Otros viajes

República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

11 de abril, domingo

    Wong nos espera a las nueve para comenzar el recorrido guiado. Escuchar a este tipo es como oir una cinta grabada. Cuando le hacemos una pregunta, rara vez responde, hace como que no ha oído y sigue con su explicación exactamente donde lo había dejado. Se conoce el temario de memoria. Hay veces que pienso que sólo se sabe los sonidos, no el significado de lo que cuenta, pero no puede ser, su español es asombrosamente perfecto.
Templo del Buda de Jade
    Primera parada: el templo del Buda de Jade. Visita interesante, ya que hemos coincidido con la celebración del cumpleaños del Buda y hay un buen festejo montado, muchos seguidores vestidos con túnicas negras cantan oraciones mientras caminan en fila con velas entre sus manos. Wong nos instruye en más conceptos de las que somos capaces de asimilar y encima, de vez en cuando, nos examina. El Buda de Jade fue escondido tras la foto de Mao durante la revolución cultural. En un pispás nos cuenta también la vida del primer Buda: Siddharta Gautama Sakyamuni. La visita vale la pena.
    Una de las visiones más graciosas de Shanghai es ver en las calles principales la ropa secándose colgando de perchas sobre los cables de telefonía o electricidad, a pie de los rascacielos. Calzoncillos y bragas rozando las cabezas de los transeúntes.
    Oye, ¿esa señora no va en pijama por la calle? Pues sí, ¿qué pasa? Y va la mar de digna. Antiguamente, sólo la clase pudiente gastaba pijamas, así que ahora que se lo pueden permitir lo exhiben al pasear al perro o al hacer la compra en el súper.
    Ahora Wong nos conduce al Bund, el paseo del puerto. Aquí nos describe, uno por uno, los edificios neoclásicos que jalonan el paseo con detalles de sus inquilinos: compañías de seguros, embajadas, la española entre ellas, Hotel de la Paz, etc. Se lamenta de que todavía no haya barcos de lujo para transportar por el Huangpu a turistas tan honorables como nosotros.
    Visitamos el jardín Yu Yuan que perteneció a Pan Yunduan, quien tardó veinte años y gastó todos sus ahorros en construir este jardín para complacer a sus ancianos padres. El jardín está de bote en bote. Entre tanta gente es inevitable rozarse o caminar muy cerca de los demás; no pasa nada, se tolera sin ningún agobio, están acostumbrados al roce. Wong nos describe el jardín: “El artista ha mojado su sentimiento de paisaje para conseguir eco de belleza.” ¡Vaya frase! Me la apunto. ¡Qué nivel tiene este hombre! El jardín está lleno de símbolos. El dragón es una muletilla con multitud de significados, siempre positivos: la patria, el vigor masculino, el emperador, la buena cosecha, el dios del agua, etc. Fíjense que este dragón sólo tiene cuatro dedos, cinco hubieran supuesto un reto para el emperador, los dedos son como los galones en el ejército.
    Wong nos expone el ideario del Partido: "Para preparar a personas de talento, hay que educar a los niños con el amor a la patria, afecto al pueblo, entusiasmo por el trabajo, afición a la ciencia y a la tecnología y el cuidado de los bienes públicos". Lo suelta de carrerilla, sin titubear. Es un fenómeno.
    Nos llama la atención no ver perros por las calles. Wong nos lo explica: "En China está prohibido criar perros en las grandes ciudades. Sólo se puede hacer cuando se tiene un carnet que cuesta mucho conseguir. La razón es que se considera que los perros causan muchos problemas a los ciudadanos: ladridos nocturnos, excrementos y mordeduras que pueden transmitir la rabia".
    Ahora visitamos el Shanghai antiguo, una manzana de edificios antiguos abarrotada de gente. El edificio estrella parece la Casa del Té, rodeada por un estanque de hormigón. Se accede a él a través de un puente en zigzag. Así, si te persigue el demonio, no te alcanzará, ya que sólo es capaz de correr en línea recta ...
    Luego nos dejan en el mercadillo de ropa de imitación donde compramos algunas cosillas. A eso de las siete y media regresamos al hotel en taxi. Cuando llego al hotel en Shanghai siempre tengo la sensación de que estoy sucio, como si tuviera encima una delgada capa de polvo, ¿tendrá que ver con la contaminación o son figuraciones mías?
    Para relajarnos, nos dan un masaje de cuerpo entero en el hotel. Mi mujer sale con una sonrisa de oreja a oreja, como una rosa y yo...destrozado, mi masajista se ha ensañado con cada uno de mis músculos. Siempre al borde del dolor. No he dicho ni pío porque suponía que el masaje chino sería así. Luego piscina, yacusi y polvazo. ¡Esto es vida!

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