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República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

2 de abril, viernes

    Recuerdo cuando era pequeño, en el colegio Santa María de Portugalete, un hermano menesiano pasaba por las aulas todos los años con una hucha pidiendo para los chinitos. Eran finales de los sesenta y acababan de pasar la Gran Hambruna que se llevó a la tumba a treinta y seis millones de chinos. Eso ha quedado ya muy lejos, ahora todos piensan en ahorrar lo suficiente para comprarse un coche y llevar a sus hijos a la universidad. Están haciendo tambalearse al mundo, el acero ha encarecido su precio un treinta por ciento debido a la demanda de China y es difícil encontrar fletes, China los acapara. Se dice también que puede haber problemas de abastecimiento de petróleo debido al incremento de consumo de China. Y esto es solo el comienzo.
Plaza de Tiananmem
    Yu y el chofer nos recogen a las nueve para visitar la Ciudad Prohibida, que se encuentra a menos de tres kilómetros del hotel Beijing International. Yu nos cuenta que su nombre significa universo, pero como todas las palabras chinas, el sonido Yu tiene cuatro tonos, el suyo es el tercero, el primero significa tontería y el cuarto, pescado. Se ríe las muelas mientras nos confiesa que nosotros siempre le llamamos pescado.
    La plaza de Tiananmén y la Ciudad Prohibida están enfrentadas, separadas por la avenida Chang'an (Paz Eterna), de cuarenta y dos kilómetros de larga. Esta avenida fue testigo de las protestas de la plaza Tiananmén de 1989, donde murieron dos mil seiscientas personas según fuentes no oficiales de Cruz Roja. Es inútil preguntar a Yu su opinión sobre lo que pasó, es tema tabú; para él, el Gobierno hizo lo adecuado para mantener el orden. En esta avenida se celebran los grandes desfiles militares, como los anniversarios de la victoria china sobre los japoneses en la segunda guerra mundial o la fiesta nacional, el primero de octubre. Debido a su especial condición, los camiones y los vehículos de carga están prohibidos día y noche y no se permite ningún tipo de publicidad.
    La mañana es fresca y soleada, de cielo raso y limpio. En la plaza hay bastante turista nacional. El viento incrementa la sensación de frío. Muchos chinos no visten más que una chaqueta pero se ve que también hace frío para ellos, caminan encogidos.
    En esta plaza también se localiza el Congreso y el Mausoleo de Mao, donde hay una larga cola de bultos negros esperando para ver el cuerpo momificado del hombre que más sufrimiento ha causado a la nación china. Como podemos comprobar, aún es venerado por muchos.
    Para nosotros, la Ciudad Prohibida está abarrotada de gente, aunque Yu dice que no hay demasiada, que tendríamos que verla en verano, entonces sí que hay gente.
    Muchos edificios de la Ciudad Prohibida reflejan, mediante simbolismos, el poder que tuvieron los emperadores. Así, los edificios de doble tejado, el color amarillo de las tejas o los leones de la entrada, todo ello es símbolo del poder del emperador.
    También se repite mucho el número nueve: nueve ventanas, nueve vanos entre columnas, nueve animales mitológicos en los caballetes del tejado, etc. Antiguamente era el número de la buena suerte; actualmente es el ocho.
   Las grandes marmitas de hierro a los lados de los edificios no son decorativas sino que servían para algo más práctico: se llenaban de agua para sofocar los incendios, ya que todos los edificios son de madera. Esta peculiaridad de los edificios es lo que ha evitado que perduraran en el tiempo; muchos han sucumbido víctimas de incendios o simplemente se han podrido con el paso del tiempo.
    El emperador solía vivir con dos emperatrices y unas setenta concubinas. Eran atendidas por los eunucos, a los cuales se les cortaba el pene y los testículos para que no existiese dudas sobre la paternidad de los retoños. El sobrante lo llevaban siempre consigo, en una bolsita, para ser enterrados enteros cuando murieran.
   Fuera de los edificios hay algunas esculturas con significado propio: la grulla es el símbolo de la felicidad, la tortuga de la longevidad y el elefante simboliza la paz.
