol y los turistas toman posiciones entre las rocas.
    Cruzamos los escasos 1250 m. de mar que hay entre Korcula y Orebic y ya estamos de nuevo en el continente. La carretera serpentea el borde del mar y luego llanea un valle. Paramos en el pueblecito de Strogonoff para pasar unas horas en la playa. El mar está furioso y no nos mojamos ni un pié. Pasamos por unas montañas impresionantes antes de llegar a Split.
    En Split nos alojamos en los apartamentos turísticos Hvar, a las afueras. Regresamos al puerto para cenar. En la zona de Bacvice, cerca del Hotel Park, el ambiente juvenil es tremendo. La playa, de escasa profundidad, está iluminada por la noche y la gente joven camina aún por el agua. Más adelante, el atronador volumen de la música de los bares atrae a un público numeroso. Atravesamos la multitud para luego subir unas escaleras hasta un pinar donde se sitúa nuestro objetivo: el restaurante Sumica. Nos encontramos con una boda, lo que nos da mal presagio. Como es tarde para buscar otro, cenamos... mal. La carne, a pesar de pedirla rear y explicárselo, nos la sacan dura como la suela de una alpargata.

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