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Los viajes de Mariano
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Islas Cícladas 2007 | ||||||||||||||||||||||||||||||||
Santorini, Milo, Folegandros, Naxos y Miconos | ||||||||||||||||||||||||||||||||
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29 de junio, viernes. Atenas.
El aeropuerto Eleftherios Venizelos de Atenas anda muy animado a medianoche, talmente una romería: una multitud
moviéndose de aquí para allá, tomando taxis, esperando a los autobuses, en dirección al metro o subiéndose en
coches particulares. Para llegar a Atenas, escogemos el bus Syntagma Express X95, que en cuarenta y cinco minutos
te deja en la plaza Syntagma; desde allí, a pata hasta nuestro alojamiento en el barrio de Plaka: el hotel Adrián,
sencillo y muy bien situado; en una esquina de la plaza Kapnikare; lo mejor: las vistas desde la terraza -si te toca en el
último piso, claro-. 30 de junio, sábado. Atenas y Santorini.
Nos levantamos para las siete. El sol ya calienta la piel con fuerza. Visitamos el Agora (antiguo
mercado), la Iglesia de los Santos Apóstoles, muy restaurada, el templo de Efestión, antiguo lugar de culto hacia
el Dios de los artesanos, fue también iglesia, cementerio, museo...
Por la tarde, tomamos el metro en Monastiraki y en cuarenta y cinco minutos estamos de nuevo en el aeropuerto. Desde el avión parece como si todas las islas estuvieran casi pegadas las unas a las otras. Los luminosos caseríos encalados destacan sobre la orografía de las islas. A las ocho aterrizamos en Santorini, donde nos recibe el dueño de Anemomilos (molinos, en griego) Villas & Suites, quien nos conduce hasta nuestro alojamiento en Fira. El hotel está situado orilla de la carretera principal, a unos doscientos metros del centro de Fira. Llegamos a tiempo para disfrutar del espectáculo del sol ocultándose en el horizonte del mar. Recorremos las callejuelas de Fira, llenas de tiendas que compiten para atraer la atención del turista. Aquí no se vende cualquier cosa, sólo ropas de marca y los diseños más modernos y atractivos en collares, anillos, pendientes... La oferta gastronómica es enorme. Nos recomiendan cenar en la taberna Nicolás, donde esperamos unos minutos antes de sentarnos a la mesa. Los camareros son muy atentos pero la comida no es nada destacable. Por la noche es cuando más agradable resulta pasear, las estrechas calles de Fira se iluminan, todos los comercios se abren y las terrazas de los restaurantes se llenan de gente. ¿Y por qué todas las calles de los pueblos de las islas son tan estrechas y laberínticas? Pues para tratar de minimizar los efectos del melteni, un viento del norte que proporciona frescor, baja humedad y buena visibilidad y que algunos días sopla con tanta fuerza que impide zarpar a los barcos. Lo sentiremos soplar con fuerza sobre todo en Miconos. 1 de julio, domingo. Santorini.
Nos levantamos tarde y desayunamos en Corner. Reservamos desde nuestro hotel un pequeño coche de alquiler. La oferta de alquiler
en Santorini es inmensa: coches, motos, y lo más popular sin duda: los cuadrones; se ven por todas partes; de todos los colores y tamaños. Los
bugis pequeños también tienen su clientela. Nuestra idea era alquilar un Peugout pequeño descapotable, que cuesta sólo diez euros más que uno con techo,
sin embargo, nos lo desaconsejan debido al fuerte viento. Al alquilar un coche, un consejo: no firmes el contrato hasta que veas
el coche; y si el seguro no es a todo riesgo sin franquicia, tómale unas fotos con la cámara digital para que quede constancia de las pequeñas
imperfecciones que pueda tener. Nosotros no tuvimos ningún problema en todo el viaje, pero es mejor prevenir.
