Los viajes de Mariano    Volver a
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Islas Cícladas 2007

Santorini, Milo, Folegandros, Naxos y Miconos


29 de junio, viernes. Atenas.

    El aeropuerto Eleftherios Venizelos de Atenas anda muy animado a medianoche, talmente una romería: una multitud moviéndose de aquí para allá, tomando taxis, esperando a los autobuses, en dirección al metro o subiéndose en coches particulares. Para llegar a Atenas, escogemos el bus Syntagma Express X95, que en cuarenta y cinco minutos te deja en la plaza Syntagma; desde allí, a pata hasta nuestro alojamiento en el barrio de Plaka: el hotel Adrián, sencillo y muy bien situado; en una esquina de la plaza Kapnikare; lo mejor: las vistas desde la terraza -si te toca en el último piso, claro-.
    La noche es muy cálida y no hay un alma por las calles de Plaka. Esta semana han muerto diez personas por el calor; los periódicos informan que se alcanzaron las temperaturas más altas de los últimos ciento diez años. El agua sale caliente del grifo.

30 de junio, sábado. Atenas y Santorini.

    Nos levantamos para las siete. El sol ya calienta la piel con fuerza. Visitamos el Agora (antiguo mercado), la Iglesia de los Santos Apóstoles, muy restaurada, el templo de Efestión, antiguo lugar de culto hacia el Dios de los artesanos, fue también iglesia, cementerio, museo...
Mercado de frutas en Atenas
   Después caminamos por las calles del barrio Monastiraki -lleno de pubs y empapelado con carteles de festivales de música: Iggy Pop, The Blues Brothers, etc.- y llegamos hasta los mercados de pescado, carne y fruta, de la calle Athinas.
    Por la tarde, tomamos el metro en Monastiraki y en cuarenta y cinco minutos estamos de nuevo en el aeropuerto.
    Desde el avión parece como si todas las islas estuvieran casi pegadas las unas a las otras. Los luminosos caseríos encalados destacan sobre la orografía de las islas.
    A las ocho aterrizamos en Santorini, donde nos recibe el dueño de Anemomilos (molinos, en griego) Villas & Suites, quien nos conduce hasta nuestro alojamiento en Fira. El hotel está situado orilla de la carretera principal, a unos doscientos metros del centro de Fira. Llegamos a tiempo para disfrutar del espectáculo del sol ocultándose en el horizonte del mar. Recorremos las callejuelas de Fira, llenas de tiendas que compiten para atraer la atención del turista. Aquí no se vende cualquier cosa, sólo ropas de marca y los diseños más modernos y atractivos en collares, anillos, pendientes...
   La oferta gastronómica es enorme. Nos recomiendan cenar en la taberna Nicolás, donde esperamos unos minutos antes de sentarnos a la mesa. Los camareros son muy atentos pero la comida no es nada destacable.
    Por la noche es cuando más agradable resulta pasear, las estrechas calles de Fira se iluminan, todos los comercios se abren y las terrazas de los restaurantes se llenan de gente.
    ¿Y por qué todas las calles de los pueblos de las islas son tan estrechas y laberínticas? Pues para tratar de minimizar los efectos del melteni, un viento del norte que proporciona frescor, baja humedad y buena visibilidad y que algunos días sopla con tanta fuerza que impide zarpar a los barcos. Lo sentiremos soplar con fuerza sobre todo en Miconos.

1 de julio, domingo. Santorini.

