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República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

3 de abril, sábado

    Partimos hacia la Gran Muralla. Salir de Pekín no es fácil, las autopistas de entrada y salida de Pekín están colapsadas. Todos los letreros de la autopista están escritos en chino y en inglés.
Tráfico en Pekín
Los carriles de las autopistas los clasifican como: overtaking lane, carriage lane y parking lane.
    Estamos rodeados de coches por todas partes y vamos a paso de burra, así que me entretengo observándolos. La marca más vendida parece Volkswagen, de los que se fabrican es China seis modelos: Jetta, Santana, Polo, Golf, Bora y el Passat. Veo muchos Citröen, Nissan, Jeep, Hunday, Mercedes, Buick Shanghai, Jimbei, Geely, Suzuki y hasta un Rolls Royce. Los modelos más utilizados por la clase pudiente parecen ser el Mercedes, Audi, BMW y Toyota, muchos de ellos con los cristales tintados en negro. Los modelos nacionales son el Chery, Great Wall, Geely (esta marca ha comprado a Volvo), Jimbei y el Xiali, de tecnología Toyota. Parece que aquí se lleva mucho lo de forrar los asientos.
    Está claro que la era de la bicicleta ha terminado; el mercado del automóvil está en plena expansión: el año pasado se compraron dos millones de coches, esto no parece mucho para la población de China pero ¡el incremento anual es del 50%! Los chinos conducen mal, se diría que no comprenden las ventajas de cumplir las reglas y lo mismo dan marcha atrás en una rotonda que se paran en el carril izquierdo de una autopista sin aparente justificación. El caos es descomunal. Los pequeños golpes de chapa son muy frecuentes porque las distancias entre los coches son mínimas. ¡Y cómo meten el morro! Entre seis y ocho de cada diez coches tienen al menos un accidente cada año, una proporción brutal y... un negocio impresionante para los talleres de chapa.
    Si vienes a China, ten cuidado al cruzar la carretera porque si te atropellan y encima te confunden con un chino puede que te rematen con el vehículo o incluso a cuchillo. Todos los años se dan casos de conductores que en vez de auxiliar al atropellado lo rematan. ¿La razón? La indenmnización por homicidio puede rondar los 30000 euros, pero si vive, el conductor debe pagar los gastos médicos de por vida, lo que podría multiplicar esa cifra por diez. Estás avisado.
    Petrochina vende la gasolina a 0.35 € el litro
    Grandes carteles publicitarios a ambos lados de la autopista anuncian casas de lujo en el Napa Valley ¡al más puro estilo de vida californiano!
    El paisaje es amarillento, agostado, dicen que sufren una gran sequía.
    Las estaciones están muy marcadas en Pekín, los inviernos son muy fríos, se llegan a alcanzar los catorce bajo cero y los veranos muy calurosos, de cuarenta grados. No es extraño que todo el mundo vista menos abrigado que nosotros. A muchos hombres les es suficiente un jersey y una chaqueta. Yo llevo un plumífero y un gorro de lana y no me estorba.
    Al pasar por los peajes de la autopista nos espera en cada fila dos señoritas de uniforme sentadas en una silla de madera con una maleta negra donde guardan la recaudación; una antes de la cabina y otra después, así atienden el doble de coches.
    Yu nos comenta que acaba de comprar el derecho de uso de un piso por setenta años. Tiene una superficie de 80 m² y le ha costado 35000 €, el precio normal es de 50000 pero se lo han rebajado porque ha aportado un piso antiguo de su abuelo.
    Cerca de las estaciones de tren o de las paradas de autobús se ven extensos aparcamientos para las bicicletas.
    Un pasatiempo muy extendido aquí es volar cometas, aunque las glorietas y otros lugares cerca de las carreteras se me antojan lugares poco adecuados.
    Desde el coche vemos los peludos camellos de Mongolia.
    Después de un sencillo almuerzo en un comedero para turistas, visitamos la parte reconstruida de la Gran Muralla. Existen otros lugares donde se puede encontrar la muralla en su estado original, en Simatai, por ejemplo, a 110 km al noreste de Pekín, pero las comunicaciones no son todavía buenas.
