Los viajes de Mariano

República Federal del Brasil 1999

11 de julio, Salvador de Bahía17 de julio, Río de Janeiro
12 de julio, Salvador de Bahía 18 de julio, Río de Janeiro
13 de julio, Salvador de Bahía 19 de agosto, Cataratas de Iguazu
14 de julio, Salvador de Bahía, Itaparica 20 de agosto, Cataratas de Iguazu
15 de julio, Río de Janeiro 21 de agosto, Sao Paulo
16 de julio, Río de Janeiro 22 de agosto, Mallorca

20 de julio, tercera feria

   Día de visita del lado argentino de las cataratas. Nos acompañan Blanca, Pilar y una pareja muy joven: él es mejicano y ella gallega, andarán por los veintipocos y a lo largo del día se cambiarán tres veces de ropa. Ya ves, unos tanto y otros tan poco. Mi tendencia a empacar poca ropa en los viajes hace que no disponga ni de un solo pantalón largo. Hace algo de frío y yo ando en pantalones cortos y camiseta. Los argentinos vienen de su invierno y por tanto bien abrigados, miran alucinados mis pies casi desnudos.
   Hacemos cola para embarcar en los botes que nos llevan a la Garganta del Diablo. Agua en el río, lluvia en el aire y humedad en el cuerpo. Gracias al fino plástico que compramos ayer en el Macuco Safari no siento el viento que sopla y no lo paso del todo mal. En esta época es conveniente traer al menos un jersey.
   Se mire por donde se mire, estas cataratas son impresionantes y muy fotogénicas. Los caminos a modo de miradores que te llevan de aquí para allá están bien llevados, te meten casi en el corazón mismo de las cataratas. Agua, agua y más agua por todas partes. Y unas ganas tremendas de mear...
   Comemos en el hotel y envuelto en el pareo de mi compañera tomamos el ómnibus a Fozz de Iguazu, ciudad de trescientos mil habitantes, tranquila y agradable por lo que se ve.
   Nos sorprende gratamente las pastelerías; están muy bien surtidas de magníficos pasteles y tartas. La gente viste de invierno, con guantes y hasta con bufanda. No es para tanto, caramba.
   Como devorador de fruta que somos compramos maracuyá, un mango, fruta del conde y un enorme aguacate para consumirlo en Mallorca.
   A las 6:20 es ya noche cerrada, volvemos al hotel. Al ómnibus se suben dos parejas de adolescentes argentinos dispuestos a pasar la noche de acampada dentro del parque. En la barrera de entrada, el guarda del parque los hace bajar, mañana a las ocho podrán entrar, ahora está cerrado.

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