Nos acercamos hasta las famosas ruinas de Acrotirio. Las excavaciones comenzaron en 1967 con el fin comprobar la teoría de que la civilización minoica desapareció tras la explosión del volcán. El resultado fue el descubrimiento de una ciudad anterior a la gran erupción, antes del 1600 a.C. No se ha encontrado ningún cuerpo; parece que les dio tiempo a escapar. Aunque la hora de visitas termina a las tres llegamos a tiempo... de comprobar que están cerradas al público por trabajos de restauración. De camino a Playa Roja comemos en la taberna Glaros; la señora nos enseña las conchas de un mejillón gigantesco, de más de medio metro de longitud, pescado por su hijo cerca de aquí; al parecer, el bicho no es comestible. Para llegar a Playa Roja hay que hacer un poco el cabra, ya que el camino pasa entre rocas y a veces hay que ponerse a cuatro patas para asegurar el paso. El enclave es espectacular, bajo unos acantilados de piedra roja; el lado negativo es que está llena de algas secas y si no te mercas una tumbona dejas la toalla hecha un asco. Nos desplazamos de nuevo hasta Oía para presenciar el atardecer. Si seguís la carretera hasta el final encontraréis abundante sitio para aparcar. Mejor os buscáis otro punto alternativo a la calle principal, porque está atestado de gente; una auténtica multitud. Si recorréis las callejuelas menos turísticas descubriréis algunas casas todavía en ruinas; la culpa la tuvo el devastador terremoto de 1956 que fue una auténtica catástrofe económica para la isla; muchos lugareños se marcharon y la isla no se recuperó hasta finales de los setenta, gracias al turismo. 2 de julio, lunes. Santorini. Atención: las ruinas de la antigua Thera cierran los lunes. Ya que hemos llegado hasta aquí, pasamos unas horas a la sombra de los pinos en playa Kamari, larga playa de arena y piedras, de fuerte oleaje, muy profunda y una de las mejores organizadas de la isla. Aprovecho para leer un poco sobre la historia de Santorini.
3 de julio, martes. Santorini -> Milo
La carretera de entrada a Kamari discurre entre dos ringleras de olmos encalados; dicen que la cal refleja el sol y el tronco se calienta menos, lo que protege la corteza y ésta se agrieta menos. A la derecha hay un cine al aire libre, el único de la isla.
Las dos islas pequeñas del centro de la caldera de Santorini, Palea y Nea Kameni, son las más jóvenes del Mediterráneo. Palea Kamini tiene menos de dos mil años de antigüedad mientras que Nea comenzó su formación hace tan sólo cuatrocientos veinticinco años y su lava más reciente data de hace cincuenta años. Mientras navegamos dentro de la caldera vemos una manada de delfines y una tortuga muy cerca del barco. A las 15:45 atracamos en el puerto de Ios; el Camping se divisa a la izquierda del puerto. Proseguimos viaje hasta Sifnos que parece muy poco poblada; desde el barco no se ve ni un solo caserío hasta que llegamos al puerto. Atracamos también en Folegandros donde da la impresión de que casi todos los edificios del puerto son alojamientos. Pasadas las siete y media llegamos por fin a nuestro destino. En Adamas, el puerto de Milo, el alojamiento turístico abunda; nada más desembarcar nos acercamos hasta los dueños de domatías, apartamentos y hoteles que aguardan tranquilos detrás de una barrera metálica; si quieres, te acercas a ellos; si no, nadie te agobia. Las fotos que nos enseñan de los apartamentos Giannis nos gustan, el señor que los representa nos mete en un minibús y en un minuto estamos alojados en una sencilla y amplia habitación, a cien metros del paseo marítimo. La única pega: que no tiene vistas al mar. Adamas se formó tras la huida de los cretenses cuando fracasaron en su rebelión contra los turcos, allá en 1824. Ahora es una pequeña ciudad portuaria, muy tranquila, de tan sólo mil habitantes, donde atracan algunos yates de buen tamaño; tiene abundantes restaurantes de pescado y numerosas agencias de alquiler de coches, supermercados, panaderías, museos, farmacia, bancos, etc. Cenamos en la taberna Naevagio: calabacín frito de entremés, ensalada de pulpo y una rodaja de mero. 4 de julio, miércoles. Milo.
Milo cuenta con unos cuantos lugares pintorescos, así que alquilamos un coche para visitarlos;
empezamos por el pequeño pueblo de pescadores de Klima, con sus sirmatas, casas de dos pisos con un hangar para barcos en el inferior.