    Nos levantamos tarde y desayunamos en Corner. Reservamos desde nuestro hotel un pequeño coche de alquiler. La oferta de alquiler en Santorini es inmensa: coches, motos, y lo más popular sin duda: los cuadrones; se ven por todas partes; de todos los colores y tamaños. Los bugis pequeños también tienen su clientela. Nuestra idea era alquilar un Peugout pequeño descapotable, que cuesta sólo diez euros más que uno con techo, sin embargo, nos lo desaconsejan debido al fuerte viento. Al alquilar un coche, un consejo: no firmes el contrato hasta que veas el coche; y si el seguro no es a todo riesgo sin franquicia, tómale unas fotos con la cámara digital para que quede constancia de las pequeñas imperfecciones que pueda tener. Nosotros no tuvimos ningún problema en todo el viaje, pero es mejor prevenir.
Vistas de la caldera de Santorini desde Oía
    A once kilómetros de Fira se encuentra Oía; un poco más genuina y de vida nocturna más sosegada que Fira. Las vistas de la caldera desde aquí siguen siendo impresionantes.
    Nos acercamos hasta las famosas ruinas de Acrotirio. Las excavaciones comenzaron en 1967 con el fin comprobar la teoría de que la civilización minoica desapareció tras la explosión del volcán. El resultado fue el descubrimiento de una ciudad anterior a la gran erupción, antes del 1600 a.C. No se ha encontrado ningún cuerpo; parece que les dio tiempo a escapar. Aunque la hora de visitas termina a las tres llegamos a tiempo... de comprobar que están cerradas al público por trabajos de restauración.
    De camino a Playa Roja comemos en la taberna Glaros; la señora nos enseña las conchas de un mejillón gigantesco, de más de medio metro de longitud, pescado por su hijo cerca de aquí; al parecer, el bicho no es comestible.
    Para llegar a Playa Roja hay que hacer un poco el cabra, ya que el camino pasa entre rocas y a veces hay que ponerse a cuatro patas para asegurar el paso. El enclave es espectacular, bajo unos acantilados de piedra roja; el lado negativo es que está llena de algas secas y si no te mercas una tumbona dejas la toalla hecha un asco.
    Nos desplazamos de nuevo hasta Oía para presenciar el atardecer. Si seguís la carretera hasta el final encontraréis abundante sitio para aparcar. Mejor os buscáis otro punto alternativo a la calle principal, porque está atestado de gente; una auténtica multitud.
    Si recorréis las callejuelas menos turísticas descubriréis algunas casas todavía en ruinas; la culpa la tuvo el devastador terremoto de 1956 que fue una auténtica catástrofe económica para la isla; muchos lugareños se marcharon y la isla no se recuperó hasta finales de los setenta, gracias al turismo.

2 de julio, lunes. Santorini.

    Atención: las ruinas de la antigua Thera cierran los lunes. Ya que hemos llegado hasta aquí, pasamos unas horas a la sombra de los pinos en playa Kamari, larga playa de arena y piedras, de fuerte oleaje, muy profunda y una de las mejores organizadas de la isla. Aprovecho para leer un poco sobre la historia de Santorini.
Callejuelas de Fira
Santorini ha cambiado de nombre varias veces a lo largo de la historia: se llamó Strongyle (la redonda), Kalliste (la más agradable), Theras (en honor del líder de los dorios). En el siglo IX a.C., Thera fue un punto importante de comunicaciones y en esa época adoptaron el alfabeto fenicio para escribir el griego. Thera fue tomada como base para las campañas guerreras de los sucesores de Alejandro Magno. El nombre actual se lo dieron los cruzados tras construir la iglesia de Santa Irene de Tesalónica (Irene significa paz en griego).

