Los viajes de Mariano

República Popular China 2004

1 de abril, Pekín 8 de abril, Guilin, Hangzhou
2 de abril, Pekín9 de abril, Hangzhou, Suzhou
3 de abril, Pekín10 de abril, Suzhou, Shanghai
4 de abril, Pekín, Xian11 de abril, Shanghai
5 de abril, Xian12 de abril, Shanghai
6 de abril, Xian, Guilin13 de abril, Shanghai
7 de abril, GuilinHoteles del viaje

1 de abril, jueves

    China no es todavía un destino fácil para moverte por tu cuenta; a la dificultad, colosal, del idioma hay que añadir que, por ahora, sólo se alquilan coches a personas con permiso de conducir chino. Te queda la opción de alquilarlo con chofer, claro que entonces el gasto se dispara. El viaje ideal hubiera sido utilizar trenes y autobuses y, dentro de las ciudades, los taxis, que son muy baratos, pero viajar así requiere mayor tiempo del que disponemos, asi que optamos por lo más fácil: un viaje organizado con El Corte Inglés, que nos asegura su salida con un mínimo de dos personas y a la postre, ése será el número de viajeros: mi mujer y yo. El año pasado intentamos este viaje con otra agencia pero se canceló por la virulencia de la gripe asiática.
    Como nunca logro dormir en un avión de manera natural he decidido no sufrir y conseguirlo mediante la química; media pastilla de un hipnótico ha sido suficiente para que me quede traspuesto durante seis horas seguidas. Cuando despierto estamos a una hora del destino. Llego a Pekín fresco como una rosa.
    Aterrizamos con Air France a las ocho y media. Nos da la bienvenida Yu, nuestro guía. Habla muy bien español, lo aprendió aquí, en China, con un profesor peruano. Es un chaval joven, con gafas de cristal grueso, muy delgado y con cara de despistado. El tiempo es frío y soleado y Yu dice que hemos tenido suerte, en los días anteriores, han sufrido desagradables tormentas de arena procedentes del desierto del Gobi. Nos trasladan en un Audi 100 negro, un modelo ya antiguo pero suficientemente amplio y cómodo.
    Mi idea preconcebida de China se desmorona; la amplitud de las calles, el derroche de espacio y la altura de los bloques de viviendas me recuerda el centro de muchas ciudades estadounidenses. Me sorprende la calidad y cantidad de los coches que circulan: Volkswagen, Audi, Buick... Yu nos informa que en China fabrican el Audi A4 y el A6 y también otros automóviles bajo licencia de otras marcas, como Ford.
    En China ya hay cientos de empresas españolas instaladas, sin embargo, Yu conoce, sobre todo, las pioneras: Transportes Alsa, Chupa-Chups, Cola-Cao, leche Pascual y Pan Rico.
    Como no podemos tomar posesión de nuestra habitación de hotel hasta el mediodía, empezamos las visitas inmediatamente. En primer lugar, visitamos el templo de la Gran Campana. El templo se ha aprovechado para montar un museo de campanas antiguas y reúne más de cien grandes campanas de diferente tamaño y procedencia. La Gran Campana pesa cuarenta y cinco toneladas y tiene una altura de 6,75 m. Está soportada por columnas y vigas de madera. Encuentro el templo muy desangelado y poco cuidado. Somos sus únicos visitantes.
Interior del templo del Cielo
    Más interesante parece el templo del Cielo, única construcción redonda de China. Yu nos explica: "El templo se construyó entre 1406 y 1420 enteramente en madera en homenaje al dios de la agricultura. Aquí venía el emperador a rezar para que les concediera buenas cosechas. Se abrió al público en 1918 junto con todos los jardines. Las cuatro columnas interiores representan las cuatro estaciones del año. En China no contamos las estaciones como ustedes, para nosotros el equinoccio de primavera y de otoño y los solsticio de verano e invierno no representan los comienzos de las estaciones sino sus puntos medios. Para ustedes, la primavera comienza alrededor del veintiuno de marzo y para nosotros el cuatro de febrero. A que no lo sabían, ¿eh? Bueno, pues les voy a sorprender aún más: los doce pilares más pequeños del techo y las doce columnas del perímetro del templo indican los doce meses del año y también las doce horas en que antiguamente se dividía el día. Sí, antiguamente, el día empezaba a medianoche, como en Occidente, y se dividía en doce partes llamadas schi y cada parte era representada por un animal, por ejemplo, se decía la hora del mono entre las tres y las cinco actuales porque es cuando los monos están más activos, entre las cinco y las siete era la hora del gallo, porque es cuando regresan al corral, entre las siete y las nueve era la hora del perro, entre las nueve y las once, la hora del cerdo, que es cuando duermen a pierna suelta, y así hasta doce. Los colores tienen su simbología: el amarillo representa el poder, el emperador o la prosperidad, el azul del tejado significa el cielo, el rojo encarna la buena suerte y el verde, el pueblo. En Pekín decimos que cuantas más vueltas des alrededor del templo del Cielo, en cualquier sentido, más suerte tendrás. Pero sin abusar, no más de tres, que entonces no funciona".
    Cuando pregunto a Yu por Taiwán, nos suelta lo que parece una consigna del Partido: "Taiwán es una provincia china y debe seguir siéndolo."
    A la una llegamos al hotel, el Beijing International. Subimos al restaurante giratorio del último piso a tomar un variado bufé, mezcla de comida internacional y local.
    Nos retiramos a la habitación 1507 para dormir un par de horas que se convierten en cinco. Cuando despertamos son las siete y media y es de noche. En China se cena pronto, así que recorremos los cinco restaurantes del hotel. Todos tienen una pinta estupenda y me gustaría probarlos todos. Cenamos bien y barato en el japonés. La verdad es que comer en China es una gozada para los que disfrutamos con las novedades, cada plato es un descubrimiento y además, incluso los mejores restaurantes de los hoteles sirven comida a precio asequible, aunque hay excepciones.
    (Temperaturas máxima y mínima de hoy: 16º C y 3,5 º C. Humedad media = 26 %).

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