Camino de Plaka, en Tripiti, se pueden visitar las catacumbas de los primeros cristianos, aquí celebraban sus ritos religiosos y enterraban a sus muertos. La Venus de Milo, ahora en el museo del Louvre, fue encontrada en 1820 por un campesino de Plaka que cavaba en su huerto. De la estatua poco se sabe, ni cuándo se creo ni quién la esculpió. Para refrescarnos, nos bañamos en la cala de Firopotamos; sólo dos parejas más en toda la playa. Regresamos un par de kilómetros para comer en alguna taberna de las callejuelas de Plaka, la capital. Después de un estupendo conejo encebollado y berenjenas fritas, nos desplazamos a Mandrakia; aquí la playa es muy pequeña y el acceso se hace por una camino de tierra. Mucho mejor y, sin duda, más espectacular es Sarakíniko; las formaciones rocosas de Sarakíniko son dignas de ver; la erosión del viento y el mar han creado un curioso paisaje en la blanquísima piedra volcánica donde no crece ninguna especie vegetal. Nos quedamos hasta el atardecer en este mágico lugar. 5 de julio, jueves. Milo.
En la larga playa de Agios Konstantinos, donde descansamos, apenas hay tres parejas; la playita aledaña, Alogoma, aunque de dimensiones reducidas,
tiene más encanto; está al abrigo de una cueva y encima, con sombra. Una docena de jubilados en piragua recalan aquí para descansar,
se les ve agotados por el esfuerzo y el calor.
Desde la playa se ve el ir y venir de los pequeños ferrys a Kimolos y Glaronisia. Estas islas contienen unas extrañas formaciones volcánicas parecidas a columnas hexagonales y pentagonales. De vuelta hacia Plaka, no perderse las piscinas naturales de Papafragas, unas estrechas lenguas de mar que entran cien metros tierra adentro. A la derecha se puede visitar las ruinas neolíticas de la ciudad de Filakopi. 6 de julio, viernes. Milo.
A las seis y cuarto nos despierta los cantos de los gallos y el ulular de algún pequeño autillo. Fantástico amanecer.
Para desayunar, nos desplazamos hasta el paseo marítimo y de paso echamos una ojeada a las capturas
de uno de los barcos. El de la foto de la derecha ha pescado tres langostas rojas cercanas al kilo -en los
restaurantes se cotizan entre sesenta y setenta euros el kilo-, muchos cabrachos,
lochas y salmonetes.
Comemos de nuevo en Pollonia, un pueblecito que nos ha gustado mucho y pasamos la tarde en la playa de tamarindos. Al regresar a Adamas observamos mucho ajetreo en el paseo marítimo; un crucero de mediano tamaño ha atracado en la bahía. El agua del puerto es cristalina, sin asomo de basura o manchas de combustible, tan habitual en otras puertos del Mediterráneo. Para cenar, nos trasladamos a Plaka, esta vez compartimos unos dolmades (hojas de parra rellenas de carne y arroz) y un plato de pasta. En Plaka hay buen ambiente por la noche. Vemos el fantástico atardecer desde la terraza de un bar de copas. Todo un espectáculo. 7 de julio, sábado. Milo -> Folegandros.
Esta mañana abandonamos Milo y embarcamos a las ocho en el ferry Panagia Hozoviotisa con destino a Folegandros.
Para viajar entre islas hay numerosas posibilidades, sin embargo, no todos los días salen barcos a las islas que uno quiere. Es recomendable que
planees el itinerario con antelación, en esta dirección
puedes comprobar las conexiones entre islas e incluso reservar los billetes.
Nada más desembarcar, una señora nos enseña fotografías de los apartamentos Vardia; en el mismo puerto Karavostasis; los echamos un vistazo y sin dudarlo, nos quedamos. Tienen terraza con sombrilla y vistas al mar; detrás, la playa nudista de Vardia. En Chora recomiendo el Anemonilos, su situación es de lo mejorcito. Para los muy pudientes: el Chora Resort, a doscientos euros la noche. Y eso que no tiene vistas al mar. Para llegar a Chora desde el puerto Karavostasis, un autobús recorre los 2.8 Km. cada media hora. En esta isla sólo viven setecientas personas y el único tráfico que hay es el de los coches y motos de alquiler, muy escasos. Te puedes imaginar la calma que se respira. Comemos en el puerto, en el restaurante Kali Kardia, del hotel Poseidón. Pasamos la tarde en la playa del puerto; reina una total tranquilidad; sólo se escucha las olas al golpear contra los guijarros de la playa. Subimos a Chora en autobús al atardecer. Las plazas de Chora están repletas de mesas para cenar y podemos comprobar la efectividad del laberinto de estrechas callejuelas en la lucha contra el viento; en las calles interiores apenas se siente. 8 de julio, domingo. Folegandros.
