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Islas Cícladas 2007

29 de junio, Atenas8 de julio, Folegandros
30 de junio, Atenas, Santorini9 de julio, Folegandros, Naxos
1 de julio, Santorini10 de julio, Naxos
2 de julio, Santorini11 de julio, Naxos
3 de julio, Santorini, Milo12 de julio, Míconos
4 de julio, Milo 13 de julio, Míconos, Delos
5 de julio, Milo 14 de julio, Míconos
6 de julio, Milo 15 de julio, Míconos, Atenas
7 de julio, Folegandros 16 de julio, Atenas
Datos económicos del viaje

7 de julio, sábado

    Esta mañana abandonamos Milo y embarcamos a las ocho en el ferry Panagia Hozoviotisa con destino a Folegandros. Para viajar entre islas hay numerosas posibilidades, sin embargo, no todos los días salen barcos a las islas que uno quiere. Es recomendable que planees el itinerario con antelación, en esta dirección puedes comprobar las conexiones entre islas e incluso reservar los billetes.
Desembarcando en el muelle de Karavostasis, Folegandros
   El viaje en barco es siempre muy agradable; el día es estupendo, sopla un poco de brisa y como siempre, muy soleado. ¿te puedes creer que no veremos ni una sola nube en nuestras vacaciones en Grecia? Fíjate en el cielo de las fotos: no verás una nube jamás. Esta vez viajamos en una salón con butacas; sólo doce personas de un total de ciento ochenta y dos plazas.
    Nada más desembarcar, una señora nos enseña fotografías de los apartamentos Vardia; en el mismo puerto Karavostasis; los echamos un vistazo y sin dudarlo, nos quedamos. Tienen terraza con sombrilla y vistas al mar; detrás, la playa nudista de Vardia. En Chora recomiendo el Anemonilos, su situación es de lo mejorcito. Para los muy pudientes: el Chora Resort, a doscientos euros la noche. Y eso que no tiene vistas al mar.
    Para llegar a Chora desde el puerto Karavostasis, un autobús recorre los 2.8 Km. cada media hora. En esta isla sólo viven setecientas personas y el único tráfico que hay es el de los coches y motos de alquiler, muy escasos. Te puedes imaginar la calma que se respira.
    Comemos en el puerto, en el restaurante Kali Kardia, del hotel Poseidón. Pasamos la tarde en la playa del puerto; reina una total tranquilidad; sólo se escucha las olas al golpear contra los guijarros de la playa. Subimos a Chora en autobús al atardecer. Las plazas de Chora están repletas de mesas para cenar y podemos comprobar la efectividad del laberinto de estrechas callejuelas en la lucha contra el viento; en las calles interiores apenas se siente.

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