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Cerdeña 2009

27 de junio, Cagliari6 de julio, Alghero
28 de junio, Cagliari7 de julio, Grotta di Nettuno, Alghero
29 de junio, Portixeddu, Buggeru8 de julio, Sassari, Castelsardo, Arzachena
30 de junio, Portixeddu, Porto Flavia9 de julio, Coddu Vecchiu, Li Muri, Dorgali
1 de julio, Sa Mannau, Su Nuraxi, Barumini10 de julio, Orgosolo, Bari Sardo
2 de julio, Aruttas, Kabras11 de julio, Cardedu, Marina Bari
3 de julio, Tharros, oasi di Seu, Kabras12 de julio, Cala Porto
4 de julio, Santuario Santa Cristina, Marina Bossa13 de julio, Cagliari
5 de julio, Bosa, Saccargia, Bosa MarinaDatos económicos del viaje

30 de marzo, martes

    Nos levantamos temprano y antes de desayunar nos damos una vuelta por los alrededores del hotel para disfrutar de los primeros rayos de sol de la mañana. Tratamos de averiguar qué pez crían en la piscifactoría aledaña al hotel pero al preguntar a la chica de recepción se encoge de hombros.
    Llegamos a la mina Porto Flavia justo a tiempo para el recorrido guiado de las doce. Nos dan un capellino de papel, un casco de seguridad y una linterna y, para dentro. Quince visitantes: todos italianos, excepto nosotros dos.
Mina de Porto Flavia
    El guía nos cuenta que de estas minas se extraía plomo, zinc y plata. Hasta 1920, el mineral se transportaba tirando con bueyes desde las minas hasta la playa de Masua. Allí se llenaban las barcas y navegaban con el mineral hasta los grandes buques que esperaban en el puerto seguro de Carloforte, en la Isla de San Pedro. La carga se completaba por medio de cestas y mucha mano de obra.
    Al ingeniero Cesare Vecellio se le ocurrió un sistema muy ingenioso que ahorró mucho tiempo y esfuerzo: se perforaron dos galerías paralelas de 600 m., una debajo de la otra, conectadas por nueve grandes silos de sección horizontal 4 x 8 m. y altura 20 m. Desde la galería superior se alimentaba los silos que actuaban a modo de almacén. Cuando llegaba el barco, se abrían las compuertas de los silos y el mineral caía sobre los vagones que circulaban por la galería inferior, y que lo conducían hasta una ventana abierta en el acantilado. Finalmente, una cinta transportadora despachaba el material al barco. Con este sistema, se cargaba un barco en pocas horas cuando antes llevaba días.
    También nos relata cómo los propietarios de las minas esclavizaron a la población. La compañía minera era dueña de la tierra, las casas de los mineros y hasta de los comercios, con lo cual estaban completamente a su merced; y si te tocaba manejar la pesada taladradora pues te aguantabas y al de pocos meses tenían las articulaciones de las muñecas destrozadas y convertido en un lisiado, inservible para hacer vida normal. Las mujeres trabajaban acarreando los sacos por la mitad de dinero que los hombres. Para los cuarenta años no servían para nada, el estado de sus pulmones no les permitía seguir trabajando. Los niños tampoco estudiaban, no les interesaba a los patronos. Esta mina cerró en 1964.
    Pasamos por Iglesias y comemos una pasta rossa en el restaurante Villa di Chiesa.
    En vez de regresar al hotel por la costa, lo hacemos por el interior para visitar el templo de Antas. A pesar de llegar después de la hora de cierre nos dejan verlo. La forma actual del templo se debe a los romanos, y fue construido para honrar al dios local Sardus, hijo de Hércules.
    A las siete bajamos a la tranquila playa de Portixeddu para presenciar la puesta del sol. Para cenar, repetimos en el sencillo restaurante familiar que nos recomendó Azori: La Privilegiata de Burreggu.

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