3 de julio, martes. Santorini -> Milo

    La carretera de entrada a Kamari discurre entre dos ringleras de olmos encalados; dicen que la cal refleja el sol y el tronco se calienta menos, lo que protege la corteza y ésta se agrieta menos. A la derecha hay un cine al aire libre, el único de la isla.
   Las ruinas de la antigua Thera están situadas en lo alto de una colina, a trescientos veinte metros de altura. Llegamos a las nueve y ya hay algunos aguerridos que suben a pié o en bicicleta la estrecha carretera empedrada que lleva a la cima, de considerable pendiente, por cierto. Sólo las vistas ya justifican la visita.
    Estas ruinas datan del siglo II d.C. y contienen hasta un pequeño anfiteatro. Huele a pino y a higueras y los pocos árboles que quedan crecen escorados en la dirección del viento.
    Y llegó el triste momento de abandonar Santorini. A la hora de pagar el hotel se produce lo que será una constante en el resto del viaje: aunque todos los establecimientos muestran el anagrama de conocidas tarjetas de crédito, casi siempre se buscan una excusa para no aceptar las tarjetas: que si la línea está ocupada, que si no saben como operar con la maquinita, etc. Un cuatro por ciento de comisión tiene la culpa.
    El dueño de Anemomilos nos conduce hasta Athinos, el puerto donde zarpa el barco Romilda que nos trasladará a Milo. Al descender por la zigzagueante carretera hacia el puerto se ve el cerco de flotadores que han instalado para recoger los posibles escapes de combustible del Sea Diamond que se hundió en mayo. El crucero sigue allí, sumergido a una profundidad de ochenta metros (la máxima profundidad de la caldera es de cuatrocientos metros). Dicen que quizá este invierno prueben a sacarlo.
La capital Fira cuelga sobre el borde de la caldera
    El Romilda sale puntual a las dos. Cuando navegas dentro de la caldera te das cuenta de las bárbaras dimensiones del volcán y de las consecuencias de una erupción así. La última erupción, allá por el 1600 a.C. provocó un tsunami con olas de doscientos metros de altura que, dicen algunos, fue la puntilla de la civilización minoica. Tuvieron que pasar doscientos años para que la isla se poblara de nuevo.
    Las dos islas pequeñas del centro de la caldera de Santorini, Palea y Nea Kameni, son las más jóvenes del Mediterráneo. Palea Kamini tiene menos de dos mil años de antigüedad mientras que Nea comenzó su formación hace tan sólo cuatrocientos veinticinco años y su lava más reciente data de hace cincuenta años.
    Mientras navegamos dentro de la caldera vemos una manada de delfines y una tortuga muy cerca del barco. A las 15:45 atracamos en el puerto de Ios; el Camping se divisa a la izquierda del puerto. Proseguimos viaje hasta Sifnos que parece muy poco poblada; desde el barco no se ve ni un solo caserío hasta que llegamos al puerto. Atracamos también en Folegandros donde da la impresión de que casi todos los edificios del puerto son alojamientos.
    Pasadas las siete y media llegamos por fin a nuestro destino. En Adamas, el puerto de Milo, el alojamiento turístico abunda; nada más desembarcar nos acercamos hasta los dueños de domatías, apartamentos y hoteles que aguardan tranquilos detrás de una barrera metálica; si quieres, te acercas a ellos; si no, nadie te agobia. Las fotos que nos enseñan de los apartamentos Giannis nos gustan, el señor que los representa nos mete en un minibús y en un minuto estamos alojados en una sencilla y amplia habitación, a cien metros del paseo marítimo. La única pega: que no tiene vistas al mar.
    Adamas se formó tras la huida de los cretenses cuando fracasaron en su rebelión contra los turcos, allá en 1824. Ahora es una pequeña ciudad portuaria, muy tranquila, de tan sólo mil habitantes, donde atracan algunos yates de buen tamaño; tiene abundantes restaurantes de pescado y numerosas agencias de alquiler de coches, supermercados, panaderías, museos, farmacia, bancos, etc.
    Cenamos en la taberna Naevagio: calabacín frito de entremés, ensalada de pulpo y una rodaja de mero.

4 de julio, miércoles. Milo.

    Milo cuenta con unos cuantos lugares pintorescos, así que alquilamos un coche para visitarlos; empezamos por el pequeño pueblo de pescadores de Klima, con sus sirmatas, casas de dos pisos con un hangar para barcos en el inferior.
Sirmatas de Klima
   Aunque es temprano, la serenata chirriante de los machos de las cigarras mediterráneas es ya omnipresente. Es muy fácil distinguirlas bajo las ramas gruesas de los olivos, dado su gran tamaño.
    Camino de Plaka, en Tripiti, se pueden visitar las catacumbas de los primeros cristianos, aquí celebraban sus ritos religiosos y enterraban a sus muertos.
    La Venus de Milo, ahora en el museo del Louvre, fue encontrada en 1820 por un campesino de Plaka que cavaba en su huerto. De la estatua poco se sabe, ni cuándo se creo ni quién la esculpió.
    Para refrescarnos, nos bañamos en la cala de Firopotamos; sólo dos parejas más en toda la playa.
    Regresamos un par de kilómetros para comer en alguna taberna de las callejuelas de Plaka, la capital. Después de un estupendo conejo encebollado y berenjenas fritas, nos desplazamos a Mandrakia; aquí la playa es muy pequeña y el acceso se hace por una camino de tierra. Mucho mejor y, sin duda, más espectacular es Sarakíniko; las formaciones rocosas de Sarakíniko son dignas de ver; la erosión del viento y el mar han creado un curioso paisaje en la blanquísima piedra volcánica donde no crece ninguna especie vegetal. Nos quedamos hasta el atardecer en este mágico lugar.

5 de julio, jueves. Milo.

