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República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

7 de abril, miércoles

    A las siete salimos con rumbo al embarcadero para subir a un barco que navegará durante cuatro horas por el río Li hasta Yuansho entre las formaciones de karst. Estas formaciones de conos de karst tienen su explicación: el agua de lluvia acidificada por el dióxido de carbono del aire y los desperdicios vegetales del suelo se filtra por las grietas de la caliza y la van disolviendo. Tras miles de años, esta acción ha creado estrechos canales y conductos de agua que han erosionado las piedras hasta producir profundos desfiladeros, dividiendo las montañas en bloques aislados.
Formaciones de karst en las orillas del Yangtzé
    En las orillas vemos infinidad de patos y gente pescando sobre lanchas de bambú. Llueve ligeramente, según nuestro guía, una fina lluvia con algo de niebla es la mejor atmósfera para recorrer el paisaje de estas montañas. El recorrido es entretenido, los turistas no paran de hacer fotos a este peculiar paisaje. Algunos vendedores ambulantes de artesanía que navegan en canoas de bambú nos abordan en maniobras bastante arriesgadas.
    A estas alturas del viaje ya nos hemos dado cuenta de que se ven pocos perros y pájaros. Lo de los pájaros fue otra nefasta idea de Mao Tse-Tung, el Gran Timonel. Hechó cálculos y vio que un millón de gorriones se comían el grano que necesitaban sesenta mil personas. Hay que acabar con ellos, se dijo. Y millones de chinos se pusieron a la tarea de envenenarlos y destruir sus nidos, casi se extinguen. Pero se olvidaron de un detalle: los gorriones no comen solo grano, tambien insectos. Cuando llegaron las plagas de langostas, los gorriones ya no estaban allí para ayudarles. Las langostas se comieron parte de las cosechas, si a esto le añades una pésima gestión alimentaria y algunas inundaciones, tienes como resultado la Gran Hambruna, que en cuatro años, de 1958 a 1962, acabó con la vida de 46 millones de chinos —dato calculado por Frank Dikotter en su libro Mao's Great Famine. The History of China's Most Devastating Catastrophe 1958-1962— y con casi todos los perros, que algo había que comer. Al final, Mao compró a la Unión Soviética doscientos mil gorriones, pero en secreto, no sea que bajara su popularidad.
    Llegamos a Yanshuo, una pequeña población que vive del turismo y que, como el resto del país, sufre una tremenda fiebre constructora. Vemos varios hoteles y restaurantes en construcción.
    Volvemos a Guilin en la buseta. Después de comer tenemos tarde libre, así que salimos rápidamente a la calle. Visitamos el supermercado de un centro comercial, hay cientos de alimentos que desconocemos, por no decir todos. En la pescadería venden tortugas vivas, parece un plato muy popular. Los paquetes de arroz más pequeños son de cinco kilos.
   En el exterior del centro comercial, sobre la acera, unos aficionados representan una obra teatral sobre un escenario bien montado, con diminutos micrófonos inalámbricos sujetos a su solapa y un decorado de fondo. Ignoramos la trama de la obra, aunque adivinamos que el tema puede ser la confrontación tradición-modernidad en las relaciones personales entre miembros de una familia. Pero vete a saber...
    En la plaza central de Guilin hay un gran escenario permanente y dos pantallas de video gigantes a los costados.
    Cenamos en el restaurante del Sheraton. La mayoría de los platos son muy asequibles, oscilan entre tres y cinco euros. Unos pocos llegan a los diez euros y luego están los manjares, como la aleta de tiburón con papaya o la sopa de nido de golondrina, ambos pasan de los treinta y cinco euros. Como ves, en general, la comida es realmente barata en China, incluso en los restaurantes decentes.

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