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República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

9 de abril, viernes

    Nuestro guía en Hangzhou es el jefe de la agencia y cada quince minutos le llaman al móvil. Se ve que en estas fechas están desbordados de turistas y hasta él ha salido a la calle. Anda tan pendiente de otras cosas que ni tan siquiera nos dice su nombre.
    Visitamos la pagoda Lihue o pagoda budista de las Seis Armonías, al sur de Hangzhou. La pagoda es espectacular, sesenta metros de altura, octogonal y desde fuera parece que tuviera trece pisos pero en realidad tan solo son siete. Se construyó en el año 970 y se destruyó en 1121, durante la rebelión de Fang La. Se volvió a reconstruir por completo en 1165. ¿De dónde le viene el nombre de las seis armonías? Hay varias explicaciones, quizá se refiera a los seis elementos armónicos según la concepción estética de los chinos en la antigüedad: los cuatro puntos cardinales, el cielo y la tierra. otro origen podría ser las predicaciones del budismo: armonía del cuerpo, de la mente, de las opiniones, del habla, la pobreza y la abstinencia. Desde el principio su principal función fue la de faro para guiar a los marineros, otros dicen que la razón espiritual de su construcción fue el calmar las olas del río Quian Tan para así facilitar la navegación. Por dentro cuenta con una escalera en espiral que nos permite subir hasta arriba.
    Ahora nos dirigimos al lago. Por todas partes hay turistas, la mayor parte son nacionales, claro, después vienen los japoneses y luego los coreanos.
    Mientras esperamos a nuestro barco, mi mujer compra una sombrilla para el sol y algunos turistas chinos le piden permiso para posar con ella en una foto. El acceso a los barcos se realiza mediante una simple tabla. Subimos raudos al piso superior descubierto para sentarnos. Por un momento me viene a la mente la tragedia de hace seis años del lago Bañolas, donde murieron veintiún jubilados franceses al exceder la capacidad del barco. Sobre una placa figura el número máximo de personas que puede transportar: 120. Cuento a los que hay a mi alrededor y calculo aproximadamente los que puede haber en el piso de abajo y me quedo más tranquilo, no llegamos al límite.
    Nuestro guía estima que un ingeniero puede ganar, al cambio, en torno a las quinientos euros y un obrero, unos ochenta mensuales. Con estos ingresos no es extraño que tantos chinos emigren a Occidente. De Europa, los países preferidos son Italia y España, por la cultura de la evasión fiscal y porque la corrupción de todo tipo está más extendida, los controles son más laxos. La mayoría de los chinos que llegan a España son de Zhejiang. Vienen a España en avión con préstamos de algún familiar que ya trabaja en España y al que deben devolver el importe trabajando gratis unos dos años. Después, con otro préstamo de familiares y amigos se hacen con algún local y montan su negocio propio, trabajan duro, sin horarios y si el negocio marcha, mandan remesas de dinero a su familia en China y años después regresan. Por eso, es dificil ver entierros de chinos en España, no suelen quedarse a vivir, a no ser que les vaya muy, muy bien.
    Después de comer en el restaurante de un hotel y ver otra tienda más, esta vez de té, tomamos el tren de las 14:40 hacia Suzhou, con parada en Shanghai.
    Viajamos en primera y en nuestro vagón no hay un solo sitio libre. Entre el pasaje se ven algunos narices altas, no muchos. El tren luce impecable, limpio y con amplios y cómodos asientos. Por el pasillo no cesan de pasar vendedores con carritos ofreciendo bebidas y chucherías, el equivalente a nuestras bolsas de patatas fritas, ganchitos, palomitas, etc.
    Cuando paramos en Shanghai llamamos a casa, es el cumpleaños de mi padre. Casi nos da vergüenza sacar nuestro móvil, normal en España pero una antigualla al compararlo con las miniaturas que se ven por aquí. Seguro que piensan que lo moderno son los móviles grandes. La comunicación es perfecta, clara y potente, como si estuviéramos en casa.
    Por la ventanilla vemos extensiones enormes de campos amarillos de colza.
   Llegamos a la estación de Suzhou que está atestada de gente, como todas las estaciones chinas. Se hace difícil andar con nuestras maletas contra la corriente humana que viene a la contra.
    Nuestra guía en Suzhou se hace llamar Paloma, simpática chica, muy natural y equilibrada. Dosifica la información y no se queda corta ni nos aturulla con exceso de ella. La estación tiene su zona específica de aparcamiento para las busetas, a unos doscientos metros de la salida, y hay que acarrear con las maletas hasta allí.
    Suzhou cuenta con una historia de más de 2500 años. Se fundó como capital del reino de Wu en el 514 AEC y hasta ahora ha sido el centro político, económico y cultural de esta región.
Jardines de Suzhou
    Los jardines más antiguos pertenecieron al rey Wu. El primer jardín privado fue el de Pijiang, del siglo IV. A este le siguieron muchos más, sobre todo, durante el despegue económico de las dinastías Ming y Qing, siglo XVI al XVIII, cuando se construyeron unos doscientos jardines. Docenas de ellos han sobrevivido en buen estado hasta hoy. Durante nuestra corta estancia en la ciudad solo veremos dos: el del Maestro de Redes y el del Administrador Humilde.
    Suzhou tiene solo unos tres millones de habitantes y el próximo año acogerá una reunión de la Unesco sobre ciudades que son patrimonio de la humanidad, así que la ciudad está patas arriba, con obras por todas partes. La calle de acceso a nuestro hotel está completamente levantada: nuevas aceras, nuevo asfalto y nuevas tuberías. Las fachadas de algunos edificios también están llenas de andamios.
    Permanecemos en el hotel Suzhou el tiempo justo para dejar las maletas. Por indicación de Paloma, asistimos a un espectáculo en el jardín del Maestro de Redes, eufemismo poético de pescador. Se trata de diversas manifestaciones artísticas: ópera, teatro y fundamentalmente música. Resulta entretenido y de buen gusto.
    Luego cenamos en el restaurante recomendado por Paloma, a tiro de piedra del jardín.
   A la vuelta, entramos en una tienda de cedés donde tienen algo de música pop occidental, como Rod Stewart, REM, Rolling Stones, U2, Norah Jones. Cedés originales al increíble precio de un euro.

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