Alquilamos un cochecillo para conocer un poco más la isla. Para llegar a las calas más recónditas, las del norte, hay que armarse de valor, porque de repente,
el camino de tierra empieza a descender y la pendiente es de vértigo. A pesar de ello, siempre hay un par de parejas en cada cala.
Llegamos hasta playa Agali, está sí, muy frecuentada ya que el autobús la enlaza con Chora. Al entrar en la playa un cartel advierte que el nudismo está explícitamente prohibido. La playa está muy concurrida para lo que es habitual en las islas. Los chavales andan lanzándose desde las rocas a gran altura. Al atardecer, hay mucha animación en Chora; se celebra una boda y una de las plazas está tomada por los invitados. Han contratado a tres músicos con instrumentos tradicionales y el pueblo entero parece en fiestas. Las parejas más atrevidas, con las mejillas sonrosadas por el vino, salen a bailar. Las buganvillas y la iluminación contribuye a dar un ambiente festivo a todo el pueblo. Las callejuelas de la ciudadela forman un pequeño laberinto de arquitectura típica cíclada que no hay que dejar de visitar, a diferencia de las plazas, están casi desiertas y sólo frecuentadas por los lugareños. Presenciamos el atardecer desde la iglesia de Chora, la Kimisis tis Panaghias; un camino empedrado en zig-zag conduce hasta lo alto. Las vistas desde el campanario son magníficas. La foto del burro está tomada aquí. 9 de julio, lunes. Folegandros -> Naxos.
Nos levantamos pronto y nos acercamos a la playa de guijarros de Livadi, cerca del camping. Pasamos un par
de horas sin ver un alma.
10 de julio, martes. Naxos.
Pasamos temprano por el puerto para alquilar un coche y también un apartamento para pernoctar las dos noches siguientes. Salimos
con un Kia automático y un apartamento en Santa Ana.
Hace mucho calor así que reponemos agua en la taberna de Johnny. Intentamos llegar a la cueva de Zas, donde nació Zeus, pero abandonamos cuando el camino empieza a desdibujarse. Pasamos la tarde en la playa de Bahia Ammos, hace fuerte oleaje y no nos bañamos. Al anochecer, el paseo marítimo de Chora se pone a reventar, las tabernas no dan abasto sirviendo pescado y marisco y los famosos pulpos a la brasa. En la fotografía de la derecha se ven los pulpos secándose en la cuerda a la espera de ser consumidos. 11 de julio, miércoles. Naxos.
Somos casi los primeros en llegar a la playa que se encuentra a pocos metros de nuestro apartamento, en Santa Ana. Santa Ana es un lugar recomendable, nada
masificado; la playa es de arena y las aguas cristalinas. Me maravilla que estas islas no hayan entrado en la espiral de especulación tan habitual de otras zonas del
Mediterráneo, aquí los edificios nunca pasan de las dos alturas y la arquitectura tradicional se respete en cualquier nueva construcción. Es un logro
de que tiene mucho mérito y que esperemos se mantenga por mucho tiempo.
Comemos en Apollonas y pasamos la tarde en su playa de arena (prohibido el nudismo). Regresamos a Chora por la poco transitada costa oeste. Aguardamos a la puesta de sol desde la playa de guijarros de Abrami, completamente solos. En Chora hay mucha animación por las noches, los restaurantes están repletos y el paseo marítimo muy concurrido. 12 de julio, jueves. Naxos -> Miconos.
Tomamos el High Speed 3 hacia Miconos; un barco muy cómodo y rápido, que, por cierto, va abarrotado de gente y equipajes. En
cuarenta minutos escasos nos plantamos en el Puerto Nuevo de Miconos, distante dos kilómetros del centro.