    En la larga playa de Agios Konstantinos, donde descansamos, apenas hay tres parejas; la playita aledaña, Alogoma, aunque de dimensiones reducidas, tiene más encanto; está al abrigo de una cueva y encima, con sombra. Una docena de jubilados en piragua recalan aquí para descansar, se les ve agotados por el esfuerzo y el calor.
   El pequeño pueblo de pescadores de Pollonia es muy agradable; almorzamos en una de las tabernas del puerto a base de entremeses: madiraki (pececillos fritos, bonísimos si son frescos, no confundir con gavros), alubiones, bolas de calabacín y queso y ensalada griega; para concluir con un poco de sandía bien fría; que muchas veces te la ofrecen como invitación, no te la cobran.
Paseando por la playa de Pollonia
    La playa de Pollonia tiene numerosos tamarindos que ofrecen la tan buscada sombra durante las horas centrales del día. Está frecuentada por unos pocos turistas griegos y es muy tranquila, ya sabes, de esas que sólo oyes el lánguido rozar de los guijarros mecidos por las olas.
    Desde la playa se ve el ir y venir de los pequeños ferrys a Kimolos y Glaronisia. Estas islas contienen unas extrañas formaciones volcánicas parecidas a columnas hexagonales y pentagonales.
    De vuelta hacia Plaka, no perderse las piscinas naturales de Papafragas, unas estrechas lenguas de mar que entran cien metros tierra adentro. A la derecha se puede visitar las ruinas neolíticas de la ciudad de Filakopi.

6 de julio, viernes. Milo.

    A las seis y cuarto nos despierta los cantos de los gallos y el ulular de algún pequeño autillo. Fantástico amanecer. Para desayunar, nos desplazamos hasta el paseo marítimo y de paso echamos una ojeada a las capturas de uno de los barcos. El de la foto de la derecha ha pescado tres langostas rojas cercanas al kilo -en los restaurantes se cotizan entre sesenta y setenta euros el kilo-, muchos cabrachos, lochas y salmonetes.
Barco pesquero en el puerto de Adamas, Milo
    En la playa de Firiplaka no se puede estar; el viento es muy fuerte y los gruesos granos de arena te golpean como perdigones. Nos trasladamos a la de Maypa Ikpemna, donde algunos aprovechan para practicar windboard. Al menos, aquí los árboles de la playa dan algo de sombra y frenan el viento. En toda la playa se ve sólo dos parejas más; como veis la masificación es desconocida en Milo.
    Comemos de nuevo en Pollonia, un pueblecito que nos ha gustado mucho y pasamos la tarde en la playa de tamarindos.
    Al regresar a Adamas observamos mucho ajetreo en el paseo marítimo; un crucero de mediano tamaño ha atracado en la bahía. El agua del puerto es cristalina, sin asomo de basura o manchas de combustible, tan habitual en otras puertos del Mediterráneo.
    Para cenar, nos trasladamos a Plaka, esta vez compartimos unos dolmades (hojas de parra rellenas de carne y arroz) y un plato de pasta. En Plaka hay buen ambiente por la noche. Vemos el fantástico atardecer desde la terraza de un bar de copas. Todo un espectáculo.

7 de julio, sábado. Milo -> Folegandros.

    Esta mañana abandonamos Milo y embarcamos a las ocho en el ferry Panagia Hozoviotisa con destino a Folegandros. Para viajar entre islas hay numerosas posibilidades, sin embargo, no todos los días salen barcos a las islas que uno quiere. Es recomendable que planees el itinerario con antelación, en esta dirección puedes comprobar las conexiones entre islas e incluso reservar los billetes.
Desembarcando en el muelle de Karavostasis, Folegandros
   El viaje en barco es siempre muy agradable; el día es estupendo, sopla un poco de brisa y como siempre, muy soleado. ¿te puedes creer que no veremos ni una sola nube en nuestras vacaciones en Grecia? Fíjate en el cielo de las fotos: no verás una nube jamás. Esta vez viajamos en una salón con butacas; sólo doce personas de un total de ciento ochenta y dos plazas.
    Nada más desembarcar, una señora nos enseña fotografías de los apartamentos Vardia; en el mismo puerto Karavostasis; los echamos un vistazo y sin dudarlo, nos quedamos. Tienen terraza con sombrilla y vistas al mar; detrás, la playa nudista de Vardia. En Chora recomiendo el Anemonilos, su situación es de lo mejorcito. Para los muy pudientes: el Chora Resort, a doscientos euros la noche. Y eso que no tiene vistas al mar.
    Para llegar a Chora desde el puerto Karavostasis, un autobús recorre los 2.8 Km. cada media hora. En esta isla sólo viven setecientas personas y el único tráfico que hay es el de los coches y motos de alquiler, muy escasos. Te puedes imaginar la calma que se respira.
    Comemos en el puerto, en el restaurante Kali Kardia, del hotel Poseidón. Pasamos la tarde en la playa del puerto; reina una total tranquilidad; sólo se escucha las olas al golpear contra los guijarros de la playa. Subimos a Chora en autobús al atardecer. Las plazas de Chora están repletas de mesas para cenar y podemos comprobar la efectividad del laberinto de estrechas callejuelas en la lucha contra el viento; en las calles interiores apenas se siente.