    Desde el centro de visitantes, podemos escoger caminar hacia la derecha o hacia la izquierda. Yu nos recomienda la derecha, el recorrido es más suave, pero está lleno de gente. Elegimos la izquierda, de mayor pendiente pero mucho menos concurrida, como se ve en la foto.
La Gran Muralla
    Durante el paseo por la muralla nos detenemos frecuentemente para contemplar a lo lejos como serpentea sobre las colinas como si fuera la cresta dorsal de un dragón. Realmente impresiona, uno no deja de asombrarse ante el esfuerzo sobrehumano que implica la construcción de semejante muro de 6000 km. En una de nuestras paradas para descansar (la subidita en algunos lugares es de órdago), coincidimos con dos soldados que hacen patrulla por la muralla, ignoro con qué fin. Nos reímos las muelas cuando vemos a uno de estos tiarrones manipular un bolso de señora que hace juego con el verde de su uniforme. Gustosamente se hacen una foto con nosotros y el bolso.
    Recorremos la muralla hasta que alcanzamos los restos de la verdadera, totalmente destruida por el paso del tiempo. A juzgar por la estética de las ruinas, el trabajo de reconstrucción ha sido muy bueno, ha quedado muy parecida al original.
    En realidad, la muralla no ofreció la resistencia esperada al ataque enemigo, para pasar no tenían más que sobornar a los centinelas, además, a los ejércitos enemigos les sirvió de autopista para sus desplazamientos.
    A las cuatro dejamos con pena la Gran Muralla. Para evitar el intenso tráfico, nos conducen por un atajo de firme menos cuidado pero más despejado. Vemos que están construyendo nuevos centros de visitantes para ver la muralla, que se abrirán, nos dicen, para este verano. Esto va a ser como un parque de atracciones, ya han instalado un trenecito y un funicular que te sube hasta uno de los torreones, así recorres la muralla bajando y los abuelitos y los niños se cansan menos. Hay que pensar en todos.
    Pasamos cerca de un cementerio. En China incineran a la gente y en los cementerios entierran las cenizas.
    Yu nos deja en el hotel y en cuarenta y cinco minutos estamos en la calle de nuevo, rumbo a una cena de pato laqueado. Está vez se trata de un restaurante en el que los únicos occidentales somos nosotros. Nos llenan la mesa de comida y el pato es el broche final, el cocinero sale para trocearlo. Está genial con la piel churruscada y calentito. Para finalizar, una sopa y manzana como fruta. Nunca falta una sopa en ninguna comida china. Ya se sabe, tanto la sopa como el arroz ayudan a conseguir la sensación de hartazgo y no debes olvidar que la historia de China está llena de hambrunas. A las hambrunas deben que cocinen tanta variedad de platos: perros, gatos, escorpiones, babosas, tortugas, ranas, serpientes, saltamontes, en fin, casi todo lo que se pueda comer. Los perros se crían en granjas y los llaman perros de hierba, son de pelaje amarillento.
    Y esto no es nada comparado con el canibalismo desplegado en algunos pueblos durante la revolución cultural. En un pueblo se zamparon unos 500 disidentes con galas de gran festín. - Pásame un muslito de intelectual, Chin Chou, que está bien rico -.
    A la vuelta observamos mucha gente cerca de la carretera, Yu nos dice que son gente mayor que baila con abanicos.
    Después de descansar unos minutos, salimos de nuevo. Atravesamos el centro comercial que está enfrente de nuestro hotel hasta dar con la Estación Central. La entrada está restringida solo para los usuarios con billete y al entrar, las maletas son examinadas con rayos X y todo el mundo es grabado en video. A nosotros nos dejan entrar. También hay una sala vip, otra sala para discapacitados, etc. Todo muy moderno.
    Los alrededores de la estación están llenos de tiendas de comestibles. A estas horas, pocos transitan por la calle pero la suciedad del suelo delata la cantidad de gente que ha pasado por aquí a lo largo del día.
    En una pequeña librería, compramos unos cedés de música clásica china.
    (Temperaturas de hoy: T mín = 1 º C; T máx = 16º C. Humedad media = 23 %).

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