Por si no lo sabes, en la isla sólo hay veintinueve taxis y en las horas centrales del día no dan abasto; sencillamente, no se encuentran. En la parada de taxis de la plaza Manto verás siempre una fila de más de diez personas esperando con el ceño fruncido. ¡Y qué precios!: por una carrera desde Miconos al aeropuerto (3 Km., 5 min.) te cascan 15 €. No está mal, ¿eh? ¿Y qué tal el Myconnian Inn?, ¿recomendable?. Pues te diré: su ubicación es lo mejor, a setenta metros de la plaza Manto, sin embargo, las habitaciones andan justas de espacio y no digamos el baño... diminuto; eso sí, la decoración y los muebles tienen buen estilo. Comemos un plato de pasta en Antonini´s, en la plaza Manto. En general, los precios en Miconos son indudablemente más altos que en otras islas, pero la abundante competencia hace que tampoco se disparen demasiado. Después paseamos por las estrechas y pintorescas callejuelas y cenamos en Georgio´s, otro estupendo sitio para cenar o comer. 13 de julio, viernes. Miconos. Tomamos el primer barco hacia la isla Delos donde nacieron nada menos que Apolo y Artemisa. El viento atempera el calor habitual de tal forma que las ruinas se recorren bajo una temperatura muy agradable.
A la vuelta, el mar anda bastante movido y entre el pasaje se observan caras de preocupación; las gorras se las lleva el viento y más de uno tiene que acercarse a la borda para arrojar el desayuno. Tardamos una hora en volver a la seguridad del puerto de Miconos. Esta mañana ha atracado un enorme crucero, amén de los dos o tres más pequeños que recalan cada día y por las calles más comerciales de Miconos Town no se puede ni andar. En esta isla se ve muchos hombres emparejados, pero lo que parece estar de moda son los tríos masculinos, que por cierto, van impecables: corte de pelo a la moda, buen bronceado, cuerpo de gimnasio, depilados y ropa de vestir muy cuidada. 14 de julio, sábado. Miconos.
Otro día con el viento como protagonista, aún así los barcos parten hacia Delos.
Nos acercamos hasta la playa de Kaldo Livali, donde la zona derecha está algo protegida del viento y se puede estar. Cuando abro las puertas del coche parece que el viento las fuera a arrancar. Visitamos también la playa más famosa de la isla: Plintri, más conocida como Super Paradise; el lugar favorito para los que no quieren parar de beber y bailar noche y día. No es nada aconsejable ir en coche: la carretera es estrecha, llena de curvas y bajadas muy pronunciadas; aparcar tampoco es fácil. La mejor opción para venir hasta aquí es el gasolino desde Platis Gialos. Cuando nosotros llegamos, a eso de las ocho, todo el personal anda concentrado alrededor de una bailarina de movimientos desangelados. En la playa, las tumbonas y sombrillas cubren casi por completo la arena. Parece un lugar agradable si te gusta la música disco y las distancias cortas. De vuelta a Chora (Miconos Town) hacemos un alto en Ano Mera para repetir en la taberna Apostolis; esta vez para degustar unos salmonetes y berenjenas blancas fritas. Por la noche, pasear por las callejuelas de Chora se nos hace incómodo, hoy hay mucha gente y no se puede ni andar. Después de saborear unos buenos helados, nos retiramos pronto a nuestra habitación a montar nuestra fiesta particular... 15 de julio, domingo. Miconos -> Atenas.
Las vacaciones se acaban, así que estiramos el tiempo lo que podemos. Para las ocho ya descansamos sobre la arena de la playa de Ornos,
sólo nos han adelantado los que han pasado la noche sobre las tumbonas. La playa está bien protegida del viento. 16 de julio, lunes. Atenas.
Así que ya sabes, si buscas un lugar para disfrutar de las playas, alejado de toda masificación, con aguas cristalinas y carreteras vacías, comida casera, unas cuantas ruinas, ¡ah!, y además unos precios más que razonables, pásate por las Islas Griegas, pero mantén el secreto y no se lo cuentes a tu vecino o esto se puede poner atestado a poco que corra el rumor. Menos mal que estos diarios no los lee casi nadie...
DATOS ECONÓMICOS DEL VIAJE:
Reservamos antes del viaje todos los alojamientos de Atenas, Santorini y Miconos; el resto: sobre la marcha. Alquiler de coches (dos personas):
Santorini: 3 días con la agencia Sunrise, un Hunday Athos, 30 € diarios. Alojamiento (dos personas):
Atenas: dos noches en el hotel Adrián, buena situación, habitación doble muy sencilla, 124 €/noche. Otros:
Taxi en Miconos: carrera desde Miconos hasta el aeropuerto, 3 Km., 5 min., 15 €. Vuelos (una persona):
Bilbao - Atenas - Bilbao: 316.37 € + 18 € de emisión del billete (con Rumbo.com) Gasto total:
Gasto coches + alojamiento + aviones: 1435,26 € |