8 de julio, domingo. Folegandros.

    Alquilamos un cochecillo para conocer un poco más la isla. Para llegar a las calas más recónditas, las del norte, hay que armarse de valor, porque de repente, el camino de tierra empieza a descender y la pendiente es de vértigo. A pesar de ello, siempre hay un par de parejas en cada cala.
La Kimisis tis Panaghias y un burro
    Si andáis por el norte de la isla no dejéis de visitar la taberna Isinantisi, fundado en 1920. Tres mujeres: la abuela (de luto riguroso y con pañuelo en la cabeza), madre e hija esperan sentadas -con las manos cruzadas en el regazo-, a que vayan llegando los clientes. Pedimos conejo con matsaka -pasta fresca de elaboración propia, exclusiva de Folegandros-, y salmonetes fritos. Merece la pena, ya lo creo.
    Llegamos hasta playa Agali, está sí, muy frecuentada ya que el autobús la enlaza con Chora. Al entrar en la playa un cartel advierte que el nudismo está explícitamente prohibido. La playa está muy concurrida para lo que es habitual en las islas. Los chavales andan lanzándose desde las rocas a gran altura.
    Al atardecer, hay mucha animación en Chora; se celebra una boda y una de las plazas está tomada por los invitados. Han contratado a tres músicos con instrumentos tradicionales y el pueblo entero parece en fiestas. Las parejas más atrevidas, con las mejillas sonrosadas por el vino, salen a bailar. Las buganvillas y la iluminación contribuye a dar un ambiente festivo a todo el pueblo.
   Las callejuelas de la ciudadela forman un pequeño laberinto de arquitectura típica cíclada que no hay que dejar de visitar, a diferencia de las plazas, están casi desiertas y sólo frecuentadas por los lugareños.
   Presenciamos el atardecer desde la iglesia de Chora, la Kimisis tis Panaghias; un camino empedrado en zig-zag conduce hasta lo alto. Las vistas desde el campanario son magníficas. La foto del burro está tomada aquí.

9 de julio, lunes. Folegandros -> Naxos.

    Nos levantamos pronto y nos acercamos a la playa de guijarros de Livadi, cerca del camping. Pasamos un par de horas sin ver un alma.
En pelotas en la Playa de Livadi, Folegandros
    A las doce abandonamos el hotel y después de comer, gastamos la tarde leyendo en la playa de Vardia hasta que llega la hora de subir al Flying Cat 3, un súper catamarán de pasajeros que nos lleva a Naxos en tres horas y media (atención los que se marean, el barco es rápido pero se mueve mucho, un pastillazo es recomendable). Llegamos al puerto de Chora a las once de la noche y todavía encontramos a cinco personas ofreciendo alojamiento. Escogemos un hotel cerca de la playa de Agios Georgios y nos conducen hasta él; lo vemos y no nos gusta. Damos unas vueltas por la zona y terminamos en la pensión Dimitra, muy sencilla y barata pero al menos, limpia.

10 de julio, martes. Naxos.

    Pasamos temprano por el puerto para alquilar un coche y también un apartamento para pernoctar las dos noches siguientes. Salimos con un Kia automático y un apartamento en Santa Ana.
    Vemos la diminuta iglesia de Agios Nikolaos donde charlamos con una pareja de alemanes que han visitado varias islas.
Pulpos secándose en una taberna de Chora, Naxos
    Un camino empedrado flanqueado por adelfas conduce a las ruinas de Yiroulas, en Sangri. El templo de la Diosa Dimitra se reconvirtió en iglesia cristiana tras unos "arreglitos" para ajustar el templo a las exigencias de la nueva religión. En el siglo VI d.C., el emperador Justiniano la demolió casi por completo y construyó una basílica. El pequeño museo aledaño bien vale una visita.
    Hace mucho calor así que reponemos agua en la taberna de Johnny.
    Intentamos llegar a la cueva de Zas, donde nació Zeus, pero abandonamos cuando el camino empieza a desdibujarse.
    Pasamos la tarde en la playa de Bahia Ammos, hace fuerte oleaje y no nos bañamos. Al anochecer, el paseo marítimo de Chora se pone a reventar, las tabernas no dan abasto sirviendo pescado y marisco y los famosos pulpos a la brasa. En la fotografía de la derecha se ven los pulpos secándose en la cuerda a la espera de ser consumidos.

