República de Costa Rica 2003

17 de abril, Heredia26 de abril, La Fortuna
18 de abril, Cariari 27 de abril, Monteverde
19 de abril, Tortuguero 28 de abril, Monteverde
20 de abril, Tortuguero 29 de abril, Quepos
21 de abril, Puerto Viejo de Limón 30 de abril, Manuel Antonio
22 de abril, Cahuita, Puerto Viejo 1 de mayo, Pócima, San José
23 de abril, Cahuita 2 de mayo, San José
24 de abril, Limón, Braulio Carrillo, Alajuela 3 de mayo, San José
25 de abril, Volcán Póas

25 de abril, viernes

   Buen golpe se han dado dos coches a pocos metros de nuestro hotel.
    Javier, el jubilado de San Sebastián, se nos pega también en el desayuno. No sé como quitármelo de encima. Mi compañera abandona la mesa con alguna excusa y yo la sigo en pocos minutos. Siento no poder darle más conversación pero tenemos que llegar temprano al volcán Poás, antes de que se eche la neblina. Estamos a 37 km del volcán.
   
Volcán Poas
La carretera que nos lleva al Poás pasa por un paisaje realmente sugerente: verdes lomas de suaves curvas, muchas vacas indias y tráfico casi nulo. Arriba, la carretera desemboca en un parqueo aún con pocos vehículos.
    Tenemos mucha suerte, cuando llegamos, el cielo está despejado, ni una sola nube en el horizonte.
    La temperatura es algo fresca, estamos a 2700 m de altura. A orilla del camino, un colibrí ahuecado toma el sol sobre el césped. No se inmuta cuando pasamos a menos de un metro de él.
    Un paseo asfaltado, flanqueado por sombrillas para pobres, nos conduce hasta una magnífica vista del volcán. El volcán es de una gran belleza escénica. En su última erupción importante, en 1910, expulsó una inmensa nube de ceniza que se elevó hasta los 8000 m. Ahora sus fumarolas siguen emitiendo gases, lo que hace que la flora se resienta de la lluvia ácida. Las continuas emisiones de gases son palpables, nuestras gargantas se ven afectadas. Huele a huevos podridos y nos pica la garganta.
    Un estrecho camino entre el bosque nos conduce hasta la laguna Botos. Sus aguas son tan ácidas que no permiten la vida. Cuando bajamos de nuevo al mirador del volcán nos quedamos asombrados, está completamente cubierto por las nubes, no se ve nada. Lo siento por los turistas que no han sido tan madrugadores.
    En la carretera de bajada vemos muchos puestos con artesanía local y productos para turistas. Los dulces tienen un aspecto imponente, los compraría todos, pero como hay que cuidarse, nos contentamos con unas simples fresas del país y una bolsita de plátanos a la leña.
    Paramos en Grecia para ver su magnífica catedral roja y también en Sarchi, pueblo conocido por la calidad de su artesanía en madera.
Al fondo, el volcán Arenal
Seguimos hacia el volcán Arenal. Pasamos por inmensas plantaciones de café. El volcán Arenal dista 90 km y se divisa desde muchos kilómetros antes. El alojamiento más cercano al volcán es el hotel del Observatorio, así que hacia allí nos dirigimos.
    Abandonamos la carretera general bien asfaltada y tomamos un ancho camino de tierra que nos conduce hasta el hotel.
    El Observatorio está muy bien, casi todas las habitaciones tienen grandes ventanales que dan al volcán, de tal forma que desde la cama se puede ver la lava caer por la ladera. Lo comprobaremos esta noche. Debajo de nuestra habitación tenemos un sismógrafo que registra los pequeños temblores de cada erupción.
    Para llegar a nuestra habitación hay que salvar una depresión del terreno de unos 20 m de altura mediante un puente de catenaria que se mueve una barbaridad cuando se cruza.
    Después de cenar, nos relajamos en el yacusi al aire libre.
   Desde la habitación se ve la lava roja que cae del cráter y las fumarolas; también se escuchan las explosiones.

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