    El suelo de los pabellones es original y lo intentan preservar de diferentes formas, en la mayoría de ellos no permiten el acceso, se curiosean desde la puerta y en el museo nos calzamos unas zapatillas de tela sobre nuestros zapatos.
   Y como no, nunca falta una visita diaria a una tienda para turistas, en la de hoy venden perlas de río. El animal que las produce es como una almeja gigante, su carne no debe ser comestible porque la tiene en abundancia y seguro que de serlo valdría más que las perlas que contiene. Después de la obligada visita, Yu nos conduce a un típico comedero para turistas.
Pasillo decorado con pinturas
   Por la tarde paseamos por la orilla del lago artificial del Palacio de Verano de los emperadores.
   El Palacio de Verano es un enorme jardín que refleja el espíritu de los últimos años de la dinastía Qing (1644-1912). En su interior tiene un lago artificial, por el que en verano se puede pasear en barca, y una montaña en la que se ha erigido un templo. Entre el lago y la montaña hay varias construcciones imperiales, un largo pasillo de 728 m. decorado con miles de pinturas que reflejan escenas de la historia, la mitología y la poesía china. En uno de los extremos del pasillo hay un bello teatro, y en el otro, un Barco de Mármol.
    Después de un descanso de una hora en nuestro hotel, nos llevan a ver una actuación de acrobacias, de un nivel técnico similar al Circo del Sol, aunque con menos tecnología y música enlatada.
    Cenamos en el restaurante giratorio de nuestro hotel un buen bufé donde la gozamos, ya que la inmensa mayoría de los platos nos son desconocidos.
    Después, salimos a dar una vuelta y nos topamos con una casa de masajes. Son las once y nos asombra que esté abierto, nos reciben seis empleados de amplia sonrisa, haciendo dos filas. Uno de ellos nos conduce escaleras abajo hasta la recepción. Nadie sabe inglés. Nos enseñan la tabla de tarifas: la sesión mínima es de hora y media y cuesta ciento veinte yuanes, o sea, doce euros. A nosotros nos parece suficiente con una hora. Eso es más difícil de explicar por señas. Afortunadamente, un nariz alta ha terminado su sesión de masaje y pasa por la recepción a pagar. El hombre habla inglés y también chino mandarín, así que traduce nuestros deseos y aceptan. Será una hora. Nos asombra lo grande que es el lugar. Recorremos un largo pasillo. A ambos lados hay puertas abiertas donde se ven a tres o cuatro chinos, siempre hombres, sentados en butacas con las piernas desnudas por debajo de la rodilla apoyadas sobre un taburete acolchado. A su vera tienen alguna bebida y enfrente, la televisión encendida.
    Nos pasan a una habitación más pequeña con dos sillones y una mesita en el medio. Encienden la televisión y nos ofrecen el mando a distancia. Después de unos minutos aparecen los masajistas: una chica y un chico que parecen bastante jóvenes. El chico atiende a mi mujer y la chica a mí. Nos meten los pies en palanganas con agua muy caliente y nos preguntan si queremos que echen unos polvos al agua. No sé lo que contiene el sobre pero adelante. Después de secar nuestros pies empieza la manipulación que es algo más violenta de lo que esperaba. No se trata solo de masaje sino que de vez en cuando te golpean con el puño en las pantorrillas y en las corvas. En ocasiones el dolor está cerca. Inesperadamente, la hora se nos hace corta, de buena gana hubiera prolongado la sesión. Cuando salimos de la habitación nos conducen a otra sala acristalada cerca de la recepción, parece una peluquería, aquí nos dan un repaso a la espalda de propina, nos sentamos en un taburete y nos echan hacia delante sobre una repisa de la pared, con los brazos cruzados y la cabeza sobre ellos. Nos cubren la espalda con una sábana y unos buenos mozos nos masajean la espalda con garbo. Nos dejan como nuevos. A la salida, nos regalan... ¡unos calcetines!
    (Temperatura máxima y mínima de hoy: 11,6 ºC y 1 ºC. Humedad media = 26 %).

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