11 de julio, miércoles. Naxos.

    Somos casi los primeros en llegar a la playa que se encuentra a pocos metros de nuestro apartamento, en Santa Ana. Santa Ana es un lugar recomendable, nada masificado; la playa es de arena y las aguas cristalinas. Me maravilla que estas islas no hayan entrado en la espiral de especulación tan habitual de otras zonas del Mediterráneo, aquí los edificios nunca pasan de las dos alturas y la arquitectura tradicional se respete en cualquier nueva construcción. Es un logro de que tiene mucho mérito y que esperemos se mantenga por mucho tiempo.
Vista de Apollonas, Naxos
    Después de desayunar ponemos rumbo hacia Apollonas, en el norte. Cruzamos por las montañas de donde se extrae el mármol. El paisaje vale la pena: inmensas montañas con sus laderas repletas de terrazas y bancales que supongo se utilizaban para cultivos. Muchas adelfas en los márgenes de la carretera; las buganvillas adornan también muchos pueblos griegos y en general, abundan en todo el mediterráneo. Es una planta de origen sudamericano; traída a Europa por el militar francés Louis Antoine de Bougainville; y una curiosidad: sus flores, en realidad, son hojas modificadas.
    Comemos en Apollonas y pasamos la tarde en su playa de arena (prohibido el nudismo).
    Regresamos a Chora por la poco transitada costa oeste. Aguardamos a la puesta de sol desde la playa de guijarros de Abrami, completamente solos. En Chora hay mucha animación por las noches, los restaurantes están repletos y el paseo marítimo muy concurrido.

12 de julio, jueves. Naxos -> Miconos.

    Tomamos el High Speed 3 hacia Miconos; un barco muy cómodo y rápido, que, por cierto, va abarrotado de gente y equipajes. En cuarenta minutos escasos nos plantamos en el Puerto Nuevo de Miconos, distante dos kilómetros del centro.
    Esta isla es la más turística de las Cícladas y se nota enseguida: mucho tráfico, colas de gente en las paradas de taxis, grupos de adolescentes dormidos sobre sus mochilas; turistas con expresión de cabreo esperando en fila el autobús que les lleva a su crucero; en fin, la tranquilidad que se respira en otras islas ha desaparecido por completo.
Calles de Miconos
    Desde el Puerto Nuevo puedes llegar al centro en autobús o en taxi. El autobús te deja muy cerca del centro de Miconos pero después tienes que llegar a pie a tu alojamiento porque los taxis están imposibles. Nosotros tenemos la suerte de que el Myconian Inn es céntrico, a tan sólo un par de minutos andando desde la plaza central, aún así, con este calor, sudamos lo nuestro y llegamos jadeando a la recepción del hotel, a pesar de nuestro diminuto equipaje.
    Por si no lo sabes, en la isla sólo hay veintinueve taxis y en las horas centrales del día no dan abasto; sencillamente, no se encuentran. En la parada de taxis de la plaza Manto verás siempre una fila de más de diez personas esperando con el ceño fruncido. ¡Y qué precios!: por una carrera desde Miconos al aeropuerto (3 Km., 5 min.) te cascan 15 €. No está mal, ¿eh?
    ¿Y qué tal el Myconnian Inn?, ¿recomendable?. Pues te diré: su ubicación es lo mejor, a setenta metros de la plaza Manto, sin embargo, las habitaciones andan justas de espacio y no digamos el baño... diminuto; eso sí, la decoración y los muebles tienen buen estilo.
    Comemos un plato de pasta en Antonini´s, en la plaza Manto. En general, los precios en Miconos son indudablemente más altos que en otras islas, pero la abundante competencia hace que tampoco se disparen demasiado. Después paseamos por las estrechas y pintorescas callejuelas y cenamos en Georgio´s, otro estupendo sitio para cenar o comer.

13 de julio, viernes. Miconos.

    Tomamos el primer barco hacia la isla Delos donde nacieron nada menos que Apolo y Artemisa. El viento atempera el calor habitual de tal forma que las ruinas se recorren bajo una temperatura muy agradable.
Mosaicos en el suelo en una casa de Delos
Las ruinas actuales de Delos corresponden a su periodo de máximo esplendor, cuando Delos era el centro de toda la actividad comercial del este del Mediterráneo. Para los antiguos griegos era el más sagrado de los lugares: Apolo, Dios del sol y su hermana gemela, Artemisa, Diosa de la caza, nacieron aquí. Ricos mercaderes, banqueros y navieros se instalaron en esta isla allá por el siglo I a.C. Esto atrajo también muchos constructores, artistas y artesanos que construyeron lujosas mansiones, ricamente decoradas con estatuas, frescos y suelos cubiertos con mosaicos como el de la foto de la izquierda. Se estima que en un año se movían en su puerto 750000 ton. de mercancías. La propia prosperidad de la isla y su buena relación con los romanos fueron las principales causas de su destrucción.
    A la vuelta, el mar anda bastante movido y entre el pasaje se observan caras de preocupación; las gorras se las lleva el viento y más de uno tiene que acercarse a la borda para arrojar el desayuno. Tardamos una hora en volver a la seguridad del puerto de Miconos.
    Esta mañana ha atracado un enorme crucero, amén de los dos o tres más pequeños que recalan cada día y por las calles más comerciales de Miconos Town no se puede ni andar.
    En esta isla se ve muchos hombres emparejados, pero lo que parece estar de moda son los tríos masculinos, que por cierto, van impecables: corte de pelo a la moda, buen bronceado, cuerpo de gimnasio, depilados y ropa de vestir muy cuidada.

14 de julio, sábado. Miconos.

    Otro día con el viento como protagonista, aún así los barcos parten hacia Delos.
   Encontramos algunas dificultades para alquilar coche, las principales agencias no disponen de ninguno libre. Tras mucho porfiar, al fin nos hacemos con un Smart automático; un coche muy divertido de conducir y más estable de lo que parece.
   Según la recepcionista de nuestro hotel, la playa más protegida del viento es Psarou, así que allá vamos. El aparcamiento escasea, pero lo mejor de un Smart es que cabe en cualquier sitio. Las tumbonas y sombrillas de paja cubren el ochenta por ciento de la arena; en cuestión de una hora se llena.
   Comemos unas bolas de calabacín con queso y calamares fritos en la plaza de Ano Mera, en la taberna Apostolis, recomendable por su limpieza. El monasterio de Panagia Tourliani, en la misma plaza, bien merece una visita; debe su nombre a un icono que se encontró flotando en el mar; la tradición cristiana asegura que fue realizado por el propio San Lucas. El campanario es de mármol. El simpático monje de la foto le dio dos besos a mi mujer en la misma mejilla al despedirse...será la costumbre de aquí.
Junto a un monje cristiano ortodoxo en el patio del monasterio Panagia Tourliani
    El viento sigue soplando con mucha rabia; según la televisión, hoy alcanzará los 120 km/h. Algunas sillas del restaurante caen al suelo.
    Nos acercamos hasta la playa de Kaldo Livali, donde la zona derecha está algo protegida del viento y se puede estar. Cuando abro las puertas del coche parece que el viento las fuera a arrancar.
    Visitamos también la playa más famosa de la isla: Plintri, más conocida como Super Paradise; el lugar favorito para los que no quieren parar de beber y bailar noche y día. No es nada aconsejable ir en coche: la carretera es estrecha, llena de curvas y bajadas muy pronunciadas; aparcar tampoco es fácil. La mejor opción para venir hasta aquí es el gasolino desde Platis Gialos. Cuando nosotros llegamos, a eso de las ocho, todo el personal anda concentrado alrededor de una bailarina de movimientos desangelados. En la playa, las tumbonas y sombrillas cubren casi por completo la arena. Parece un lugar agradable si te gusta la música disco y las distancias cortas.
    De vuelta a Chora (Miconos Town) hacemos un alto en Ano Mera para repetir en la taberna Apostolis; esta vez para degustar unos salmonetes y berenjenas blancas fritas.
    Por la noche, pasear por las callejuelas de Chora se nos hace incómodo, hoy hay mucha gente y no se puede ni andar. Después de saborear unos buenos helados, nos retiramos pronto a nuestra habitación a montar nuestra fiesta particular...

15 de julio, domingo. Miconos -> Atenas.

    Las vacaciones se acaban, así que estiramos el tiempo lo que podemos. Para las ocho ya descansamos sobre la arena de la playa de Ornos, sólo nos han adelantado los que han pasado la noche sobre las tumbonas. La playa está bien protegida del viento.
    Dadas las dificultades para pillar un taxi, ayer reservamos uno para hoy a las once para llevarnos al aeropuerto. Tras veinte minutos de vuelo aterrizamos en Atenas.
    Como todos los años, en esta época se celebra el Festival Internacional de Artes Escénicas, que incluye más de cien actuaciones de todo tipo. ¿Y quién toca hoy? A las nueve presenciamos el espectáculo "Las aventuras del Príncipe Rama" del grupo "The Semara Ulangun" de Bali, en un marco incomparable: el teatro antiguo de Herodes. Por supuesto, no entendemos ni taba, aunque este tipo de teatro suele seguir la tradición narrativa de la batalla entre lo Bueno y lo Malo y el poder del destino. Para ser Gamelán lo encontramos hasta melódico.

16 de julio, lunes. Atenas.

   
Puesta de sol en Milo
En el aeropuerto puedes matar el tiempo de espera en un pequeño museo que cuenta los hallazgos arqueológicos durante las obras de ampliación del propio aeropuerto. Debido a la presión en la planificación de las obras, no se pudo excavar más. Al lado del museo se ofrece una breve historia sobre el presidente Venizelos, autor de la propuesta de intercambio obligatorio entre griegos y turcos en 1923.
    Así que ya sabes, si buscas un lugar para disfrutar de las playas, alejado de toda masificación, con aguas cristalinas y carreteras vacías, comida casera, unas cuantas ruinas, ¡ah!, y además unos precios más que razonables, pásate por las Islas Griegas, pero mantén el secreto y no se lo cuentes a tu vecino o esto se puede poner atestado a poco que corra el rumor. Menos mal que estos diarios no los lee casi nadie...

DATOS ECONÓMICOS DEL VIAJE:

Reservamos antes del viaje todos los alojamientos de Atenas, Santorini y Miconos; el resto: sobre la marcha.
En las islas más concurridas, como Santorini y Miconos, parece conveniente reservar el alojamiento con antelación, sobre todo en Miconos. También en las islas más pequeñas, donde la oferta escasea, como Folegandros.
Los siguientes precios corresponden a la primera quincena de julio de 2007.

Alquiler de coches (dos personas):

Santorini: 3 días con la agencia Sunrise, un Hunday Athos, 30 € diarios.
Milo: 3 días con Tomaso, 25 € diarios
Folegandros: 1 día con Kozzmozz, un Chevy Picanto por 45 € diarios.
Naxos: 2 días un Kia automático, 35 € + 8 € seguro a todo riesgo.
Miconos: 1 día con Pier nº1, un Smart. 60 € diarios.
Gasto total en coches para 10 días: 356 €

Alojamiento (dos personas):

Atenas: dos noches en el hotel Adrián, buena situación, habitación doble muy sencilla, 124 €/noche.
Santorini: tres noches en Anemomilos Villas & Suites, a 60 €/noche.
Milo: cuatro noches en apartamentos Giannis, 40 €/noche. Habitaciones sencillas y muy amplias.
Folegandros: dos noches en los apartamentos Vardia, a 50 €/noche, en el puerto Karavostasis.
Naxos: una noche en la pensión Dimitra (30 €/noche) en Chora y dos noches en Fannis Studios en la playa de Santa Ana (60 €/noche).
Miconos: tres noches en Myconian Inn, a 153 €/noche. Baño muy pequeño. Bien decorado y situado. Zona tranquila.
Gasto total en alojamiento por 17 noches: 1297 €

Otros:

Taxi en Miconos: carrera desde Miconos hasta el aeropuerto, 3 Km., 5 min., 15 €.
Pareja de tumbonas y sombrilla en Super Paradise (Miconos): 12 €.

Vuelos (una persona):

Bilbao - Atenas - Bilbao: 316.37 € + 18 € de emisión del billete (con Rumbo.com)
Atenas - Santorini: 139.39 € + 12 € de emisión.
Miconos - Atenas: 111 € + 12 € de emisión.
Gasto total en vuelos: 608.76 €

Gasto total:

Gasto coches + alojamiento + aviones: 1435,26 €

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